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Estratega y diplomático
En febrero de 1544 ya está de nuevo entregado a la faena de recorrer toda la zona de la Pesquería. Ha diseminado a sus gentes por los lugares que le parecen más adecuados y recomienza la labor de ir de un lugar a otro organizando, supervisando, corrigiendo. Hace moverse a sus colaboradores de aldea en aldea, busca e instruye canacapolas, contrata intérpretes. Uno de ellos le es especialmente querido; se trata del pequeño Mateo, un muchachito parava, que conoce bastante bien el portugués. Se lo asigna como compañero a Mansillas.

Como no puede estar todos los días en todas partes, ni entrevistarse con la frecuencia que desearía con todos sus colaboradores, cuando termina su propia agotadora jornada se sienta en el suelo, se coloca delante de un banquillo, a la manera que hacía cuando allá en Xavier jugaba al ajedrez con Gracieta, abre el pequeño cofre en el que guarda papel, tinta y plumas, y escribe... Escribe carta tras carta con instrucciones, ruegos, recomendaciones. Las misivas están fechadas en los distintos lugares desde donde él las escribe: Punicale, Manappad, Livar, Nar, Tuticorín, Virapandyanpatanam, otra vez Manappad y de nuevo Punicale; y están siendo enviadas a los diversos emplazamientos por donde se mueve Mansillas: Manappad, Punicale, Tuticorín, Punicale otra vez...

Van dirigidas a este su colaborador principal, aunque el contenido vaya dedicado y sea útil y necesario a todos los que trabajan en misionar por estos parajes, como, por ejemplo, a Juan de Artiaga, antiguo mozo de estribo de la reina y escudero de la casa real que durante un tiempo ha colaborado con Mansillas.
Y porque tiene a sus fuerzas distribuidas por todo el territorio se ha ocupado, como buen estratega, de contar con una red de comunicaciones que le permita estar siempre en contacto con los demás. Sus mensajes y los que le envían Mansillas y los otros van y vienen llevados unas veces por patamares, correos terrestres, y casi siempre por mar en tones o catures, las pequeñas embarcaciones costeras que los nativos hacen navegar a vela cuando los vientos son favorables y a remo cuando son contrarios o hay calmas.

En las cartas sabe ser, a la vez, cálido, claro y enérgico. Informa y ordena bien. Es buen estratega y buen diplomático. Son cualidades que le vienen de casta, lo lleva en la sangre; que no en vano es hijo de un embajador y nieto y hermano de capitanes.
Y escribe:
"Mucho me alegré con vuestras cartas... No os canséis porque más fruto hacéis del que pensáis, y si no hacéis todo lo que queréis, contentaos con lo que hacéis, pues la culpa no es vuestra..."
"A Mateo le diréis que sea buen hijo y que yo le seré buen padre; mirad mucho por él y decidle que los domingos hable bien alto lo que le digáis para qeu todos le oigan... ¡que hasta yo en Manappad le oiga!"
Esta es una chanza amistosa dedicada a Mateo que está en Punicale, a muchas leguas de distancia.

"A Juan de Artiaga no escribo porque esta carta es para los dos..."
"A las criaturas que nacen bautizaréis con mucha diligencia y a los niños enseñaréis como os tengo recomendado..."
"Dad siempre gracias a Dios porque os escogió para un oficio tan grande como éste que tenéis..."
"Mirad por vuestra salud, pues con ella tánto servís a nuestro Señor..."
"Ruégoos mucho que no os irritéis por ninguna cosa con esa gente tan trabajosa, y cuando os viéreis con muchas ocupaciones y que no podéis satisfacer a todas, consolaos haciendo lo que podéis; y dad muchas gracias al Señor que estáis en parte donde, aunque queráis estar ociosos, no os dejan las muchas ocupaciones que se os ofrecen, y todas del servicio del Señor Dios..."

