Autor: | Editorial:
A los familiares. Carta de un enfermo
A LOS FAMILIARES
A los familiares de los enfermos o ancianos quisiera decirles unas palabras de aliento y esperanza. En primer lugar, no se desesperen como los que no tienen esperanza ni fe en Dios. Deben atender con toda delicadeza y paciencia a estos familiares necesitados de ayuda y comprensión. Acudan a los médicos, pero sin olvidarse de que deben orar insistentemente para pedir su salud. Orar con perseverancia puede hacer milagros, porque Dios siempre escucha nuestra oración. Pero hay que tener mucha paciencia, sobre todo, cuando son ancianos y han perdido la memoria o la razón.
Incluso, cuando están en coma, hay que seguir orando con perseverancia, porque Dios puede hacer milagros o, al menos, puede seguir bendiciendo abundantemente a estos familiares a través de nuestras oraciones. Algo también muy importante es acudir al sacerdote, cuando todavía hay tiempo y son conscientes, para que puedan recibir los sacramentos de la confesión, comunión y la unción de los enfermos. No dejarlo todo para el último momento, cuando ya no se dan cuenta de nada.
En los últimos momentos, los familiares deben intensificar sus oraciones. Si es posible, recen la coronilla del Señor de la misericordia. Para ello, rezar con el rosario, y en lugar de las Avemarías decir: Por su dolorosa Pasión, ten misericordia de nosotros y del mundo entero. Y en lugar de los cinco Padrenuestros, decir: Padre santo, te ofrezco el cuerpo, sangre, alma y divinidad de Jesucristo en reparación de nuestros pecados y los del mundo entero. Jesús le prometió a santa Faustina Kowalska: Si se reza esta coronilla al lado de un agonizante, Yo me interpondré entre el Padre y el alma agonizante como Salvador misericordioso (Diario V,140)
Esos últimos momentos pueden ser decisivos para su salvación. Pero nunca deseen terminar con su vida piadosamente, quitándoles el suero o el oxígeno. Estén a su lado hasta el último instante y denles amor y esperanza, tratando de convencerlos para que se confiesen y reciban la comunión, si han estado alejados de Dios y de la Iglesia.
Uds. deben ser para el anciano o enfermo una luz en su camino, una esperanza para confiar en la misericordia de Dios y una señal de que Dios sigue amándolos a pesar de todo.
Y no se olviden de rezar por su salud. Jesús ha dicho: El que cree en Mí impondrá las manos sobre los enfermos y éstos quedarán sanos (Mc 16,18). Uds. deben ser instrumentos de Jesús. Recuerden el pasaje evangélico, donde unos familiares le llevaron un enfermo a Jesús. Dice así: Vinieron trayéndole un paralítico, que llevaban entre cuatro Y viendo Jesús la fe de aquellos hombres, dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa (Mc 2,3-11). Dice el Evangelio: Viendo Jesús la fe de aquellos hombres, que eran sus familiares. Si ellos no hubieran tenido fe en Jesús, nunca se hubiera curado el enfermo. Por eso, acudan a Jesús y oren por los enfermos de la familia. Pueden decir:
Señor Jesús, te pedimos por N.N. que está enfermo. Bendícelo y haz que pueda encontrar la salud en su cuerpo y en su alma. Que su fe crezca cada día y se vaya abriendo a las maravillas de tu amor para que sea testigo de tu bondad y de tu poder. Jesús, por tus santas llagas y tu santa cruz, por tu sangre bendita derramada, te pedimos que lo sanes y le des vida en abundancia. Tú puedes sanarlo como lo hacías con tantos enfermos, cuando estabas en la tierra. Pon tus manos divinas sobre la parte enferma de su cuerpo y haz que tu vida divina inunde su corazón y sane su cuerpo.
Envía, Señor, a todos tus ángeles en compañía de san Rafael, Medicina de Dios, para que oren sobre él y lo sanen en tu Nombre. Invocamos también a todos nuestros familiares difuntos, que disfrutan ya de tu felicidad en el cielo y de los que todavía están en el purgatorio. Unidos a todos nuestros familiares y a todos nuestros ángeles, en unión con María nuestra Madre, te pedimos que lo sanes y le des tu santa bendición.
Ven, Espíritu Santo, con tu poder sanador y santificador y sana su cuerpo y santifica su alma. Amén
En el bendicional oficial de la Iglesia hay también oraciones para bendecir a los ancianos y enfermos, que pueden ser hechas por sus propios familiares. Veamos algunas:
Señor Dios Todopoderoso, que has dado a tu hijo una dilatada ancianidad, te pedimos que le concedas tu bendición para que sienta la dulzura de tu compañía. Que al recordar su pasado, tu misericordia lo consuele y, al mirar al futuro, la esperanza lo sostenga.
Señor Dios, Padre misericordioso, que con tu bendición levantas y fortaleces nuestra frágil condición, mira con bondad a este hijo tuyo, aparta de él la enfermedad y devuélvele la salud para que, agradecido, bendiga tu santo Nombre. Por Jesucristo Nuestro Señor.
