Autor: | Editorial:
La Vida. La Muerte
LA VIDA
La vida es un maravilloso regalo de nuestro Padre Dios y debemos saber apreciarla y aprovecharla. Es lamentable que muchísimos hombres actuales vivan su vida como si fueran a vivir aquí eternamente. Sólo piensan en el placer, en las fiestas, en las cosas materiales y en buscarse un futuro aquí abajo. Sin embargo, deben saber que esta vida es sólo un paso para la eternidad, un examen, una prueba o, como diría el libro de Job, un servicio militar (7,1).
Por eso, debes vivir con la mirada alta, con la frente serena, con la mente puesta siempre en Dios, que te espera al final del camino. No puedes darte el lujo de perder el tiempo, de matar el tiempo. Realmente es muy triste ver muchos hombres que pierden su vida sin hacer nada útil. Se pasan horas y horas viendo televisión, paseando sin saber adónde, hablando por hablar o simplemente durmiendo. ¡Cuánto tiempo perdido! ¡Cuántas vidas perdidas! ¡Qué tristeza, llegar al final de la vida con las manos vacías!
Otros, por el contrario, están tan sobrecargados de trabajo, que nunca tienen tiempo para Dios y, a veces, ni siquiera para su propia familia. Viven corriendo, como persiguiendo el tiempo, queriendo ganar tiempo, pasan por la vida apresurados, atropellados, enloquecidos, desbordados, nerviosos. Siempre de mal humor, sin paz ni tranquilidad. Y no pueden hacer todo lo que quisieran, porque no tienen tiempo. Les gustaría rezar, ayudar a los demás, estar más tiempo con la familia, pero no tienen tiempo . No tienen tiempo para pensar ni para leer. Al final, se darán cuenta de que todos sus trabajos no valían nada para la eternidad, porque sólo trabajaban para sí mismos. Triste final de una vida alocada, que puede terminar antes de tiempo, al menos antes del tiempo que ellos quisieran.
Por eso, aprovecha bien tu tiempo, no lo malgastes. El tiempo es oro, un regalo de Dios para crecer en el amor; pero es un regalo fugitivo que, si no lo usas, se te va de las manos. Nunca digas que no tienes tiempo; tienes tiempo suficiente para cumplir fielmente tu misión, pero no tienes tiempo extra, sólo tienes el tiempo necesario.
Vive cada momento presente con intensidad y con amor. El amor es lo que da sentido a tu vida. Vive cada minuto de sesenta segundos que te lleven al cielo. Sé amable y delicado con todos. Toma tu vida en serio, porque sólo se vive una sola vez, no hay una segunda oportunidad, no hay reencarnación. Aprovecha el tiempo al máximo y da lo mejor de ti mismo. Vive cada momento con gratitud y generosidad. Dale a tu Padre Dios los Buenos días cada mañana al despertar. No te lamentes de tu pasado para deprimirte, sino para arrepentirte y rectificar tus errores. No seas mediocre, aspira siempre a lo más alto y más profundo, a las alturas de la divinidad. Debes ser santo, ni más ni menos. Pídele esta gracia todos los días a tu Padre Dios. Y no te olvides que Dios te ha encomendado una misión en este mundo que no se la ha encomendado a ningún otro. Si tú no la cumples, habrá un vacío en el mundo. Sé fiel a tu vocación, cumple fielmente tu misión. Sé agradecido y piensa en ese Dios Amor que te ha creado y te llama a una felicidad eterna.
Vive con Él, por Él y para El. Vive con amor y por amor. La vida es una sucesión de cosas pequeñas que, divinizadas por el amor, construyen la eternidad. Sin amor, estarás muerto en vida. Por eso, decía Guy de Larigaudie:
Sólo hay una cosa importante en la vida:
el amor a Dios, un amor inmenso, sin medida,
un amor de Chiquillo que adora a su madre,
un amor total, que nos arrastra por completo en
cada instante de la vida hacia Dios
LA MUERTE
La muerte es una de las realidades más ciertas de la existencia humana. San Juan Bosco, el gran educador de la juventud, les decía a los jóvenes estas palabras latinas: Horno, humus; farna, fumus; finis, cinis, que significan: El hombre es barro; la fama es humo; el fin, ceniza. Por eso, la Iglesia nos dice el miércoles de ceniza: Acuérdate de que eres polvo y en polvo te vas a convertir. Ojalá que el pensamiento de la muerte nos ayude a vivir con seriedad la vida. Recuerdo que, cuando era joven seminarista, por las noches, había un hermano que, antes de dormir, decía en voz alta una oración que comenzaba: Acordémonos, hermanos, que hemos de morir y podría ser esta noche . Y esto no sólo vale para los religiosos, sino para todos.
