Menu




Autor: | Editorial:



Ejercicios espirituales
Todos habían hecho los Ejercicios Espirituales antes de la ceremonia del 15 de agosto en Montrmartre; todos... menos Francisco, que ha tenido que diferirlos hasta terminar sus compromisos docentes con sus alumnos del colegio Beauvais.

Ahora aprovecha las vacaciones de verano para encerrarse en una casa aislada y ponerse a solas con Dios. Ignacio le visita a diario para proponerle la materia de cada meditación.
-Los Ejercicios Espirituales, Francisco, se hacen para aprender a vencerse uno a sí mismo y para ordenar la propia vida sin determinarse por afección ninguna que desordenada sea.

"Mucho aprovecha entrar en ellos con grande ánimo y liberalidad con nuestro Creador y Señor, ofreciéndole todo nuestro querer y libertad para que Él haga de nuestra persona, así como de todo lo que somos y poseemos, conforme a su voluntad...
"Has de considerar que el hombre es creado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios y mediante esto salvar su alma; y las otras cosas sobre la haz de la Tierra son creadas para el hombre y para que le ayuden en la consecución del fin para el que ha sido creado".

Francisco se ha entregado a este trabajo de recogimiento interior en la presencia de Dios con el apasionado ardor que ha puesto siempre en las cosas que le interesan y que considera que merecen la pena. Y, como Ignacio le ha indicado al comienzo de estos días de retiro que es conveniente hacer alguna penitencia como castigo por los pecados pasados, por vencerse uno a sí mismo o para alcanzar una gracia que se desea obtener, ha hecho algo que está a punto de costarle muy caro. Porque es activo y le supone un sacrificio la inmovilidad y porque quizá le parece que cometió algún exceso al lucir y utilizar su cuerpo en los ejercicios y competiciones dominicales en los campos de la isla Notre-Dame, no se le ocurre nada mejor que atarse manos y piernas fuertemente con cordeles. Ha mantenido las ligaduras durante tanto tiempo que brazos y piernas han terminado por inflamarse; la carne hinchada y tumefacta ha recrecido por sobre los cordeles. Ha llegado a tener un brazo en estado tan grave que se ha temido que hubiera que amputarlo. Al fin, con ayuda de alguno de sus compañeros, se han podido cortar los cordeles, no sin producir algunos daños y, desde luego, agudos dolores.

Ha sido una imprudencia en la que Ignacio, que también cometió imprudencias parecidas en los momentos primeros de su conversión, se ha reconocido y que ha preferido pasar por alto, sin hacer sobre ella ningún comentario. Supone a Francisco suficientemente sensato como para sacar de la experiencia sus propias conclusiones... De modo que pasa, sin más, a exponerle el contenido de las meditaciones que corresponden a estos días:

-Ver a Cristo Nuestro Señor, Rey Eterno, que tiene delante de Él a todo el universo mundo y que llama a cada uno en particular; que te llama a ti, Francisco, de modo personal y te dice: "Mi voluntad es conquistar todo el mundo y así entrar en la gloria de mi Padre. Quien quisiera venir conmigo ha de vivir, comer y vestir como yo; ha de trabajar conmigo en el día y vigilar en la noche, porque así, habiéndome seguido en las fatigas, también me siga en la gloria..."

En los días siguientes Ignacio propone a Francisco la meditación de las dos banderas. La bandera de Cristo, capitán de los buenos, y la bandera del enemigo de natura humana, caudillo del mal.
-¿Bajo qué bandera querrías tú alistarte? Pídele a Nuestra Señora que te alcance gracia de su Hijo y Señor para que seas recibido debajo de su bandera...
Y la oración ferviente de Francisco vuela hacia la imagen pequeñita y amable de Santa María de Xavier, ante la que tantas tardes de su adolescencia cantó la Salve, para pedirle ahora su eficaz intercesión.

Y después, día a día, Ignacio propone al ejercitante el seguimiento de todas las circunstancias, hechos y palabras de la vida de Cristo, desde el nacimiento hasta la resurrección.

Y, por fín, la contemplación para alcanzar amor:
-Trae a tu memoria los beneficios recibidos de Dios: la creación, la redención y todos los dones especialísimos que te ha concedido a ti... Considera qué es lo que tú deberías por tu parte ofrecer y dar a Su Divina Majestad, es decir, todas tus cosas y a tí mismo con ellas, ya que todas de él las has recibido.

"Mira cómo Dios habita en las criaturas, en los elementos dando el ser, en las plantas vegetando, en los animales sensando, en los hombres dando a entender... Considera cómo Dios trabaja y labora por ti en todas las cosas creadas sobre la haz de la Tierra y en los Cielos, dando ser y conservando los elementos, los frutos, los ganados..., y todo en beneficio tuyo..."

Francisco ha salido de estos treinta días de retiro alegre, fuerte y decidido. Atrás han quedado ilusiones, proyectos y ambiciones de otros tiempos que han dejado de interesarle. Ha hecho de Cristo Crucificado su Rey y su Señor. A partir de este momento su vida será un continuo acto de amor y de servicio a Jesucristo el Salvador, modelo y guía.
Reportar anuncio inapropiado |

Another one window

Hello!