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Nuncio y embajador de Yamaguchi
El daimyo Yoshitaka parece haber olvidado la mala impresión que le causaron ciertos pasajes de la lectura del hermano Fernández y ha recibido amablemente a los extranjeros. Es muy posible que esta actitud se deba a los buenos oficios del secretario Naito.
Francisco ha mostrado las cartas en pergamino que trae del obispo y del gobernador de Goa que le acreditan como nuncio del Papa y embajador del rey de Portugal. Estos documentos han sido debidamente mirados y admirados por el daimyo Yoshitaka y sus cortesanos. Ninguno de ellos puede leer lo que en las cartas está escrito, pero su belleza habla de excelentes calígrafos y de hábiles miniaturistas y ya sólo eso da prueba de cuán sabios, poderosos y refinados deben de ser los magnates que cuentan con tan capacitados artistas.

Ante los ojos asombrados de Yoshitaka y sus gentes los visitantes han ido presentando los regalos que ofrecen al daimyo: un reloj que marca las horas del día y de la noche, cuyo artificioso engranaje ha dejado muy sorprendidos a todos, que nunca habían visto nada parecido; otro reloj-carillón que, sin necesidad de ser tañido, da todos los trece sonidos del koto, clavicordio japonés; una espingarda de tres cañones, artísticamente trabajada; un par de anteojos con los que un anciano puede ver con tanta claridad como un joven; dos catalejos con los que se pueden distinguir objetos lejanos con toda exactitud; piezas de costosos paños y brocados de Portugal; hermosos cristales tallados; un precioso servicio de te; libros, cuadros y algunas otras cosas.

De esta primera entrevista con Yoshitaka ha salido Francisco muy satisfecho y también de todo lo sucedido en las semanas siguientes a esta recepción; se lo cuenta en una larga carta a sus compañeros de Europa: “... Le gustaron mucho tanto los presentes como las cartas. Ofreciónos muchas cosas, mas no quisimos aceptar ninguna, aunque nos daba mucho oro y plata. Nosotros entonces le pedimos que, si alguna merced nos quería hacer, que nosotros no queríamos otra de él, sino que nos diese licencia para predicar la ley de Dios en sus tierras, y para que los que quisiesen tomarla, la tomasen. Él nos dio esta licencia y mandó poner escritos por las calles de la ciudad.”

Poco más adelante cuenta: “... Nos dio un monasterio... para estarnos en él. Estando en este monasterio, venían muchas personas a oír la predicación de la ley de Dios, que ordinariamente predicábamos cada día dos veces. Al cabo de la predicación siempre había debates que duraban mucho. Continuadamente estábamos ocupados en responder a las preguntas... Venían a estas predicaciones muchos bonzos y bonzas y otra mucha gente; casi siempre estaba la casa llena, y muchas veces no cabían en ella. Fueron tantas las preguntas que nos hicieron, que por las respuestas que les dábamos conocían que las leyes en que creían eran falsas y la de Dios verdadera. Perseveraron muchos días en estas preguntas y debates; y después de pasados muchos días, comenzaron a hacerse cristianos; y los primeros que se hicieron fueron aquellos que más enemigos nuestros se mostraron, así en las predicaciones como en los debates...; y después de hechos cristianos eran tan amigos nuestros que no lo podría acabar de escribir... Nos declaraban muy fielmente todo aquello que tienen los gentiles en sus leyes... Después de tener verdadera noticia de lo que tienen ellos en sus leyes, buscamos razones para probar ser falsas, de manera que cada día les hacíamos nosotros preguntas sobre sus leyes y argumentos.. ellos no sabían responder, así los bonzos como las bonzas... Los cristianos, como veían que los bonzos no sabían responder..., crecían cada día en tener más fe en Dios; y los que eran gentiles, que estaban presentes en los debates, perdían el crédito de las sectas erróneas en que creían.

“Esto les pesaba mucho a los bonzos, viendo que muchos se hacían cristianos;... reprendían a los que se hacían cristianos diciéndoles que cómo dejaban las leyes que ellos tenían y tomaban la de Dios. Respondíanles los cristianos, era por parecerles que la ley de Dios es más llegada a razón que sus leyes; y también porque veían que nosotros respondíamos a las preguntas que nos hacían y ellos no sabían responder a las que nosotros les hacíamos contra sus leyes. Los japoneses en sus doctrinas no tienen ningún conocimiento de la creación del mundo, del sol, luna, estrellas, cielo, tierra y mar, y de todas las otras cosas. Paréceles a ellos que aquello no tiene principio. Lo que más les sorprendía era oírnos decir que las almas tenían un creador que las creaba.
“De esto se asombraban mucho todos, pareciéndoles que, pues en la doctrina de sus santos no hacían mención de este Creador, que no podía haber un creador de todas las cosas; y más, que si todas las cosas del mundo tuvieran principio, la gente de la China supiera esto... Tienen ellos para sí que los chinos son muy sabedores, así de las cosas del otro mundo como de la gobernación de la república.

“Son tan curiosos..., tan deseosos de saber, que nunca acaban de preguntar y hablar a los otros las cosas que les respondemos a sus preguntas. No sabían ellos que el mundo era redondo, ni sabían el curso del sol; preguntando ellos por estas cosas y por otras, como por los cometas, relámpagos, lluvia y nieve, a lo que respondiendo nosotros y declarándolas, quedaban muy contentos y satisfechos, teniéndonos por hombres doctos, lo que ayudó no poco para dar crédito a nuestras palabras... En el espacio de dos meses, después de muchas preguntas, se bautizaron quinientas personas, poco más o menos, y cada día se bautizan otras, por la gracia de Dios... Grande en extremo es el amor que nos tienen los que se hacen cristianos, y creed que son cristianos de verdad...
“Los bonzos están mal con nosotros... Andando el tiempo, comenzaron a faltarles las limosnas de sus devotos y ellos a padecer necesidades y deshonras... Paréceme que tarde seremos amigos...”


Sí, la amistad con los bonzos tardará en llegar. De momento se han convertido en enemigos acérrimos de los extranjeros, que les quitan adeptos y les privan de los donativos y prestigio que antes tenían...
Gran conmoción ha producido en la ciudad la conversión de un hombre que estudió en la gran universidad de Bandô y que es considerado como el hombre más erudito de Yamaguchi. Los cristianos se han alegrado mucho con esta conversión.
La joven comunidad cristiana de Yamaguchi llena de alegría el corazón de Francisco. Tienen todos tanto deseo de instruirse, tanto interés por todo lo que se refiere a la fe, muestran tanto amor a los misioneros que se la han traído, trabajan tanto por ganar para Cristo a sus familiares y amigos...

Cuatro meses lleva Francisco en Yamaguchi; las conversiones se suceden, pero no parece que el Espíritu haya destinado a este hombre para que pueda recrearse en la obra realizada, para que goce al recoger la cosecha. Su tarea, la tarea que el Señor le ha asignado, es la de trazar nuevas sendas, abrir surcos, derramar la semilla...
En agosto de 1551 ha llegado desde Bungo, en la costa noreste de Kyushu, un mensajero que trae dos cartas para el padre Francisco.

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