"Estuve unos cuatro o cinco días con fiebre continua y dos veces me han sangrado; ahora me hallo mejor..."
"Con esta gente haced siempre cuanto pudiéreis por llevarla con mucha paciencia..."
"Mandadme mi cofrecillo con el primer tone que viniere..." El cofrecillo en el que guarda sus "tesoros": papel, plumas, tinta, las cartas que recibe y, entre ellas, la que es su mayor tesoro, la de Ignacio desde Roma, acompañada de pliegos de los otros amigos y de los que ha recortado las firmas para poder llevarlas siempre consigo.

"Hágoos saber que, con la ayuda del Señor Dios, me hallo muy bien; quiera Él, que me da salud, darme gracia para con ella servirle. Me habéis de hacer saber de continuo noticias vuestras y de los cristianos..."
"Mandadme el papel que quedó en la caja, que no tengo en qué escribiros..."

Ahora Francisco está en Punicale y Mansillas y los otros andan por Tuticorín.
"Aquí estoy entre esta gente solo, sin interprete. Antonio está enfermo en Manappad. Por aquí podréis ver la vida que llevo, y las exhortaciones que puedo hacer, que ni ellos me entienden ni menos les entiendo yo. Bautizo las criaturas que nacen y a los otros que hallo por bautizar; para eso no es menester intérprete. Los pobres sin intérprete me dan a entender sus necesidades, y yo, al verlos, sin intérprete, los entiendo; para las cosas más principales no tengo necesidad de intérprete..."

¡Soledad dolorosa del que se encuentra entre personas queridas con las que querría intensamente comunicarse y con las que solamente le es posible el pobre lenguaje de los gestos! ¡Y cuánto va ya sabiendo Francisco últimamente de esta gran pobreza que le hace sufrir tanto!
"Mucho deseo tengo de veros. Placerá a Dios que sea pronto, aunque cada día no dejo de veros en espíritu, lo que vosotros también hacéis, de manera que estamos presentes de continuo. Por amor de Dios que me escribáis noticias vuestras y de todos los cristianos, cómo os va, y escribid muy detalladamente..."
"Escribidme si los niños acuden a las oraciones y cuántos son los que las saben..."

"Ruégoos que a esa gente la tratéis con mucho amor; porque si el pueblo os ama, y está bien con vosotros, mucho servicio haréis a Dios. Sabed aliviar sus flaquezas con mucha paciencia, pensando que si ahora no son buenos, algún tiempo lo serán...

"En el Credo, cuando decís enaquvenum, en lugar de venum, diréis vichuam, porque venum quiere decir quiero, y vichuam, quiere decir creo. Es mejor decir yo creo en Dios, que no decir yo quiero a Dios. No diréis vao Pinale, porque quiere decir por fuerza y Cristo padeció por voluntad y no por fuerza".

Va aprendiendo el lenguaje y corrige y perfecciona sus propias traducciones.
"Tratad siempre con mucho amor a esta gente y haced obra en que de ella seáis amados..."
"A Mateo dadle todo lo necesario para su vestido y hacedle buena compañía para que no os deje... Tratadle con mucho amor, que así lo hacía yo cuando estaba conmigo, por amor que no me dejase..."

Amor, amor verdadero, amor profundo, esa es la clave para conquistar los corazones y abrirlos al conocimiento de la fe. Amor que es comprensión, servicio, interés y compromiso por el bienestar del otro. Francisco puede hablar de amor porque lo conoce bien. Ha sido muy querido desde que vio la luz primera en su hermosa tierra de Navarra. Supo del amor hondo y austero de su padre y del amor recio, autoritario y exigente de su madre, doña María; y del afecto brusco y juguetón de sus dos hermanos, Miguel y Juan; y del cariño doméstico y servicial de Pachica y Gracieta; y del afecto tranquilo e incondicional de tía Violante, y del amor fuerte, que protege y educa que le dedicó tío Miguel, el clérigo. Y se ha sentido amado desde siempre por Dios a través de la sonrisa amiga del Cristo de Xavier. ¡Y cómo sabe que le han querido y que le siguen queriendo Ignacio y Fabro, Laínez y Bobadilla y todos los otros! Ha sido a lo largo de toda su vida un gran inspirador de cariños, de amores limpios y sinceros. Se le ha querido por él. Tiene las cualidades y las características del gran amado y por ello del buen amador. Se le han concedido los dones que hacen amable, digno de ser amado, a un ser: tiene un físico hermoso y un alma sana, una mirada clara y la sonrisa fácil, un gesto siempre cordial y un ánimo siempre dispuesto a enfrentarse a la tarea con arrojo y gallardía. Y porque se ha sentido siempre bien amado ha aprendido a bien amar.

