Menu




Autor: | Editorial:



Satisfacciones y disgustos
Micer Paulo, el buen micer Paulo, se ha encargado personalmente de la preparación de los tres japoneses para la recepción del bautismo. Y se apresura a informar a Francisco:

-Los tres han puesto mucho empeño en sus estudios, pero ha sido Anjiró el que verdaderamente ha hecho enormes progresos. En estos ocho meses ha aprendido a hablar, leer y escribir correctamente el portugués; y sabe de memoria el Evangelio de San Mateo. Ha traducido a su lengua mucha parte de la doctrina que habréis de enseñar a sus gentes del Japón. Este hombre creo yo que os ha sido enviado especialmente por Dios para esa nueva misión que os proponéis...

-También yo lo creo, micer Paulo.
-Los tres japoneses han hecho los ejercicios espirituales y me consta que con gran provecho.
Anjiró ha venido a enseñarle el resultado de sus trabajos de traducción de estos meses y Francisco tiene ocasión de admirar los pliegos y pliegos llenos de esta escritura perfectamente dibujada que le resulta absolutamente indescifrable.
-¿Qué significa esto? -ha preguntado señalando al azar cierto lugar en uno de los pliegos?
-Es el Padre Nuestro.
-Léelo.
De los labios de Anjiró han salido una serie de sonidos que a Francisco le han parecido rápidos, entrecortados y cantarines; y ha podido observar, una vez más, que la escritura japonesa está trazada en columnas verticales y paralelas que van desde lo alto de la página hasta el pie de la misma.

Ten ni mashimasu warera no Chichi yo,
negawakuna mina no tootomaren koto wo,
Mikuni no kitaran koto wo
mimune no ten ni okonawareru gotoku
chi nimo okonawaren koto wo.

Warera no nichiyoo no kate wo
konnichi warera ni atae tamae,
warera ga hito ni yurusu gotoku
warera no tsumi wo yurushi tamae,
warera wo kokoromi ni hikitamawazare,
warera wo aku yori sukui tamae.



-¿Por qué no escribís los japoneses al modo nuestro?
-¿Por qué, padre Francisco, no escribís más bien vosotros al modo nuestro? Pues así como el hombre tiene la cabeza en lo alto y los pies abajo, así también debería escribir derecho de arriba abajo, ¿no os parece?
El padre Francisco se ha limitado a sonreír ante esta explicación tan razonable.
El bautizo de Anjiró y sus dos compañeros ha resultado una ceremonia solemne y emotiva. Ha sido deseo de Anjiró recibir el nombre de Pablo, que es el del sacerdote que ha sido su amigo y maestro durante todos los meses de su preparación para este sacramento y que es también el nombre de este colegio de San Pablo en el que tan generosamente ha recibido albergue y enseñanza. Los otros dos japoneses, sus compañeros, han sido bautizados con los nombres de Antonio y Joane.

A la ceremonia religiosa ha seguido una comida en el colegio de San Pablo en honor de los nuevos cristianos. Durante esta celebración comparten mesa con Francisco varios sacerdotes de la Compañía llegados a Goa mientras él estaba en Basain asistiendo al fallecido gobernador. Entre estos nuevos compañeros está Antonio Gomes, al que ahora Francisco observa con un especial interés.
Antonio Gomes ha llegado a la India precedido de una fama de hombre de mundo, sabio teólogo y orador brillante. En Lisboa, Simón Rodrigues, que sigue siendo el superior provincial para todos estos territorios de la India, le nombró rector de este colegio de San Pablo. Durante los meses que lleva en Goa, Gomes ha revalidado su título de buen predicador capaz de conmover a sus auditorios hasta las lágrimas; en cambio como rector del colegio de San Pablo...

Micer Paulo le ha contado sus temores a Francisco en repetidas confidencias:
-No hace ningún caso de lo que le decimos y nosotros tenemos experiencia, después de pasar tantos años trabajando con estos muchachos. Quiere implantar aquí el mismo orden y disciplina que reinan en el colegio de Coimbra y no se da cuenta de que estas gentes son muy distintas de aquellas y aun muy distintas entre sí y que el clima es también muy diferente; y quiere castigar muy duramente a los alumnos que hablen en sus lenguas nativas, tan sólo portugues quiere oír en el colegio y uno de nuestros objetivos es que los muchachos no olviden sus lenguas de origen para que luego puedan volver a sus lugares y enseñar lo que aquí aprendieron. Ha amenazado a los maestros del colegio que no estén de acuerdo con sus órdenes con enviarlos a Portugal cargados de cadenas...

¡Enviar cargados de cadenas a Lisboa a sus hermanos de la Compañía que trabajan con él y eso sólo porque no están de acuerdo con los métodos nuevos que viene a implantar en este colegio!
Francisco sigue observando al rector Gomes, sentado frente a él. "Le falta humildad", reflexiona, "le falta humildad para aprender de los que conocen la India y sus especiales circunstancias mejor que él; y le falta amor, amor para comprender y soportar con paciencia lo que a él le parecen debilidades e imperfecciones de sus hermanos de la Compañía y de los alumnos del colegio, que son muchos de ellos paganos recién convertidos. ¡Enviar a Portugal cargados de cadenas a sus hermanos cuando Compañía de Jesús quiere decir Compañía de amor y de conformidad de ánimos..."

