Autor: | Editorial:
Vive para los demás. Ayuda a Cristo en los que sufren
VIVE PARA LOS DEMÁS
Tu vida no es algo privado para ti solo. Tu vida no es una isla, es un archipiélago y todos te necesitan y tú necesitas a todos. ¿Acaso podrías vivir solo sin contar con nadie más? ¿Acaso te has dado la vida a ti mismo? ¿Acaso no has necesitado de una madre que te cuide durante los primeros años de tu vida? Por eso, y por mucho más, debes pensar que debes amar y ayudar y hacer felices los demás, pues en amar está el sentido de tu vida. Has sido creado con amor y por amor. Y sólo en el amor encontrarás la plenitud de la vida. De ahí que debes ayudar a los demás con lo poco o mucho que eres y tienes. Nunca te sientas tan pequeñito que creas que no sirves para nada. Piensa:
Si una nota musical dijera:
una nota no hace melodía,
no existiría la sinfonía.
Si una gota de agua dijese:
una gota no hace un riachuelo,
no existiría el océano.
Si un hombre dijera:
yo solo no puedo cambiar el mundo,
no habría ningún acto de justicia
ni de paz en el mundo.
Como la sinfonía necesita de cada nota,
como el océano necesita de cada gota de agua,
como el libro necesita de cada palabra,
así la humanidad entera necesita de ti,
porque tú eres único e insustituible.
Por eso, ¿quieres hacer feliz a alguien? Hazlo hoy, mientras hay tiempo. ¿Quieres regalar una flor? Regálala hoy, mientras tienes tiempo. ¿Quieres decir a alguien: Te amo? Díselo hoy, que tienes tiempo. ¿Quieres hacer las paces con quien te ha ofendido? Hazlo hoy y no esperes a mañana. ¿Quieres dar gracias a alguien? Hazlo hoy, mañana quizás no tengas tiempo. No esperes a que la gente se muera para quererla y decirle que la quieres, porque no sabes si tendrás tiempo.
Sonríe, ama, agradece y haz feliz a todos hoy. Así no tendrás que visitar los cementerios ni llenar las tumbas de flores para agradecer los favores recibidos, cuando ya sea tarde.
Al comenzar un nuevo día, debes saber que es un regalo de Dios. Un precioso regalo, de valor indecible y misterioso. Cada día es único e irremplazable. Cada día tiene su propio sentido en la historia general de tu vida. Lo que puedes hacer hoy no lo dejes para mañana. Cada día Dios te encomienda una tarea distinta, aunque pueda parecerte vieja, porque se parece en todo a la de otros muchos días. Sin embargo, es una tarea enteramente nueva y única. Llena, pues, este hoy que Dios te regala con mucho amor. Da paz y alegría a cuantos te rodean, haz felices a todos los que encuentres en tu camino. Vive con paz y armonía y transmite paz a tu alrededor. Si esto es así, el día de hoy será un día lleno, un día verdaderamente único e irreemplazable. Será un día divino en la historia de tu vida. Haz, pues, de este día un regalo lleno de flores y de amor para Dios y para los demás.
Vive el presente con alegría, vive el presente con ilusión. Cuida el tiempo presente, el aquí y ahora, pues en él vivirás el resto de tu vida. Libérate de la angustia del futuro. Ponlo en las manos de Dios y sigue cantando y luchando por un mundo mejor, haciendo felices a los demás.
Una vez, una niñita quería hacer feliz a su padre por el día de su cumpleaños y, después de pensarlo mucho, decidió envolver una cajita de cartón vacía con un bonito papel de regalo. Y se lo entregó a su papá con todo cariño. Su papá, cuando abrió el regalo y vio que la caja estaba vacía, se quedó extrañado y un poco triste. Pero ella le aclaró: Papá, antes de cerrar la cajita, la llené de besos para ti.
¡Qué hermoso regalo! ¡Una caja llena de besos para su papá! Pues bien, nuestro Padre Dios, quiere que nosotros, sus hijos pequeños, también le demos alegría todos los días y le digamos que lo amamos y le demos muchos besos y flores de amor. Le podrías decir:
Padre mío, concédeme que toda mi alma se postre ante tu puerta saludándote. Permíteme que todas mis canciones junten sus melodías para alegrarte. Que toda mi vida sea un largo caminar hacia tu eterno cielo, amándote y saludándote a cada paso. Te entrego y te ofrezco todas las flores del jardín de mi alma y todos los besos de mi corazón. Te ofrezco mi vida y te ofrezco mi corazón con todo mi amor.