Que Jesús el Señor, que pasó haciendo el bien y curando a todos los enfermos, lo conserve con salud y lo llene de sus bendiciones Amén.
Se le puede hacer la señal de la cruz en la frente en señal de bendición y se le puede imponer las manos con cariño para manifestarle nuestro amor y orar espontáneamente con las palabras que Dios ponga en nuestro corazón, en unión con nuestros ángeles custodios.
CARTA A UN ENFERMO
Querido hermano:
Desde lo más profundo de mi corazón y con toda sinceridad, quiero decirte GRACIAS por todo lo que sufres y ofreces a Dios por la salvación de los demás. Tienes derecho a quejarte y a reclamar a Dios y a pedirle insistentemente la salud. Pero piensa que si, a pesar de poner todos los medios humanos y espirituales de tu parte, Dios permite que sigas enfermo, debes tomar tu cruz con cariño entre tus manos y aceptarla sin rebelarte y ofrecerla con todo tu amor. Sólamente así tu vida será bendecida, sólamente aceptando tu situación de sufrimiento, podrás salvar al mundo, uniendo tu dolor con el dolor de Cristo.
Dios y los ángeles están esperando tu respuesta positiva. Tus antepasados y familiares difuntos, que te miran desde el cielo, esperan mucho de ti y cuentan contigo para la gran tarea de salvar al mundo y, en especial, a tus familiares, que tanto te necesitan. Por eso, no debes sentirte un inútil, que no sirves para nada. Tú eres valioso a los ojos de Dios y de la humanidad entera. No importa, si algunos no te valoran, no importa si no puedes trabajar ni ganar dinero. Tú puedes salvar almas para Dios y ser un gran bienhechor de la humanidad y, concretamente, de tu familia.
Tus hermanos y amigos esperamos mucho de ti. No nos defraudes. Contamos contigo. Sigue con tu cruz hasta que Dios quiera. Él tiene sus caminos y te ha escogido a ti para esta gran misión. Mientras tanto, nosotros seguiremos rezando por tu salud, porque, si está en los planes de Dios darte la salud, queremos que siempre se cumpla su voluntad. En la salud o en la enfermedad, en la vida o en la muerte ¡Bendito sea el Nombre de Dios!
Gracias por tu ejemplo y tu amistad. Que Dios te bendiga.
Todos sufrimos.
La diferencia está en que mientras unos sufren sin sentido y sin esperanza,
otros conocen y aceptan el valor inmenso
del dolor, ofrecido con amor.
A los familiares de los enfermos o ancianos quisiera decirles unas palabras de aliento y esperanza. En primer lugar, no se desesperen como los que no tienen esperanza ni fe en Dios. Deben atender con toda delicadeza y paciencia a estos familiares necesitados de ayuda y comprensión. Acudan a los médicos, pero sin olvidarse de que deben orar insistentemente para pedir su salud. Orar con perseverancia puede hacer milagros, porque Dios siempre escucha nuestra oración. Pero hay que tener mucha paciencia, sobre todo, cuando son ancianos y han perdido la memoria o la razón.
Incluso, cuando están en coma, hay que seguir orando con perseverancia, porque Dios puede hacer milagros o, al menos, puede seguir bendiciendo abundantemente a estos familiares a través de nuestras oraciones. Algo también muy importante es acudir al sacerdote, cuando todavía hay tiempo y son conscientes, para que puedan recibir los sacramentos de la confesión, comunión y la unción de los enfermos. No dejarlo todo para el último momento, cuando ya no se dan cuenta de nada.
En los últimos momentos, los familiares deben intensificar sus oraciones. Si es posible, recen la coronilla del Señor de la misericordia. Para ello, rezar con el rosario, y en lugar de las Avemarías decir: Por su dolorosa Pasión, ten misericordia de nosotros y del mundo entero. Y en lugar de los cinco Padrenuestros, decir: Padre santo, te ofrezco el cuerpo, sangre, alma y divinidad de Jesucristo en reparación de nuestros pecados y los del mundo entero. Jesús le prometió a santa Faustina Kowalska: Si se reza esta coronilla al lado de un agonizante, Yo me interpondré entre el Padre y el alma agonizante como Salvador misericordioso (Diario V,140)
Esos últimos momentos pueden ser decisivos para su salvación. Pero nunca deseen terminar con su vida piadosamente, quitándoles el suero o el oxígeno. Estén a su lado hasta el último instante y denles amor y esperanza, tratando de convencerlos para que se confiesen y reciban la comunión, si han estado alejados de Dios y de la Iglesia.
Uds. deben ser para el anciano o enfermo una luz en su camino, una esperanza para confiar en la misericordia de Dios y una señal de que Dios sigue amándolos a pesar de todo.
