Menu




Autor: | Editorial:



Conspiradores
Ha muerto el rey don Fernando y en Castilla, Aragón, Andalucia y Navarra comienzan revueltas, levantamientos y sublevaciones.

En nombre de la heredera doña Juana, apellidada la Loca, que vive encerrada en la fortaleza de Tordesillas, y de su hijo el príncipe Carlos, que anda enredado en problemas europeos, ha quedado como regente del reino el cardenal Cisneros. Es hombre recto, austero y autoritario, y se enfrenta a una ardua y compleja tarea.
Bajo el mando del impulsivo Miguel, el castillo de Xavier empieza a pertrecharse para la guerra. Se almacenan víveres, se allegan armas y escudos, se compran caballos...

Y se han contratado ocho hombres del Roncal, ocho fuertes roncaleses cuya misión es guardar y defender el castillo.
Van y vienen continuamente correos y mensajeros que traen y llevan noticias.
Es raro el día en que en el castillo no se hospedan dos o tres parientes o amigos, que se encierran en el que fue despacho de trabajo de don Juan de Jaso con los dos hijos de la casa y allí intercambian noticias, escriben mensajes, planean operaciones guerreras...

-Tudela está preparada para levantarse por el rey don Juan.
-El alcalde de Sangüesa tratará de impedir que la ciudad se alce; como es aragonés...
-El mariscal de Navarra se aproxima ya a la entrada del valle del Roncal. Deberíamos enviarle noticia de que desde aquí saldremos a su encuentro...
-Es imprescindible ocupar y asegurar el puente de Yesa, que es paso obligado para...

Francés, siempre que puede, asiste a estas reuniones. Procura pasar absolutamente inadvertido. Se da cuenta de que por su edad no le corresponde intervenir en estos asuntos de hombres, así que se refugia en un rincón de la estancia y observa, escucha y calla.
A veces todos los reunidos toman de repente una decisión y salen, para bajar a las caballerizas, montar en sus corceles y salir para alguna misión.
Francés, entonces, se queda solo en este despacho de su padre que conoce tan bien. La mesa de trabajo, con la escribanía de bronce y sus dos tinteros, tinta roja y tinta negra. La caja de las plumas, el cortaplumas y la salvadera...

Los anaqueles llenos de legajos, carpetas y cajas de cuero que contienen cartas, documentos, borradores... Y el arcón de hierro bajo la ventana. Francés sabe que en este arcón, cerrado con una llave que guarda doña María con otras llaves igualmente importantes ensartadas en el aro de plata que cuelga de su cintura, se conservan los documentos familiares: títulos de propiedad, cartas del rey, contratos matrimoniales, actas que certifican pleitos ganados... Y también sabe, porque lo ha visto, que últimamente en el arcón está guardando Miguel mensajes que intercambia con el mariscal y con otros señores navarros, que, al igual que él, se están preparando para apoyar la entrada en la ribera navarra de las tropas del rey don Juan.

-¡Miguel, Miguel...! -reconviene doña María entre airada y quejumbrosa, a su primogénito cada vez que éste le pide la llave del arcón para guardar un nuevo mensaje-. ¿Tú sabes a lo que te estás exponiendo y a lo que nos estás exponiendo a todos?
-Lo sé, madre, lo sé... Sé bien lo que estoy arriesgando, pero estamos luchando por la libertad de Navarra. Por conseguir que nuestro rey Juan vuelva a ocupar en paz el trono que legítimamente le pertenece.
"Y cuando el rey Juan vuelva a ser dueño de toda esta tierra te alegrarás de lo que estamos haciendo ahora. El rey nos colmará de mercedes, y quizá llegue yo a ser miembro del Consejo Real, como lo fue mi padre..."

-Tu padre nunca creyó en el empleo de la fuerza. Procuró siempre aunar voluntades, hacer tratados, llegar a compromisos..., fue un diplomático...
-Eran otros tiempos. La situación ahora es muy diferente. Hay levantamientos y protestas en muchas partes que debilitan el poder del cardenal regente y eso favorece nuestros propósitos. Hemos de aprovechar estas ventajas... ¡Triunfaremos!

-Mucha seguridad tienes tú de que esta contienda terminará bien para nosotros. Somos un reino pequeño... y estamos puestos entre dos tan grandes fuegos... -concluye doña María, expresando, una vez más, sus dudas y temores.
La señora de Xavier, tan segura siempre de sí misma, tan convencida en todo momento de su propia capacidad para juzgar y decidir en cada circunstancia, se siente ahora confusa e indecisa. Miguel, en cambio, se muestra tan persuadido de que está cumpliendo con su deber de siervo leal a su rey...

Y tampoco podría ella, aunque lo quisiera, imponerle su voluntad a este hijo mayor, que es ya un hombre que se acerca a los treinta años y es el señor de Xavier.
Este señor de Xavier ha vuelto de una de sus correrías por la comarca trayéndose prisionero a Pedro de Castro, alcalde de Sangüesa.
Le ha encerrado en el calabozo abierto en la roca viva al pie de la torraza, la colosal torre cuadrada del homenaje sobre la que ondea la bandera de Xavier; y le ha obligado a escribir una carta a su mujer para que entregue la fortaleza de Sangüesa a los patriotas.

-Repartiremos las armas que hay almacenadas dentro de la fortaleza y formaremos una milicia con los adictos al rey Juan. Ellos guardarán esa plaza... Y en el puente de Yesa hemos dejado apostados veinte hombres. Ese paso queda bien guardado. De todas formas, los visitaremos con frecuencia para comprobar que esos hombres son tan fieles a nuestra causa como aseguran serlo.
-¡Dios quiera, Dios quiera que todo esto no traiga la desgracia sobre esta casa y esta familia...! -exclama doña María, que más que una plegaria expresada en forma de deseo es como una formulación que revela sus más negros presentimientos.

Y Juan hace un comentario que aumenta todavía la preocupación de su madre:
-Parece que en Estella los Eguía están siendo traidores. Se han hecho fuertes encerrados en la iglesia de San Miguel con cien hombres a sueldo y han conseguido que la villa se someta a la obediencia de Castilla... ¡Hijos de...!
-¡Lástima no estar más cerca! ¡Si pudiéramos llegar allá con nuestros hombres...! ¡Verían esos entonces a quien prestaban obediencia...!
-Sí, tú continúa pensando en irte cada vez más lejos y en comprometerte cada día de manera más notoria -reprocha doña María-. Todo esto acabará trayéndonos algo malo...

-Vamos, madre, ¿qué mal se nos puede seguir a nosotros? Toda esta zona está bajo nuestro mando y las noticias que nos llegan son de que el mariscal viene entrando por el valle del Roncal con un ejército de casi mil hombres ¡Tenemos esta contienda ganada!
-¡No tan ganada por el momento! Y mientras Juan y tú andáis de guerrilleros por los contornos, los intereses de esta casa se descuidan y para nosotros las pérdidas ya han empezado... Se nos está negando el debido respeto... Hasta los pastores hacen burla de nosotros... -se lamenta airada doña María.

Y es cierto.
Al amparo de los tiempos revueltos que se están viviendo por estas tierras, los pastores se están atreviendo a desafiar la autoridad de los señores de Xavier y a discutir sus derechos antaño incuestionables.
Reportar anuncio inapropiado |

Another one window

Hello!