AYUDA A CRISTO EN LOS QUE SUFREN
La Madre Teresa de Calcuta entregó su vida al cuidado de los más pobres de entre los pobres. A lo largo de su vida, atendió a millares de enfermos, moribundos, leprosos y a pobres de toda clase y condición. Para ella todos los que sufren son, especialmente, el Cristo sufriente en la tierra. Ella decía: Los pobres son el cuerpo de Cristo que sufre. Son Cristo mismo.
Por eso, les enseñaba a sus hermanas a atenderlos como atenderían al mismo Cristo en persona. Los que sufrían eran como parte de su propia familia. Decía:
Mi familia son aquellos a quienes nadie se acerca, porque son contagiosos y están llenos de microbios y suciedad. Aquellos que no van a rezar, porque no pueden ir desnudos. Aquellos que no comen, porque no les quedan fuerzas para hacerlo. Los que se caen desplomados por las aceras, sabiendo que están para morir y a cuyo lado pasan los vivos sin volver la mirada atrás. Los que no lloran, porque se les han agotado ya las lágrimas de tanto sufrir.
Y enseñaba a sus moribundos a ver a Dios hasta en la muerte que se acercaba. Les decía: La muerte no es sino el medio más fácil y más rápido de volver a Dios. ¡Si tuviéramos fe, si pudiéramos comprender que venimos de Dios y debemos volver a Él! Morir es volver a Dios, es volver a casa.10
La Madre Teresa ayudaba a los pobres y les ayudaba a bien morir. ¿No puedes tú también hacer algo por tantos pobres que sufren? Hay muchos pequeños detalles que puedes hacer por los demás y así dar un nuevo sentido de amor a tu vida. Veamos algunos ejemplos de algunos colaboradores de la Madre Teresa:
Adjunto un pequeño cheque. Había decidido comprarme un abrigo para este invierno. Lo he pensado mejor: el que tengo puede durar todavía uno o dos años. El cheque corresponde al importe del abrigo, que por ahora no me compro.
Soy una telefonista y remito un giro postal. Es el importe de mis cenas de un mes. He renunciado a la cena en la pensión, donde me hospedo. Pienso que una persona que, como yo, gracias a Dios, goza de muy buena salud, puede renunciar tranquilamente a la cena en beneficio de quienes pasan hambre. Seguiré mandando la misma cantidad todos los meses.
Somos una pareja de novios. Nos casaremos dentro de un mes. Hemos propuesto a nuestra familia y amigos que, en lugar de hacernos algún regalo, ya que queremos hacer una boda íntima y sin despilfarros, nos den en dinero lo equivalente a sus regalos para ofrecérselo a los pobres de la Madre Teresa.
Nosotros somos una familia normal y podemos comer tres veces al día. Por eso, les he propuesto a mis dos hijos de 5 y 8 años de compartir nuestro pan con los más pobres. Mi hijo de ocho años tuvo una idea: renunciar tres veces por semana al postre para darle el importe a los pobres de la Madre Teresa.
La señora Josepha Gosselke de Alemania cuenta el caso de una colaboradora alemana de la Madre Teresa, que, cuando vio cercana su muerte pidió a sus familiares que no hubiese flores ni coronas ni gastos supérfluos en su funeral y que, todo lo ahorrado, se lo diesen a la Madre Teresa. Lo recaudado fue de 833 marcos alemanes.
Y así podríamos seguir hablando de gestos de amor de muchos niños y adultos en favor de los más pobres, que deben sufrir, porque, no solamente no tienen lo suficiente para comer, sino que no tienen ni siquiera para curarse sus enfermedades, pues no tienen dinero para comprar sus medicinas. Y esos pequeños gestos de amor pueden revolucionar nuestra vida y darle un nuevo sentido de amor. De la misma manera, los que sufren, por diferentes enfermedades o miserias de la vida, también pueden ofrecer sus sufrimientos como gestos de amor a favor de los que no aman y no creen y viven sin sentido y sin amor en su corazón.
La Madre Teresa con toda su experiencia en el cuidado de enfermos y moribundos decía: El dolor es un don de Dios, es el don más bello que una persona puede recibir. Descubrir el dolor como un regalo de Dios, viene a ser la más alta sabiduría a que el hombre puede aspirar. Encontrar a Dios en la cruz, la alegría en el dolor y la serenidad en las pruebas, nos convierte en corredentores de nuestros hermanos, identificándonos con el que por nosotros murió en la cruz.
Aceptad el dolor como un regalo de Jesús, soportadlo por amor a Jesús. El dolor es el beso de Jesús y nos asemeja a Él.
