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Autor: | Editorial:



¿Qué dicen los siquiatras? Dios existe
¿QUÉ DICEN LOS SIQUIATRAS?

El famoso siquiatra austríaco Víctor Frankl (1905-1997), que, en las cámaras de gas de los campos nazis de exterminio, perdió a su esposa, a su padre, a su madre y a su hermano, y pudo sobrevivir él mismo a estos horrores, dice que el hombre es naturalmente religioso, es decir, que, en lo más profundo de su ser, hay un instinto religioso. Quien reprime este instinto natural de creer en Dios, sentirá un vacío existencial, que puede degenerar en una neurosis, por faltarle sentido a su vida.

Hoy, que está de moda en algunos ambientes ser agnóstico o ateo o, simplemente, vivir como si Dios no existiera, sería bueno que los siquiatras propaguen sus conclusiones sobre las frustraciones existenciales que esto trae consigo. Muchos no quieren creer en dogmas ni en verdades religiosas, pero sí creen fácilmente en toda clase de supersticiones y de ideas peregrinas de cualquier moderno científico. Por eso, decía Chesterton, el gran convertido inglés: La desgracia del hombre de hoy no es no creer en nada; sino, todo lo contrario, creérselo todo.

Hoy, más que nunca, los consultorios de adivinos y magos o curanderos, están llenos de clientes que dicen no creer en Dios o no practicar su fe. Prefieren ir al siquiatra que a la iglesia. Y muchos siquiatras ya les han recomendado que deberían ir al sacerdote a liberarse de sus pecados y a reconciliarse con Dios, antes que a sus consultorios.

Decía el gran siquiatra J.G. Jung después de una larga experiencia: De todos mis pacientes, que han rebasado la mitad de la vida, es decir, los treinta y cinco años de edad, no hay uno cuyo supremo problema no sea el religioso. En último término están enfermos por haber perdido aquello que la religiosidad viva ha podido dar en todos los tiempos a sus seguidores, y ninguno ha sanado si no ha podido recobrar sus convicciones religiosas 3.

Víctor Frankl decía: La conciencia es la voz de la transcendencia… El hombre irreligioso considera la conciencia como algo detrás de lo cual no hay nada más. Pero la conciencia no es la última instancia, sino la penúltima… El hombre irreligioso llegó sólo a la cumbre secundaria… La verdadera cumbre está oculta a su vista, está velada por la niebla y él no se atreve a entrar en esta niebla, en esta inseguridad. A ello se atreve tan sólo el hombre religioso. Se necesita mucho valor para hacer profesión de lo que se ha reconocido como verdadero y también se necesita mucha humildad para llamarlo con aquella palabra con la cual los hombres lo llaman desde milenios: con la sencilla palabra Dios 4

Frankl refuta a Freud, que decía que la religión era una neurosis obsesiva general. Él dice: Casi estamos dispuestos a invertir la frase y decir: La neurosis obsesiva es la religiosidad síquicamente enferma. Quien reprime al ángel dentro de sí, hace que éste degenere en demonio. Pero ¿acaso no hemos visto en el sector cultural, o sea, no sólo en la esfera individual, sino también en la social, que la fe reprimida degenera en superstición? 5Sí, la fe reprimida degenera en superstición. Por eso, se cree hoy en tantas supersticiones. No creen en Dios, pero sí en todos los astrólogos y profetas modernos.

El mismo Frankl decía: El que no cree en Dios, es capaz de creer en cualquier cosa. Los clientes de los siquiatras no sufren hoy tanto de complejos de inferioridad o de otros complejos, sino, sobre todo, de falta de sentido de la vida, tienen un vacío existencial profundo. Las personas que se alejan de Dios y de la religión, buscan con particular ahínco el placer y las diversiones, porque su vida ha quedado vacía y sin sentido6

Y dice que esto es especialmente claro entre los alcohólicos y drogadictos y, más aún, entre los delincuentes y asesinos. Y añade: Lo que he dicho de la delincuencia puede aplicarse también a la sexualidad. Sólo en un vacío existencial prolifera la libido sexual. Esta hipertrofia de vacío, aumenta la disposición a las reacciones sexuales neuróticas7.

Para Víctor Frankl los pacientes se curan, cuando encuentran un sentido a su vida. Él llama logoterapia a este método curativo. Un principio de la logoterapia es vivir como si estuviésemos viviendo por segunda vez y como si la primera vez hubiéramos obrado tan desacertadamente como estamos a punto de hacerlo ahora.

El tener una razón para vivir, dedicándose a un trabajo honrado, a la familia, a ayudar a los demás, puede hacer superar muchas de las enfermedades sicológicas. Pero para llenar nuestra vida de plenitud de sentido, siempre será necesaria la creencia en Dios, que nos ama y nos espera. Esto quiere decir que el amar a Dios en los demás o amar a los demás por Dios, es una gran fuente de alegría y de sentido para vivir. Vale la pena vivir para hacer felices a los demás.