Tiene su amor todas las facetas distintas de los amores recibidos: es hondo y austero, recio, autoritario y exigente, brusco y jovial, doméstico y servicial.
Y ahora derrama todo el caudal de su afecto sobre estas gentes que el Señor le ha confiado. Y se identifica son sus problemas y le duelen sus desgracias y miserias y se indigna y se rebela contra las injusticias y atropellos que se cometen contra estos pobres paravas o contra los macuas o los careas, otros pueblos de esta costa a los que también ha llegado su dedicación y su cariño.
"Cuando vinieren de la pesca, visitaréis a los enfermos, haciendo a algunos niños decir las oraciones, como está en el recuerdo que os dí..."La pesca de las ostras perlíferas es un trabajo duro y peligroso. Los buceadores vuelven de la campaña, que dura varias semanas, siempre muy agotados y en muchos casos heridos y enfermos.

"... los agravios que hacen a esos cristianos, así los gentiles como los portugueses, no puedo dejar de sentirlos dentro, como es razón. Estoy ya tan acostumbrado a ver las ofensas que a estos cristianos se hacen y a no poderlos favorecer, que es una pena que llevo siempre conmigo..." Los rajás y los señores de los diferentes territorios en que hay cristianos no siempre toleran con facilidad y benevolencia la conversión de estas gentes a una nueva religión; y, en muchos casos, no porque sea una creencia que no comparten, sino porque el que se hayan hecho cristianos supone que han pasado de su jurisdicción a la de los portugueses, a los que consideran invasores.
Lleva ya mucho tiempo aquí y va conociendo el comportamiento de unos y otros.

Está descubriendo con dolorido asombro el revés de la trama, las actuaciones prepotentes y codiciosas de los funcionarios reales que oprimen y explotan a los nativos en lugar de ayudarles y protegerles. La espada de los capitanes y el trabajo de los empleados civiles portugueses, que deberían abrir camino y respaldar la labor de los evangelizadores, no hacen más que desacreditar el cristianismo ante los que sufren arbitrariedades y opresión a manos de los que se dicen cristianos.
Así que un buen día se sienta, abre su cofrecillo y escribe a Juan III de Portugal una carta en la que no se expresa el estratega ni el diplomático, sino el misionero cristiano que muestra la realidad cruda y dura para pedir que le ponga remedio aquel que debe y puede hacerlo.
“Señor:

“Bien deseo que vuestra alteza tenga presente... que Dios Nuestro Señor, prefiriéndolo a todos los príncipes cristianos, le ha concedido el imperio de las Indias para ver con qué fidelidad cumple el encargo que se le ha dado y con qué agradecimiento corresponde a los beneficios recibidos. Porque en esto no tanto miró el Señor a enriquecer el fisco de vuestra alteza... cuanto ofrecer benignamente a la virtud y religiosidad de vuestra alteza la oportunidad de distinguirse y mostrar su celo aplicando al trabajo apostólico activos misioneros que... traigan al conocimiento del Creador y Redentor del mundo a los infieles de estas regiones...”


Desde el primer párrafo sitúa al rey con claridad y valentía ante su responsabilidad delante de Dios.
“Una y otra vez ruego y suplico a vuestra alteza que quiera mirar por el servicio de Dios y por los intereses de la Iglesia... Para cumplir con mi oficio y descargar también yo mi conciencia... digo a vuestra alteza que se promueva nuestra santa fe; y que los que han sido agregados a la Iglesia no sean arrancados de ella y vuelvan a sus naturales supersticiones, ofendidos y aterrados por las muchas injurias y graves vejámenes que reciben de los ministros de vuestra alteza...”
Denuncia sin rodeos el daño que a los nuevos cristianos les causa el comportamiento rapaz de capitanes y funcionarios.

