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Autor: | Editorial:



Llamados a la santidad. Almas heróicas.

LLAMADOS A LA SANTIDAD

Tú estás llamado a la santidad. Emprende este camino con entusiasmo. Fomenta tu amistad con Jesús con mucha oración y muchas visitas a Jesús sacramentado. Y, pase lo que pase, no temas. Dite a ti mismo: "Aunque pase por un valle de tinieblas, no temeré mal alguno, porque Tú (Señor) estás conmigo" (Sal 23,4). Y Jesús te dice, como a Pablo: "No tengas miedo, porque nadie intentará hacerte daño" (Hech 18,9-10). Con esta seguridad, puedes comenzar tu camino hacia la cumbre. Jesús es tu amigo y te acompaña, su ángel te protege y María te lleva en su corazón.

Ahora, te daré algunos consejos para el camino de tu vida. Se los decía Jesús a Gabrielle Bossis (1874-1950), gran mística francesa, pero te los dice también a ti. Están entresacados de sus escritos, que ya llevan la Edición Nº 50 y llevan por título "Él y yo".

"Nada es pequeño para Mí. Hasta los más pequeños detalles de tu vida me interesan. Nada ocurre por casualidad. Yo tengo cuidado de ti en cada momento. Piensa en Mí y no pierdas el tiempo. No olvides que cada acontecimiento de tu vida es permitido por Mí para tu bien. Pon atención a los pequeños detalles y sé amable con todos. No pierdas ninguna oportunidad de ser amable y hacer el bien a los demás. Sonríe a todo el mundo y yo haré de tu sonrisa una bendición para los demás.

Cada día al levantarte, dame los "Buenos días" y agradéceme por cada instante. Ofréceme cada respiración y latido de tu corazón, cada mirada... y también todas las misas y comuniones recibidas. Todo es un regalo de mi bondad. Yo te he estado esperando toda la noche en la Eucaristía. Yo guío tu vida. Abandónate a Mí. Te necesito y te amo, como si fueras la única persona que existiera en el mundo. Vive sólo para Mí. El tiempo es demasiado corto para salvar almas. Confía siempre en Mí. No podría recibir mayor insulto y sufrimiento de tu parte que dudar de mi amor. Tu confianza puede conseguir cualquier cosa de mi Corazón, pero procura agradarme en todo y hacer tu morada en mi Corazón.

Aleja los pensamientos inútiles y todo lo que te distraiga de mi amor. El amor es lo que da sentido a todas tus acciones. Por eso, haz todas las cosas conmigo y para mí. Nada sin mí. Y mira todas las cosas con una perspectiva de eternidad. Dame tus sufrimientos con amor. Nadie me los puede dar en el cielo. Ama tu apariencia, porque yo te la di. Ofrécete a mí tal como eres. Sé sencilla conmigo. Háblame de tus cosas. Todo me interesa. ¿No entiendes que tu razón de existir es ser UNO conmigo? Ser UNO conmigo en cada momento de tu vida. Vivir conmigo y en Mí. Has nacido para ser UNO conmigo.

Pídeme todo lo que necesites. Para mí es una fiesta, cuando me pides algo y puedo sentir la alegría de dártelo. Pídeme la gracia de la santidad. Yo puedo santificarte en un momento. No te angusties, confía en mi amor y en mi poder. Yo cuido de ti. Yo vivo en ti y tú en Mí y formamos una UNIDAD... para siempre".

i>¿Estás dispuesto a emprender el camino de la santidad y a luchar con todas tus fuerzas contra el mal y contra el maligno?



ALMAS HERÓICAS

Tú estás llamado a ser soldado de Cristo y pelear con valor en la gran batalla de la vida. Nunca te desanimes en esta lucha, nunca digas que el diablo no existe o que lo has vencido definitivamente. No menosprecies su poder. No te creas vencedor, no dejes la oración ni la penitencia. Él siempre está al acecho y espera el momento oportuno para lanzar el ataque. Pero no tengas miedo y confía en Dios. Dios está contigo y con Él la victoria está asegurada. “Si Dios está con nosotros, ¿quién contra nosotros?” (Rom 8,31).

Dime, ¿estás confirmado? Por la confirmación te haces soldado de Cristo. Si no lo estás, debes recibir este sacramento cuanto antes. Es imprescindible para tu vida espiritual. Los no confirmados son como niños ante la batalla espiritual de la vida. Serán derrotados con facilidad. Tú debes defender tu fe y la de los tuyos, inscribiéndote en el “ejército de Cristo” por la confirmación y luchar con denuedo contra los ejércitos del mal. Tienes derecho y obligación, como cristiano confirmado, de luchar contra Satanás y sus legiones. Y no olvides que el diablo no duerme ni toma vacaciones. No bajes nunca la guardia y defiéndete con las armas de Dios y, al igual que David, vencerás al gigante del reino de las tinieblas. Todos los días, con un crucifijo bendecido, echa la bendición sobre tu casa y tus seres queridos, desinfecta los lugares donde vives con agua bendita. Y, cuando haya problemas especialmente graves, en tu familia, en tu trabajo, etc., organiza cadenas de oración y ayuno entre tus amigos, familiares y conocidos.

¿No querrías ser tú de esas almas heróicas que se han consagrado al Señor para salvar a los pecadores? Estas personas ofrecen su vida y sus sufrimientos por la salvación del mundo. Son almas enteramente disponibles para cumplir en ellas la voluntad de Dios. Quieren arrancar a los pecadores de las garras de Satanás para devolvérselas a Dios. Pero ello no es posible sin amor y sin dolor. Algunos las llaman almas víctimas. Ellas son verdaderas maravillas de Dios, joyas de su amor, perlas preciosas, flores hermosas de su jardín. Son hostias inmaculadas y puras, como lo han sido todos los santos.

Le decía Jesús a la Vble. Josefa Menéndez el 3-3-1923: “Mi corazón busca almas víctimas que conquisten el mundo por el amor... ¡Cuántos pecados se cometen! ¡Cuántas almas se pierden! ¡Muchas almas corren a su perdición y mi sangre es inútil para ellas! Las almas, que aman y se inmolan como víctimas, atraen la misericordia de Dios y salvan al mundo” (25-2-1922).

Santa Teresita del Niño Jesús decía: “Ofrezcamos nuestros sufrimientos a Jesús para salvar almas. Pobres almas... Jesús quiere hacer depender su salvación de un suspiro de nuestro corazón ¡Qué misterio! No rehusemos nada a Jesús” (Carta 61). “No perdamos las pruebas que nos envía, son una mina de oro sin explotar” (Carta 59). Por eso, debemos tomar partido en esta lucha permamente contra el mal y contribuir con nuestro granito de arena en la construcción de un mundo mejor. Ofrezcamos con amor nuestros sufrimientos por la salvación de los pecadores. No olvidemos las palabras de Nuestra Madre en Fátima, el 13 de agosto de 1917: “Orad y haced sacrificios por los pecadores, porque hay muchas almas que van al infierno, porque no hay quien se sacrifique ni ore por ellas”.

¿Qué haces por la salvación de tus hermanos?

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