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Autor: | Editorial:



En encuentro con los brahmanes
Prosigue el recorrido incesante de la costa desde Manappad hacia el norte y desde este mismo punto hacia el sur. Visita una y otra vez las cerca de treinta aldeas en que hay cristianos, sin detenerse de asiento en ninguna de ellas. Es la suya una vida de predicador itinerante a la manera de Jesús y de Pablo.

Muestras de su afecto van quedando regadas a su paso: aquí ha cocinado su arroz rodeado de un grupo de adolescentes y luego se ha sentado para compartir la cena con ellos; allí ha pasado la noche velando a un enfermo; un poco más allá ha bendecido a un grupito de niños que jugaban y, entrando en la ronda del juego, ha recitado y cantado para ellos hasta lograr, entre risas, que repitan sin vacilaciones el Ave María; y por toda la zona se comenta su gesto de haberse detenido durante una jornada para ayudar a retechar la choza de una pareja de ancianos.

-¿Por qué haces todo eso, padre Francisco? -ha preguntado Gaspar en un cierto momento. También los otros dos que colaboran con él se sienten llenos de un asombrado interés al ver las insólitas actividades del sacerdote blanco.
-Son mi gente, mi familia. Quiero servirles y ayudarles de la mejor manera que yo pueda. Les tengo cariño y espero que ellos lleguen a quererme también. Si lo consigo, nuestra relación será mucho más amistosa y aprenderán con más facilidad lo que quiero enseñarles.
Sí, estos tres le comprenden bien. Con ellos se comporta del mismo modo. Es para ellos un verdadero amigo que vela continuamente por su salud y comodidad, aunque se muestre muy exigente a la hora de pedirles su colaboración en el trabajo.

-Debemos emplearnos con toda nuestra capacidad en el servicio de Nuestro Señor. Yo sé que lo hacéis. El Señor os premiará por ello; y yo os agradezco de veras que permanezcáis conmigo. ¿Qué podría yo haber hecho, pobre de mí, en estas regiones sin vuestra ayuda?
La noticia del hecho extraordinario sucedido a la parturienta de Kombuturé ha corrido de boca en boca y se ha extendido por toda la costa con la velocidad del relámpago. Ahora están ya todos seguros de que el sacerdote blanco extranjero tiene poderes sobrenaturales y sobre Francisco llueven hasta agobiarle peticiones de que visite a los enfermos, de que rece por ellos...

"En este tiempo son tantos los que vienen a buscarme para que vaya a sus casas a rezar algunas oraciones sobre los enfermos... que como a todos no puedo satisfacer... mando a los muchachos que saben oraciones que vayan a la casa de los enfermos... y que reciten el Credo muchas veces y que le digan al enfermo que crea y sanará. De esta manera cumplo con todos y hago enseñar por las casas el Credo, los Mandamientos y las oraciones, y a los enfermos, por la fe de los de su casa, vecinos y suya propia, Dios Nuestro Señor les hace muchas mercedes, dándoles salud espiritual y corporal. Usa Dios de mucha misericordia con ellos, pues por las enfermedades los llama y casi por la fuerza los atrae a la fe..." , escribe a sus amigos.

Se repiten hechos portentosos que jalonan las andanzas de Francisco a lo largo de sus itinerarios por estas tierras; unas veces se producen directamente bajo su mano; otras, simplemente por la intervención de sus enviados. Se le atribuyen innumerables curaciones, se asegura que al conjuro de su palabra varios muertos han vuelto a vivir. Parece que fuera dejando a su paso un reguero de vida... La fama de taumaturgo le acompañará ya siempre desde ahora; y cada vez que el acontecimiento extraordinario se produce, se le oye repetir:

-Este es un pueblo niño que precisa de signos para creer; únicamente Dios puede hacer milagros. Agradezcamos su misericordia.
Y cuando a la noche se retira a un lugar apartado para recogerse en oración, plantea humildemente:
-Este es un pueblo niño, ¿y yo...? ¿Cómo soy yo, Señor? ¿No será que también yo necesito que confirmes mi fe con este trato de favor? Aumenta Tú mi fe, mi esperanza, mi confianza.
Y prolonga su plegaria durante horas.

Ha recorrido, paso a paso, toda la Pesquería y ha sido, a veces, tan enorme el número de conversiones que le ha ocurrido tener los brazos cansados de bautizar y la garganta sin voz de tanto repetir el Credo, los Mandamientos y las oraciones.
Toda esta actividad de Francisco y la aureola de hacedor de milagros que los aldeanos ven en él han llamado la atención de los brahmanes de la región. Francisco tuvo desde su llegada a la India deseo de entrar en contacto con ellos; ahora también los brahmanes se interesan por el extranjero que trabaja con los paravas y que está consiguiendo tantos seguidores entre estas gentes de las castas más inferiores.

Se le recibe en el gran monasterio de Tiruchendur, donde moran más de 200 brahmanes.
Es el encuentro de dos lenguas distintas, de dos culturas muy diferentes, de dos creencias religiosas, viejas de siglos, que buscan una identificación con el Ser Supremo por caminos muy diversos y que ahora se confrontan por primera vez. Lo hacen a través de intérpretes, no preparados especialmente para ello, que tropiezan con serias dificultades para trasladar de un idioma a otro conceptos y nombres que no tienen equivalentes exactos.

¿Qué pueden entender los brahmanes cuando Francisco trata de explicarles su idea del cielo o del infierno cuando ellos están firmemente convencidos de las sucesivas reencarnaciones de los seres hasta que alcanzan la suprema purificación y perfección? ¿Qué traducción exacta se les ha podido dar acerca de lo que la fe cristiana entiende por la Encarnación y la Redención cuando forman parte de sus creencias las múltiples apariciones de sus dioses en forma de hombres o animales para intervenir en la vida cotidiana de sus fieles? ¿Qué ha podido captar Francisco de la sincera creencia de los brahmanes en la reencarnación y en la justa separación de las castas? ¿Qué ha podido entender sobre lo que él ha supuesto adoración a ídolos y que según la pura ortodoxia es una veneración al ser supremo a través de diferentes representaciones hechas por mano de hombres en las que se incorpora la divinidad?

Seguramente el intercambio de conocimientos ha sido muy pobre, muy limitado, aunque algo se ha recibido por las dos partes. Los brahmanes admiten que las enseñanzas que Francisco les ha expuesto les parecen de lo más razonables...
Francisco ha descubierto que hay entre los brahmanes algunos que reconocen la existencia de un solo Dios y que conocen y guardan los Mandamientos y respetan el descanso dominical... "¿Reminiscencias quizá de la predicación del apóstol Santo Tomás por estas tierras?", se ha preguntado.

Y hay uno que llega a hacerse gran amigo suyo y le pide el bautismo, quiere ser cristiano oculto y conservar todas las apariencias y costumbres de su condición de brahmán, a lo que Francisco no se ha prestado. Abriga, sin embargo, la esperanza de que llegará un día en que se convierta sincera y totalmente.

Y ha encontrado otro, un joven brahmán, que se ha hecho cristiano y ha tomado por oficio enseñar la doctrina a los muchachos.
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