Alfred Adler, el fundador de la Sicología individual, afirma que todas las enfermedades síquicas, de alguna manera, tienen una base en el egocentrismo de la persona y que hay que enseñar al enfermo a abrirse a los demás para curarlo. Dice que el peor daño que se puede hacer a un niño es educarlo excesivamente mimado, pues esperará y exigirá todo de los demás sin dar nada a cambio.

Dice: La obligación de la madre es hacer del niño lo antes posible un colaborador, un hombre humanitario, que ayude al prójimo de buena gana y permita que el prójimo le ayude, cuando sus fuerzas no le bastan8.

He descrito al niño mimado como un parásito, que tiende de continuo a vivir a expensas de los demás. Si esta tendencia informa el estilo de vida, fácilmente se comprenderá que, en su mayoría, estas personas se considerarán acreedoras al rendimiento de los demás, trátese de caricias o de bienes, de trabajo material o intelectual 9. Y ello los hace seres humanos sin personalidad y sin espíritu de lucha. ¿Qué ha pasado con aquellos hombres que no han contribuido en nada al bienestar de los demás hombres? La contestación es: Han desaparecido hasta en sus últimos vestigios. Nada ha quedado de ellos, se han extinguido somática y espiritualmente; se los ha tragado la tierra… Aquí tropezamos con una ley secreta, como si el Cosmos les ordenara: ¡Desapareced! ¡No habéis comprendido el sentido de la vida y no hay para vosotros porvenir10!


En una palabra, lo que quiere decir es que los egoístas, que sólo buscan su propio placer y su propio interés, están vacíos por dentro y su alma está insatisfecha. Por eso, buscarán en el placer llenar ese vacío y esa insatisfacción personal, terminando en seres inútiles, que pueden fácilmente degenerar, como decía Víctor Frankl, en alcohólicos, drogadictos, delincuentes, neuróticos sexuales…

En conclusión, los mismos siquiatras nos están diciendo que debemos dar sentido a nuestra vida en Dios, y que reprimir la fe en Dios trae malas consecuencias. Y, si creemos en Dios, debemos amar también a los demás y ser colaboradores en la construcción de un mundo mejor, más humano y más feliz. Amar a Dios va unido a amar a los demás.


DIOS EXISTE

Felizmente, la inmensa mayoría de la humanidad ha creído siempre en Dios. Para los creyentes, la vida tiene sentido en Dios y vale la pena vivir bien en esta vida para ser felices eternamente. Dios es un Padre amoroso, que nos pedirá cuentas de nuestra vida, lo cual nos impulsa a vivir con seriedad y responsabilidad cada momento. Pensar que hay un cielo y un más allá de la muerte, nos estimula a vivir con amor de cara a la eternidad, que nos espera.

Pascal decía: Prefiero equivocarme, creyendo en un Dios que no existe, que equivocarme no creyendo en un Dios que sí existe. Si después de la muerte no hay nada, evidentemente nunca lo sabré, cuando me hunda en la nada eterna. Pero, si hay Alguien, tendré que darle cuenta de mi actitud de rechazo y habré perdido mi vida. O Dios existe o no existe. O existe el más allá o no existe. Tienes que apostar por una de ambas opciones. No puedes permanecer indeciso. Si no quieres apostar, ya estás apostando por el No. Piénsalo bien. Si pierdes (porque Dios no existe), no pierdes nada; pero, si ganas (porque Dios sí existe), lo ganas todo: una eternidad feliz.

Por ello, está bien que te preocupes por las cosas de la vida diaria, pero debes pensar que son pequeñas cosas comparadas con todo lo que te aguarda después de la muerte, por los siglos de los siglos. Debes pensar en la eternidad y vivir bien, pues tu felicidad o infelicidad eterna dependerá de tu vida presente. Aquí vas a vivir pocos años, allá eternamente… ¿Puede haber algo más importante que pensar en lo que será toda tu eternidad? ¿Acaso te da lo mismo ser feliz o infeliz eternamente?

Ludwig Wittgenstein, quizás el mejor pensador del siglo XX, decía: El sentido de la vida se llama Dios. Albert Einstein, el famoso físico de la teoría de la relatividad, afirmaba: Un hombre, que ha encontrado respuesta al sentido de su vida, es un hombre religioso. Sí, sólo en Dios la vida tiene un sentido pleno. Un ateo, humanamente hablando, puede vivir y trabajar para conseguir algunas metas, quizás para ser famoso o ayudar a su familia o tener mucho dinero; pero, sin Dios, estará vacío por dentro y le faltará la verdadera felicidad, que sólo Dios puede dar.

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