Es conocido que en siglos pasados, en muchos pueblos de Francia, los serenos gritaban por la noche: Vigilad, Vosotros que dormís. Rezad por los muertos. Si de algo estamos seguros, es de que un día vamos a morir. Ante la realidad de la muerte no vale la edad, la fama, el poder o la gloria. La muerte no respeta a nadie y nos ni vela a todos ante el más allá. Los santos la esperan y la desean con ilusión para encontrarse con el Padre Dios. Los hombres mundanos la temen y la rechazan y les parece algo absurdo y sin sentido. Para ellos, sólo tiene sentido el gozo y el placer en este mundo. Por eso, prefieren no hablar de este tema. La muerte es hoy el gran tabú para muchos de nuestros contemporáneos. Un tabú del que no se debe hablar y se debe ocultar lo más posible. En otro tiempo, el gran tabú el sexo y se ocultaba a los niños todo lo referente a él, pero sí se les permitía asistir al moribundo o al velorio del familiar difunto. Hoy se inicia a los niños en el sexo desde temprana edad, pero se evita hablar ante ellos de la muerte. Ya no se tiene el velorio en las casas, ése es un problema técnico para las agencias funerarias, adonde no se lleva a los niños. Los cementerios están construidos a la americana, con parques placenteros, con muchas flores, para evitar el mal gusto del pensamiento de la muerte.
Sin embargo, la muerte es una realidad y debemos enfrentarla con realismo, porque puede venimos en cualquier momento. Todos estamos en lista de espera. Pero, si somos creyentes, ¡qué diferencia al pensar que la muerte no es el final, sino el comienzo de una nueva vida, que es el puente entre esta vida y la vida eterna, que es la puerta de entrada al cielo! ¡Piensa en la eternidad! ¡Vive para la eternidad!
Tú eres astronauta de la eternidad. Ése es tu destino, una vida eterna, feliz o infeliz, que te espera después de esta vida ¿Estás preparado para morir? ¿Estás en paz con Dios? ¿Tienes listas las maletas? No te preocupes tanto en acumular dinero u otras cosas. No pienses tanto en tener y tener y tener cosas, que no te podrás llevar. Acumula en tu corazón un tesoro de amor que te puedas llevar a la vida eterna. ¿Has pensado en tantos conocidos y familiares que fueron y ya no son? ¿Qué harías ahora, si tu médico te dijera que tienes cáncer y sólo te quedan dos meses de vida? Toma en serio la realidad de la muerte para que puedas tomar en serio tu vida. Si vives con amor, la muerte será para ti un maravilloso encuentro con el Dios Amor, con el Padre Dios, que te espera y te ama y quiere hacerte feliz eternamente en el cielo. Pero no olvides que también existe una muerte eterna, que existe el infierno, y podría ser también para ti. ¿Dónde estarás dentro de cien años, cuando ya hayas muerto? Eso depende de ti. Si amas, tendrás vida; si odias y haces el mal, podrás estar muerto y sin felicidad eternamente en el infierno.
La muerte no es el final sino el comienzo de una nueva vida
La vida es un maravilloso regalo de nuestro Padre Dios y debemos saber apreciarla y aprovecharla. Es lamentable que muchísimos hombres actuales vivan su vida como si fueran a vivir aquí eternamente. Sólo piensan en el placer, en las fiestas, en las cosas materiales y en buscarse un futuro aquí abajo. Sin embargo, deben saber que esta vida es sólo un paso para la eternidad, un examen, una prueba o, como diría el libro de Job, un servicio militar (7,1).
Por eso, debes vivir con la mirada alta, con la frente serena, con la mente puesta siempre en Dios, que te espera al final del camino. No puedes darte el lujo de perder el tiempo, de matar el tiempo. Realmente es muy triste ver muchos hombres que pierden su vida sin hacer nada útil. Se pasan horas y horas viendo televisión, paseando sin saber adónde, hablando por hablar o simplemente durmiendo. ¡Cuánto tiempo perdido! ¡Cuántas vidas perdidas! ¡Qué tristeza, llegar al final de la vida con las manos vacías!
Otros, por el contrario, están tan sobrecargados de trabajo, que nunca tienen tiempo para Dios y, a veces, ni siquiera para su propia familia. Viven corriendo, como persiguiendo el tiempo, queriendo ganar tiempo, pasan por la vida apresurados, atropellados, enloquecidos, desbordados, nerviosos. Siempre de mal humor, sin paz ni tranquilidad. Y no pueden hacer todo lo que quisieran, porque no tienen tiempo. Les gustaría rezar, ayudar a los demás, estar más tiempo con la familia, pero no tienen tiempo . No tienen tiempo para pensar ni para leer. Al final, se darán cuenta de que todos sus trabajos no valían nada para la eternidad, porque sólo trabajaban para sí mismos. Triste final de una vida alocada, que puede terminar antes de tiempo, al menos antes del tiempo que ellos quisieran.
Por eso, aprovecha bien tu tiempo, no lo malgastes. El tiempo es oro, un regalo de Dios para crecer en el amor; pero es un regalo fugitivo que, si no lo usas, se te va de las manos. Nunca digas que no tienes tiempo; tienes tiempo suficiente para cumplir fielmente tu misión, pero no tienes tiempo extra, sólo tienes el tiempo necesario.