Y vuelve a insistir en la enorme responsabilidad del rey por el poco interés que muestra el castigar debidamente a los que están maltratando y escandalizando a estos recién convertidos, cuya fe es todavía tan vacilante.
“Pido a vuestra alteza... que recomiende a sus ministros de la India las cosas del servicio divino, no sólo por cartas; sino también aplicando justas penas a los que fueren negligentes en el cumplimiento de sus deberes y sancione sus recomendaciones con ejemplares castigos. Porque existe el peligro de que cuando Dios Nuestro Señor lo llame a juicio (y esto ha de suceder cuando menos se espera y ese juicio es absolutamente ineludible), tenga que oír de Dios: ‘¿Por qué no vigilaste a los que en la India recibían la autoridad de ti y eran súbditos tuyos y enemigos míos, cuando a esos mismos, si los hubieses hallado negligentes en la vigilancia y cuidado de los impuestos y del fisco los hubieses castigado severamente?’ Y no sé qué valor tendrá para excusar a vuestra alteza en aquel trance su respuesta: ‘Todos los años, al escribir allá, recomendaba las cosas de vuestro divino servicio’ Porque se le replicará inmediatamente: ‘A los que tomaban con indiferencia estos santos mandatos los dejabas impunes, cuando al mismo tiempo, a los que se mostraban poco fieles o diligentes en el gobierno de tus cosas, les aplicabas las debidas penas...”

A Portugal están llegando enormes riquezas desde este imperio de ultramar: perlas, oro, telas preciosas, porcelanas, nuez moscada, canela, pimienta, clavo...
“Reflexione bien vuestra alteza y haga exacta cuenta de todos los beneficios y bienes temporales que, por la gracia de Dios percibe de estas Indias. Separe de la suma total lo que en estas regiones emplea en servicio de Dios y bien de la religión. Y así, estableciendo un sereno cotejo entre los intereses de la corona real y los de Dios y su gloria, haga la repartición que el ánimo agradecido y religioso de vuestra alteza crea buena y equitativa, teniendo cuidado de que el Creador de todas las cosas, que tan pródigo se ha mostrado en concederos bienes, no parezca que recibe de vuestra alteza una remuneración escasa y parca.

“El amor verdadero que tengo a vuestra alteza me mueve a escribir esto, pues me imagino que de la India se elevan al cielo voces de queja porque vuestra alteza se muestra avaro con ella, ya que de los abundantes beneficios que de aquí van para enriquecer el real erario, sólo una partecita dedica vuestra alteza al remedio de las graves necesidades espirituales que hay en estos territorios...

Y puesto que al rey corresponde respaldar y financiar los viajes y la manutención de los misioneros...
“Ruego envíe vuestra alteza a estas partes muchos de la Compañía que basten no sólo para bautizar e instruir en la doctrina cristiana a tantas personas que se sienten movidas a abrazar la fe de Jesucristo, sino que sean tan numerosos que se puedan enviar a Malaca y regiones circunvecinas, donde son muchísimos los que se hacen cristianos”

Y termina la carta, después de una breve alusión de su presentida muerte en estos alejados lugares, volviendo a recordar al rey que un día habrá de dar cuenta de sus actuaciones.
“Pues espero exhalar el último suspiro en estas tierras de la India y ya no he de ver a vuestra alteza en este mundo, ruego me ayude con sus oraciones para que en la otra vida, con más descanso del que ahora tenemos, nos veamos. Pida a Dios Nuestro Señor por mí lo que yo pido para vuestra alteza: que en esta vida le de gracia para sentir y hacer lo que en la hora de la muerte desearía haber hecho”.

“Siervo de vuestra alteza,
Francisco de Xavier.”

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