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Autor: | Editorial:



Tiempos difíciles
A Francés le halaga que sus hermanos mayores le consideren capaz de ocupar el puesto de hombre de la casa, pero la verdad es que le asusta un poco verles marchar, cada vez con más frecuencia, lejos del castillo en sus correrías guerreras.

Ahora han vuelto a partir, acompañados de todos los hombres que han podido reclutar en Sangüesa y en sus alrrededores, para salir al encuentro del mariscal, que desciende con sus tropas por el valle del Roncal.
En San Juan de Pie de Puerto aguarda don Juan con las suyas. Si el mariscal consigue avanzar valle abajo, el rey entrará por Roncesvalles y cada uno de los dos ejércitos apoyará la maniobra del otro para caer juntos sobre Pamplona, y desde la capital, avanzar luego para ocupar toda la ribera de Navarra.

Francés tiene aún muy pocos años, y aunque en el presente es ya un muchacho grande y fuerte en lo exterior y sensato y responsable en lo interior, no tiene aún ni edad ni madurez suficientes para sentirse a gusto en el puesto que le está tocando ocupar como compañero, ayudante y colaborador de su madre en las tareas de gobernar y administrar el patrimonio familiar.

Y para venir a hacer aún más pesada la carga que ya soportan sus hombros juveniles, empiezan a llegar noticias terribles: mensajeros, guardas, pastores y buhoneros van trayendo a retazos la historia, que acaba por concretarse... El mariscal ha sido derrotado el el valle del Roncal por el ejército de Castilla al mando del coronel Villalba, el fiero soldado de las campañas de Italia. El mariscal, y con él Juan y Valentín de Jaso, Juan de Olloqui y uno de los Ezpeleta, han sido capturados y los han llevado prisioneros a la fortaleza de Atienza, en Guadalajara...

El rey don Juan, en cuanto ha recibido la noticia de la derrota de su mariscal, se ha retirado con toda su gente al otro lado de los Pirineos, esperando una mejor ocasión de hacer campaña para recuperar su reino.
¿Dónde están Juan y Miguel de Xavier? ¿Qué ha sido de ellos? ¿Llegaron a encontrarse con las tropas del mariscal? ¿Están ellos también prisioneros en Castilla?
Tan pronto como la noticia de la derrota de las tropas del mariscal se ha extendido por la comarca, empiezan a producirse cambios que afectan a la vida diaria del castillo. Los ocho roncaleses que Juan había dejado como guarnición han abandonado las armas y han desaparecido una noche para ir a perderse por los vericuetos de su valle nativo.

Doña María se ha apresurado a dejar en libertad a Pedro de Castro y le ha pedido disculpas al abrirle la puerta del calabozo:
-Espero que no tendréis queja de cómo se os ha tratado. Os ruego que no me guardéis mala voluntad. Todo esto no son más que las desgracias de los difíciles tiempos de guerra que vivimos.
El alcalde de Sangüesa es un cumplido caballero que sabe cómo conducirse correctamente con una dama, pero eso no le impide recordarle a doña María, antes de despedirse:

-No sería de cristianos guardar mala voluntad a quien generosamente y durante tantas semanas me ha hospedado... aún en contra de mis deseos; pero no sería tampoco honrado por mi parte olvidar que en este lugar se ha conspirado contra Castilla y que en él se han reunido deservidores de su majestad.
La frase ha quedado flotando en el aire como una amenaza. Xavier tiene una deuda pendiente con Castilla...
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