Vive cada momento presente con intensidad y con amor. El amor es lo que da sentido a tu vida. Vive cada minuto de sesenta segundos que te lleven al cielo. Sé amable y delicado con todos. Toma tu vida en serio, porque sólo se vive una sola vez, no hay una segunda oportunidad, no hay reencarnación. Aprovecha el tiempo al máximo y da lo mejor de ti mismo. Vive cada momento con gratitud y generosidad. Dale a tu Padre Dios los Buenos días cada mañana al despertar. No te lamentes de tu pasado para deprimirte, sino para arrepentirte y rectificar tus errores. No seas mediocre, aspira siempre a lo más alto y más profundo, a las alturas de la divinidad. Debes ser santo, ni más ni menos. Pídele esta gracia todos los días a tu Padre Dios. Y no te olvides que Dios te ha encomendado una misión en este mundo que no se la ha encomendado a ningún otro. Si tú no la cumples, habrá un vacío en el mundo. Sé fiel a tu vocación, cumple fielmente tu misión. Sé agradecido y piensa en ese Dios Amor que te ha creado y te llama a una felicidad eterna.
Vive con Él, por Él y para El. Vive con amor y por amor. La vida es una sucesión de cosas pequeñas que, divinizadas por el amor, construyen la eternidad. Sin amor, estarás muerto en vida. Por eso, decía Guy de Larigaudie:
el amor a Dios, un amor inmenso, sin medida,
un amor de Chiquillo que adora a su madre,
un amor total, que nos arrastra por completo en
cada instante de la vida hacia Dios
LA MUERTE
La muerte es una de las realidades más ciertas de la existencia humana. San Juan Bosco, el gran educador de la juventud, les decía a los jóvenes estas palabras latinas: Horno, humus; farna, fumus; finis, cinis, que significan: El hombre es barro; la fama es humo; el fin, ceniza. Por eso, la Iglesia nos dice el miércoles de ceniza: Acuérdate de que eres polvo y en polvo te vas a convertir. Ojalá que el pensamiento de la muerte nos ayude a vivir con seriedad la vida. Recuerdo que, cuando era joven seminarista, por las noches, había un hermano que, antes de dormir, decía en voz alta una oración que comenzaba: Acordémonos, hermanos, que hemos de morir y podría ser esta noche . Y esto no sólo vale para los religiosos, sino para todos.
Es conocido que en siglos pasados, en muchos pueblos de Francia, los serenos gritaban por la noche: Vigilad, Vosotros que dormís. Rezad por los muertos. Si de algo estamos seguros, es de que un día vamos a morir. Ante la realidad de la muerte no vale la edad, la fama, el poder o la gloria. La muerte no respeta a nadie y nos ni vela a todos ante el más allá. Los santos la esperan y la desean con ilusión para encontrarse con el Padre Dios. Los hombres mundanos la temen y la rechazan y les parece algo absurdo y sin sentido. Para ellos, sólo tiene sentido el gozo y el placer en este mundo. Por eso, prefieren no hablar de este tema. La muerte es hoy el gran tabú para muchos de nuestros contemporáneos. Un tabú del que no se debe hablar y se debe ocultar lo más posible. En otro tiempo, el gran tabú el sexo y se ocultaba a los niños todo lo referente a él, pero sí se les permitía asistir al moribundo o al velorio del familiar difunto. Hoy se inicia a los niños en el sexo desde temprana edad, pero se evita hablar ante ellos de la muerte. Ya no se tiene el velorio en las casas, ése es un problema técnico para las agencias funerarias, adonde no se lleva a los niños. Los cementerios están construidos a la americana, con parques placenteros, con muchas flores, para evitar el mal gusto del pensamiento de la muerte.
Sin embargo, la muerte es una realidad y debemos enfrentarla con realismo, porque puede venimos en cualquier momento. Todos estamos en lista de espera. Pero, si somos creyentes, ¡qué diferencia al pensar que la muerte no es el final, sino el comienzo de una nueva vida, que es el puente entre esta vida y la vida eterna, que es la puerta de entrada al cielo! ¡Piensa en la eternidad! ¡Vive para la eternidad!
Tú eres astronauta de la eternidad. Ése es tu destino, una vida eterna, feliz o infeliz, que te espera después de esta vida ¿Estás preparado para morir? ¿Estás en paz con Dios? ¿Tienes listas las maletas? No te preocupes tanto en acumular dinero u otras cosas. No pienses tanto en tener y tener y tener cosas, que no te podrás llevar. Acumula en tu corazón un tesoro de amor que te puedas llevar a la vida eterna. ¿Has pensado en tantos conocidos y familiares que fueron y ya no son? ¿Qué harías ahora, si tu médico te dijera que tienes cáncer y sólo te quedan dos meses de vida? Toma en serio la realidad de la muerte para que puedas tomar en serio tu vida. Si vives con amor, la muerte será para ti un maravilloso encuentro con el Dios Amor, con el Padre Dios, que te espera y te ama y quiere hacerte feliz eternamente en el cielo. Pero no olvides que también existe una muerte eterna, que existe el infierno, y podría ser también para ti. ¿Dónde estarás dentro de cien años, cuando ya hayas muerto? Eso depende de ti. Si amas, tendrás vida; si odias y haces el mal, podrás estar muerto y sin felicidad eternamente en el infierno.


