Autor: | Editorial:
La comunión de los santos. Para reflexionar
LA COMUNIÓN DE LOS SANTOS
Cuando está enfermo alguno de nuestros familiares, debemos poner de nuestra parte todo lo posible para conseguir su salud. Si el plan de Dios es la salud, acudamos a los médicos y medicinas de acuerdo a nuestras posibilidades, y pongamos también en juego todas las fuerzas espirituales posibles. Si la voluntad de Dios es que, a pesar de todos nuestros esfuerzos humanos y espirituales, siga enfermo, e, incluso, llegue a fallecer, aceptemos con amor la decisión de Dios, nuestro Padre.
En primer lugar, pidamos oración a todos los que podamos. Formemos una gran cadena de oración por el enfermo. Jesús dijo claramente: Pedid y recibiréis. Muchos enfermos se sanan, si se ora por ellos.
Veamos un caso real:
El día de su quinto cumpleaños, Federico, el último de nuestros hijos se vio afectado por una enfermedad gravísima. El diagnóstico no dejaba lugar a dudas: septicemia meningocócica. A los pocos días, los médicos nos hicieron entender que su estado era terminal. Nos pusimos a rezar y pedimos oración a toda la comunidad del movimiento de los focolares. Se inició una gran cadena de oraciones: con fe, rezando unidos, se puede obtener todo. En pocas horas, con gran sorpresa del médico de guardia, la situación cambió. A la mañana siguiente, estaba fuera de peligro, y la jefa de sala nos dijo que le diésemos las gracias a Alguien, porque había sido un milagro11.
Aparte de la cadena de oración, acudamos a nuestros antepasados difuntos, que estén ya en el cielo o en el purgatorio. Ellos, con su intercesión, también pueden hacer mucha fuerza. Ellos son parte de nuestra familia y están interesados en nuestra felicidad. Pero también hay algo muy importante, que no debemos olvidar: acudir a todos los ángeles de nuestra gran familia humana, a los ángeles de todos nuestros antepasados, presentes y futuros. Los ángeles también son miembros de nuestra familia y, por eso, también cuidan de nosotros y se preocupan de nuestra santificación y bienestar.
Si así lo haces, verás maravillas en tu vida y en la de tus familiares. Y Jesús te sonreirá desde tu corazón y te concederá innumerables bendiciones, más de las que puedas pedir o imaginar.
PARA REFLEXIONAR
Más se aprende en dos meses de adversidad
que en diez años de Universidad.
Por ser sufrido y paciente,
no es uno menos valiente.
Quien más padece más merece.
Cuanto más el hombre padece,
más la mano de Dios lo favorece.
Recuerda que el sufrimiento es el mejor educador de tu vida, porque te enseña a madurar. El sufrimiento, decía Anatole France, es el gran maestro de los hombres. El hombre a quien el sufrimiento no educó, siempre será un niño (N. Tammaseo). Y el gran sabio Eckard decía que el caballo más rápido para llegar a la santidad es el dolor.
El sufrimiento es el megáfono que Dios utiliza para despertar a los sordos (Lewis).
¿Qué dirás ahora de todos tus dolores? ¿Te consideras como un prisionero de tus dolores y enfermedades? ¿Crees que eres un castigado por Dios?
Alguien ha dicho que la enfermedad ofrecida con amor es como un estado de perfección, pues ella es el mejor medio de santificación. De todos modos, piensa en lo que decía san Francisco de Sales: Los ángeles nos envidian, porque sufrimos por Dios. Ellos nunca han sufrido por Él.
Cuando está enfermo alguno de nuestros familiares, debemos poner de nuestra parte todo lo posible para conseguir su salud. Si el plan de Dios es la salud, acudamos a los médicos y medicinas de acuerdo a nuestras posibilidades, y pongamos también en juego todas las fuerzas espirituales posibles. Si la voluntad de Dios es que, a pesar de todos nuestros esfuerzos humanos y espirituales, siga enfermo, e, incluso, llegue a fallecer, aceptemos con amor la decisión de Dios, nuestro Padre.
En primer lugar, pidamos oración a todos los que podamos. Formemos una gran cadena de oración por el enfermo. Jesús dijo claramente: Pedid y recibiréis. Muchos enfermos se sanan, si se ora por ellos.
Veamos un caso real:
El día de su quinto cumpleaños, Federico, el último de nuestros hijos se vio afectado por una enfermedad gravísima. El diagnóstico no dejaba lugar a dudas: septicemia meningocócica. A los pocos días, los médicos nos hicieron entender que su estado era terminal. Nos pusimos a rezar y pedimos oración a toda la comunidad del movimiento de los focolares. Se inició una gran cadena de oraciones: con fe, rezando unidos, se puede obtener todo. En pocas horas, con gran sorpresa del médico de guardia, la situación cambió. A la mañana siguiente, estaba fuera de peligro, y la jefa de sala nos dijo que le diésemos las gracias a Alguien, porque había sido un milagro11.
Aparte de la cadena de oración, acudamos a nuestros antepasados difuntos, que estén ya en el cielo o en el purgatorio. Ellos, con su intercesión, también pueden hacer mucha fuerza. Ellos son parte de nuestra familia y están interesados en nuestra felicidad. Pero también hay algo muy importante, que no debemos olvidar: acudir a todos los ángeles de nuestra gran familia humana, a los ángeles de todos nuestros antepasados, presentes y futuros. Los ángeles también son miembros de nuestra familia y, por eso, también cuidan de nosotros y se preocupan de nuestra santificación y bienestar.
Si así lo haces, verás maravillas en tu vida y en la de tus familiares. Y Jesús te sonreirá desde tu corazón y te concederá innumerables bendiciones, más de las que puedas pedir o imaginar.
PARA REFLEXIONAR
Más se aprende en dos meses de adversidad
que en diez años de Universidad.
Por ser sufrido y paciente,
no es uno menos valiente.
Quien más padece más merece.
Cuanto más el hombre padece,
más la mano de Dios lo favorece.
Recuerda que el sufrimiento es el mejor educador de tu vida, porque te enseña a madurar. El sufrimiento, decía Anatole France, es el gran maestro de los hombres. El hombre a quien el sufrimiento no educó, siempre será un niño (N. Tammaseo). Y el gran sabio Eckard decía que el caballo más rápido para llegar a la santidad es el dolor.
El sufrimiento es el megáfono que Dios utiliza para despertar a los sordos (Lewis).
¿Qué dirás ahora de todos tus dolores? ¿Te consideras como un prisionero de tus dolores y enfermedades? ¿Crees que eres un castigado por Dios?
Alguien ha dicho que la enfermedad ofrecida con amor es como un estado de perfección, pues ella es el mejor medio de santificación. De todos modos, piensa en lo que decía san Francisco de Sales: Los ángeles nos envidian, porque sufrimos por Dios. Ellos nunca han sufrido por Él.


