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Autor: | Editorial:



Años de incertidumbre
Mediados de junio de 1520. Ha venido Esteban de Zuasti y, como siempre, llega cargado de noticias que interesan que interesan enormemente a la familia.

Claro que lo primero que ha hecho, después de saludar a su dos tías, las señoras de la casa, y a Francés, ha sido preguntar por sus primos:
-¿No están aquí Miguel y Juan?
-Hace muchos meses que faltan de esta casa.
-¿Dónde andan?
Eso sólo Dios lo sabe -contesta doña María.

-¿Qué noticias hay de ellos?
-Muy pocas. Pasan semanas y semanas sin que nos lleguen noticias. De vez en cuando viene por aquí alguien que los menciona y casi siempre es para contar que ha oído decir que les han visto por aquí o por allá...
-Tendrías que llamarles, tía María, decirles que volvieran a casa...
-¡Qué más quisiera yo! ¡Lo que daría por tenerlos de nuevo aquí! Pero no sé dónde están... Ha pasado largo tiempo desde que por última vez nos llegó un mensaje escrito de Miguel. Lo trajo un antiguo criado de los Jaso. Nos dijo que venía de Lumbier y que mis hijos estaban allí con gentes del rey Juan. Miguel pedía más dineros... Ese loco está manteniendo una tropa de hombres a su costa, a nuestra costa... Y nosotros aquí trabajando sin descanso y pasando privaciones.

-Tendrían que volver, tendrían que abandonar esta campaña... -insiste una vez más Esteban.
-¡No pueden hacerlo, no lo harán, están defendiendo los derechos de nuestro rey! -protesta Francés.
-Los derechos del rey Juan están perdidos, perdidos para siempre.
-¡No digas eso! ¡Tú eres Navarro!
-Sí, lo soy, pero eso no me impide ver las cosas con claridad. Navarra nunca volverá a ser un reino independiente. Y si nos empeñamos en oponernos a las tropas del rey Carlos...
-El rey de Francia apoyará nuestros derechos -apunta tía Violante.

-Francisco I está resentido con el rey Carlos porque le ha ganado por la mano en los asuntos del imperio y también en Italia. Pero si el rey Francés se enfrenta a las tropas españolas no será para defender los derechos de nadie, lo hará en provecho propio... También él ambiciona Navarra.

-Si el rey de Francia y el de España se declaran una guerra, ¡nosotros seremos el campo de batalla...!
-Lo seremos. Estamos amenazados de guerras por todas partes.
-¡Malos tiempos nos ha tocado vivir! -comenta apesadumbrada tía Violante.
Y se produce un momento de silencio en el que cada uno permanece sumido en sus propios poco halagüeños pensamientos.
Al cabo, rompe la pausa doña María para preguntar:
-¿Qué sabes de lo que está pasando por ahí fuera? Cuenta, estamos aquí tan retirados y nos llegan tan pocas noticias...

-Seguramente sí sabéis que en junio del año pasado la Dieta de Frankfurt se decidió por el rey Carlos y le ofreció la corona del imperio. Parece que para ganar esta elección y pasar por encima de las aspiraciones e intrigas de Francisco I y EnriqueVIII, el rey castellano ha tenido que derrochar el dinero a manos llenas. Dinero que le ha prestado Jacobo Fugger, su banquero alemán, y dinero que tendrá que devolver pagando por él muy altos intereses... Durante todo el año pasado y lo que va de éste el rey ha recorrido estos reinos reuniendo Cortes: castellanas en Valladolid, aragonesas en Zaragoza, catalanas en Barcelona... A todas ha forzado a concederle enormes sumas de dinero. Y bien que le van a hacer falta todos esos cientos de miles de ducados... que se va a llevar fuera de España. Las gentes están descontentas por eso y también por otros muchos varios motivos.

"El mes pasado, el rey Carlos ha salido desde Barcelona para Flandes y Alemania. Se dice que quiere coronarse emperador el otoño próximo en Aquisgrán. Ha dejado como regente al que fue su preceptor, Adriano de Utrecht. Este hombre, que ni siquiera habla una palabra de castellano, se ha rodeado de cortesanos extranjeros, como él. Hombres todos de una rapacidad feroz. Por todas partes empiezan a alzarse protestas por las subidas de impuestos y por las arbitrariedades que se están cometiendo... Nada sería de extrañar que, ahora que el rey Carlos anda ocupado fuera de estos reinos en sus negocios imperiales, volvieran a producirse revueltas y levantamientos por doquier..."
-Y nosotros, ¿qué podemos hacer? -pregunta Francés.
-Pues mira, primo, yo creo que, al menos, nos queda ser prácticos y luchar del lado de los que tienen más probabilidades de ganar. ¿Sabes lo que he hecho yo? He aceptado un puesto de capitán en las tropas que el duque de Nájera está reclutando en Pamplona.

-¿Vas a servir a las órdenes del virrey castellano? -pregunta escandalizada tía Violante.
-El duque paga bien y yo necesito dinero. Bastante tiempo he pasado ya defendiendo los derechos del rey Juan sin recibir en todos estos años ni un florín...
-¿Y si el duque te envía a combatir contra tropas navarras? ¿Lucharás contra tu propia gente? -quiere saber Francés.
-No llegará ese caso.
-¿Y si llegase?
-Ya vería entonces lo que me convenía hacer; pero mientras tanto, yo vivo regaladamente en Pamplona cobrando un buen sueldo de capitán que el duque me paga.

-¿Cómo andan las cosas por Pamplona?
-De momento tranquilas, aunque siempre con el temor de un ataque por el norte apoyado por tropas francesas o de malas noticias que lleguen por el sur... Se sígue trabajando sin descanso en la construcción de la fortaleza, que va ya muy adelantada...
Gracias al expolio que se ha hecho en casas como la nuestra, de la que se han llevado las mejores vigas maestras, sin parar mientes en la ruína y el destrozo que eso ha dejado detrás -comenta rencorosamente doña María.
-Que eso es lo que se obtiene cuando se lucha en el bando perdedor -dice Esteban con cierta burlona acidez; y añade-: Por eso tú, Francés, ten bien presente en la memoria todo lo que habéis pasado y estáis pasando por las equivocadas andanzas de tus hermanos mayores; y cuando te llegue el momento de tomar partido, y te llegará muy pronto, porque estás creciendo mucho en estos últimos tiempos, y tendrás que ir a la guerra...

-¡Francés no irá nunca a la guerra! -ha asegurado tajante doña María.
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