Menu




Autor: | Editorial:



La vida.
Tu vida es diferente y, a la vez semejante, a las de los 34 mil millones de seres humanos que han existido en este planeta. Tú eres único. Dios no hace fotocopias. Y Dios te ha llamado a la vida para llenarte de su amor y abrirte a las inmensas posibilidades que te ofrece el amor. El amor es el principio y el fin de tu vida. Dios te creó por amor. Según san Agustín, en el preciso instante en que Dios creó nuestra alma, quiso que viéramos, como en un relámpago, un reflejo de su luz y sintiéramos como una chispita de su amor. Y esto nos llenó de tanta felicidad que, desde ese primer instante, siempre buscamos la felicidad. A veces, sin darnos cuenta que sólo podemos encontrarla en Dios. Algunos van por caminos equivocados, buscando la felicidad en las cosas y placeres de este mundo. Pero el mismo san Agustín, por propia experiencia, nos llama la atención y nos dice en las primeras palabras de su libro Confesiones: Nos hiciste, Señor, para Ti y nuestro corazón está insatisfecho hasta que descanse en Ti (Conf 1,1.1).

Está claro que fuera de Dios no podrás encontrar la felicidad que con tanto anhelo andas buscando. Eres demasiado grande como para que tu corazón se llene con las pequeñas cosas de este mundo. Sólo Dios puede calmar tu inmensa ansia de amar y ser amado.

Alguien ha dicho que hay que explorar nuevas playas, plantar árboles de esperanza, avanzar hacia el infinito y nunca instalarnos o desanimarnos o contentarnos con lo que tenemos. Siempre debemos aspirar a más, siempre más arriba, siempre adelante. En el camino de Dios nunca hay que decir: ¡Basta! Por eso, cada día, al amanecer, toma la vida con cariño entre tus manos y dite a ti mismo: Hoy comienzo una nueva vida. Hoy quiero amar con un nuevo amor a todos los que me rodean. Hoy extraigo todo el odio de mis venas y comienzo una nueva vida, procurando hacer felices a todos mis hermanos.

¡Cuánto vale sonreír a un anciano, orar por un agonizante, abrazar a un amigo o alegrar la vida de un niño, o de alguien que esté triste! ¡Cuánta alegría puedes repartir a tu alrededor! ¡Cuánto vale tu vida! Por eso, no te detengas en el camino de tu santificación y elevación espiritual. Sigue siempre adelante. No te estanques. No te canses de avanzar en el camino del amor. Vive con Dios y para Dios todos los instantes de tu vida. Y haz algo que valga la pena. Dale un sentido a tu vida, porque Dios te ha creado para algo. Y te ha dado una misión que no se la ha dado a ningún otro en el mundo. Tú vida debe ser semejante; pero, a la vez, diferente a la de todos los demás seres humanos que existen, han existido o existirán. Tu eres diferente y tienes una vocación especial. Vívela en plenitud. ¿No sabes cuál es tu misión y tu vocación en este mundo? Pregúntaselo a tu Padre Dios y te lo dirá, quizás sin palabras, poco a poco, pero verás que es una misión hermosa y que vale la pena dedicar a ella todas tus energías. Y, al final, serás feliz de haber cumplido fiel y plenamente la misión que Dios te ha encomendado en este mundo.


  • Vive el momento presente. Vivir es un privilegio.


  • ¿Estás preparado? Sé agradecido. La vida es bella.



  • Reportar anuncio inapropiado |

    Another one window

    Hello!