Ha pasado muchas horas de muchos días, mientras hace los preparativos de su viaje a Japón, sumido en la gran preocupación que le suponen la personalidad y el comportamiento de Antonio Gomes.
Por fín ha llegado a una decisión. Dispondrá que Antonio Gomes vaya a trabajar entre los portugueses de la fortaleza de Ormuz, donde hace mucha falta un buen predicador que mueva los ánimos de los allí residentes hacia un mejor comportamiento cristiano.

Tan pronto como se hace pública esta decisión del padre Francisco, se levanta un gran revuelo en toda Goa. Y el primero en alzarse airado contra ella es el propio Gomes. ¡Enviarle a él a una fortaleza perdida allá en el norte! Y visita a unos y a otros y expone su caso con tanta habilidad que consigue que se alce un clamor general en su favor y que hasta el propio obispo pida a Francisco que revoque su decisión. Y Francisco lo hace, a disgusto, pero lo hace para no causar más revuelo; aunque lo hace con la condición bien claramente expresada de que Antonio Gomes quedará como rector del colegio de San Pablo sólo hasta que de Lisboa o de Roma llegue otra decisión. Y Francisco se propone informar en cartas a Simón Rodrigues y a Ignacio de la necesidad de que se envíe al colegio un profeso suficientemente capacitado para ocupar este puesto. Mientras tanto, todos los hermanos que trabajan en la India quedarán bajo la obediencia de micer Paulo, Gomes incluido.

Antonio Gomes no ha aceptado de buen grado este reparto de atribuciones, pero ha decidido someterse..., al menos de momento. El padre Francisco está a punto de emprender un larguísimo viaje, del que sólo Dios sabe si volverá, y durante todo ese tiempo, él, Antonio Gomes, podrá maniobrar a su manera...
Francisco prosigue los preparativos de su viaje a Japón. Visitas a los amigos y conocidos, largas conversaciones con todos los de la Compañía que tiene cerca y cartas con instrucciones y consejos a los que están en lejanos puestos de misión. Y cartas también a Portugal y Roma para informar de cómo marchan los trabajos en esas tierras que caen bajo su jurisdicción como nuncio del Papa, como enviado del rey Juan III y como superior de la Compañía para todas las posesiones del imperio portugués y aún de más allá.

Y en una larguísima carta a Ignacio puede afirmar:
"...Te hago saber que Dios Nuestro Señor, por su infinita misericordia, tiene especial cuidado de todos estos tus mínimos hijos de la India en guardarlos de caer en pecados... Somos muchos, pasamos de treinta...
"...En todas partes de esta India, donde hay cristianos, hay padres de la Compañía. En Maluco hay cuatro; en Malaca, dos; en el cabo de Comorín, seis; en Quilón, dos; en Basain, dos.
"...Todos estos lugares están muy lejos de Goa: Maluco, más de mil leguas; Malaca, 500; el cabo de Comorín, 200; Quilón, 125; Basain, 60..., y donde están estas personas de la Compañía, ...por cuanto son personas de mucha edificación... no hago yo ninguna falta...

"Por estas causas... y por la mucha información que tengo de Japón, que es una isla que está cerca de la China, y porque son todos en Japón gentiles y no hay moros ni judíos, y es gente muy curiosa y deseosa de saber cosas nuevas, así de Dios como de otras cosas naturales, determiné de ir a esa tierra..., pareciéndome que entre tal gente se puede perpetuar por ellos mismos el fruto que... los de la Compañía hiciéremos...
"...Yo voy determinado de ir primeramente a donde está el rey, y después a las universidades donde hacen sus estudios..."

Y sigue y sigue contando detalles de las tareas que se realizan en cada lugar, de las personas que las desarrollan y de los proyectos que cree necesario iniciar en el próximo futuro para una más amplia y más profunda educación en la fe de los habitantes de estas regiones, así portugueses como indios.

Ya ha elegido al grupito de personas que llevará consigo. Cosme de Torres, sacerdote valenciano que ha entrado en la Compañía hace poco; el hermano Juan Fernández, cordobés, entrado en la Compañía en Lisboa; Pablo-Anjiró y sus dos compatriotas Antonio y Joane; y dos criados, el chino Manuel y el malabar Amador.
Otros muchos han querido añadirse a esta expedición, pero Francisco, al despedirse, les ha consolado diciéndoles:

-Tened paciencia. Tan pronto como lleguemos a Japón y veamos la disposición que hay en aquel país para recibir nuestra santa fe, os llamaremos para que acudáis a servir a Dios en aquellas tierras. Vosotros estad dispuestos porque quizá de aquí a dos años se podrá cumplir vuestro deseo...
Reportar anuncio inapropiado |

Another one window

Hello!