Y no se olviden de rezar por su salud. Jesús ha dicho: El que cree en Mí impondrá las manos sobre los enfermos y éstos quedarán sanos (Mc 16,18). Uds. deben ser instrumentos de Jesús. Recuerden el pasaje evangélico, donde unos familiares le llevaron un enfermo a Jesús. Dice así: Vinieron trayéndole un paralítico, que llevaban entre cuatro Y viendo Jesús la fe de aquellos hombres, dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa (Mc 2,3-11). Dice el Evangelio: Viendo Jesús la fe de aquellos hombres, que eran sus familiares. Si ellos no hubieran tenido fe en Jesús, nunca se hubiera curado el enfermo. Por eso, acudan a Jesús y oren por los enfermos de la familia. Pueden decir:
Señor Jesús, te pedimos por N.N. que está enfermo. Bendícelo y haz que pueda encontrar la salud en su cuerpo y en su alma. Que su fe crezca cada día y se vaya abriendo a las maravillas de tu amor para que sea testigo de tu bondad y de tu poder. Jesús, por tus santas llagas y tu santa cruz, por tu sangre bendita derramada, te pedimos que lo sanes y le des vida en abundancia. Tú puedes sanarlo como lo hacías con tantos enfermos, cuando estabas en la tierra. Pon tus manos divinas sobre la parte enferma de su cuerpo y haz que tu vida divina inunde su corazón y sane su cuerpo.
Envía, Señor, a todos tus ángeles en compañía de san Rafael, Medicina de Dios, para que oren sobre él y lo sanen en tu Nombre. Invocamos también a todos nuestros familiares difuntos, que disfrutan ya de tu felicidad en el cielo y de los que todavía están en el purgatorio. Unidos a todos nuestros familiares y a todos nuestros ángeles, en unión con María nuestra Madre, te pedimos que lo sanes y le des tu santa bendición.
Ven, Espíritu Santo, con tu poder sanador y santificador y sana su cuerpo y santifica su alma. Amén
En el bendicional oficial de la Iglesia hay también oraciones para bendecir a los ancianos y enfermos, que pueden ser hechas por sus propios familiares. Veamos algunas:
Señor Dios Todopoderoso, que has dado a tu hijo una dilatada ancianidad, te pedimos que le concedas tu bendición para que sienta la dulzura de tu compañía. Que al recordar su pasado, tu misericordia lo consuele y, al mirar al futuro, la esperanza lo sostenga.
Señor Dios, Padre misericordioso, que con tu bendición levantas y fortaleces nuestra frágil condición, mira con bondad a este hijo tuyo, aparta de él la enfermedad y devuélvele la salud para que, agradecido, bendiga tu santo Nombre. Por Jesucristo Nuestro Señor.
Que Jesús el Señor, que pasó haciendo el bien y curando a todos los enfermos, lo conserve con salud y lo llene de sus bendiciones Amén.
Se le puede hacer la señal de la cruz en la frente en señal de bendición y se le puede imponer las manos con cariño para manifestarle nuestro amor y orar espontáneamente con las palabras que Dios ponga en nuestro corazón, en unión con nuestros ángeles custodios.
CARTA A UN ENFERMO
Querido hermano:
Desde lo más profundo de mi corazón y con toda sinceridad, quiero decirte GRACIAS por todo lo que sufres y ofreces a Dios por la salvación de los demás. Tienes derecho a quejarte y a reclamar a Dios y a pedirle insistentemente la salud. Pero piensa que si, a pesar de poner todos los medios humanos y espirituales de tu parte, Dios permite que sigas enfermo, debes tomar tu cruz con cariño entre tus manos y aceptarla sin rebelarte y ofrecerla con todo tu amor. Sólamente así tu vida será bendecida, sólamente aceptando tu situación de sufrimiento, podrás salvar al mundo, uniendo tu dolor con el dolor de Cristo.
Dios y los ángeles están esperando tu respuesta positiva. Tus antepasados y familiares difuntos, que te miran desde el cielo, esperan mucho de ti y cuentan contigo para la gran tarea de salvar al mundo y, en especial, a tus familiares, que tanto te necesitan. Por eso, no debes sentirte un inútil, que no sirves para nada. Tú eres valioso a los ojos de Dios y de la humanidad entera. No importa, si algunos no te valoran, no importa si no puedes trabajar ni ganar dinero. Tú puedes salvar almas para Dios y ser un gran bienhechor de la humanidad y, concretamente, de tu familia.
Tus hermanos y amigos esperamos mucho de ti. No nos defraudes. Contamos contigo. Sigue con tu cruz hasta que Dios quiera. Él tiene sus caminos y te ha escogido a ti para esta gran misión. Mientras tanto, nosotros seguiremos rezando por tu salud, porque, si está en los planes de Dios darte la salud, queremos que siempre se cumpla su voluntad. En la salud o en la enfermedad, en la vida o en la muerte ¡Bendito sea el Nombre de Dios!
Todos sufrimos.
La diferencia está en que mientras unos sufren sin sentido y sin esperanza,
otros conocen y aceptan el valor inmenso
del dolor, ofrecido con amor.