Por eso solía decir frecuentemente: Hay que amar hasta que duela. Hay que amar hasta servir por amor. Porque el amor en acción se hace servicio a los demás.
Dile tú ahora a Jesús:
Señor, cuanto tenga hambre, dame alguien
que tenga necesidad de alimento.
Cuando tenga frío, mándame alguien
para que lo caliente.
Cuando tenga desaliento, mándame alguien
a quien tenga que dar ánimos.
Cuando tenga necesidad de comprensión,
mándame alguien que necesite la mía.
Hazme digno de servir a todos.
Y haz que todos encuentren en mí un ángel
que los conforte y los consuele. Amén.
Tu vida no es algo privado para ti solo. Tu vida no es una isla, es un archipiélago y todos te necesitan y tú necesitas a todos. ¿Acaso podrías vivir solo sin contar con nadie más? ¿Acaso te has dado la vida a ti mismo? ¿Acaso no has necesitado de una madre que te cuide durante los primeros años de tu vida? Por eso, y por mucho más, debes pensar que debes amar y ayudar y hacer felices los demás, pues en amar está el sentido de tu vida. Has sido creado con amor y por amor. Y sólo en el amor encontrarás la plenitud de la vida. De ahí que debes ayudar a los demás con lo poco o mucho que eres y tienes. Nunca te sientas tan pequeñito que creas que no sirves para nada. Piensa:
Si una nota musical dijera:
una nota no hace melodía,
no existiría la sinfonía.
Si una gota de agua dijese:
una gota no hace un riachuelo,
no existiría el océano.
Si un hombre dijera:
yo solo no puedo cambiar el mundo,
no habría ningún acto de justicia
ni de paz en el mundo.
Como la sinfonía necesita de cada nota,
como el océano necesita de cada gota de agua,
como el libro necesita de cada palabra,
así la humanidad entera necesita de ti,
porque tú eres único e insustituible.
Por eso, ¿quieres hacer feliz a alguien? Hazlo hoy, mientras hay tiempo. ¿Quieres regalar una flor? Regálala hoy, mientras tienes tiempo. ¿Quieres decir a alguien: Te amo? Díselo hoy, que tienes tiempo. ¿Quieres hacer las paces con quien te ha ofendido? Hazlo hoy y no esperes a mañana. ¿Quieres dar gracias a alguien? Hazlo hoy, mañana quizás no tengas tiempo. No esperes a que la gente se muera para quererla y decirle que la quieres, porque no sabes si tendrás tiempo.
Sonríe, ama, agradece y haz feliz a todos hoy. Así no tendrás que visitar los cementerios ni llenar las tumbas de flores para agradecer los favores recibidos, cuando ya sea tarde.
Al comenzar un nuevo día, debes saber que es un regalo de Dios. Un precioso regalo, de valor indecible y misterioso. Cada día es único e irremplazable. Cada día tiene su propio sentido en la historia general de tu vida. Lo que puedes hacer hoy no lo dejes para mañana. Cada día Dios te encomienda una tarea distinta, aunque pueda parecerte vieja, porque se parece en todo a la de otros muchos días. Sin embargo, es una tarea enteramente nueva y única. Llena, pues, este hoy que Dios te regala con mucho amor. Da paz y alegría a cuantos te rodean, haz felices a todos los que encuentres en tu camino. Vive con paz y armonía y transmite paz a tu alrededor. Si esto es así, el día de hoy será un día lleno, un día verdaderamente único e irreemplazable. Será un día divino en la historia de tu vida. Haz, pues, de este día un regalo lleno de flores y de amor para Dios y para los demás.
Vive el presente con alegría, vive el presente con ilusión. Cuida el tiempo presente, el aquí y ahora, pues en él vivirás el resto de tu vida. Libérate de la angustia del futuro. Ponlo en las manos de Dios y sigue cantando y luchando por un mundo mejor, haciendo felices a los demás.
Una vez, una niñita quería hacer feliz a su padre por el día de su cumpleaños y, después de pensarlo mucho, decidió envolver una cajita de cartón vacía con un bonito papel de regalo. Y se lo entregó a su papá con todo cariño. Su papá, cuando abrió el regalo y vio que la caja estaba vacía, se quedó extrañado y un poco triste. Pero ella le aclaró: Papá, antes de cerrar la cajita, la llené de besos para ti.
¡Qué hermoso regalo! ¡Una caja llena de besos para su papá! Pues bien, nuestro Padre Dios, quiere que nosotros, sus hijos pequeños, también le demos alegría todos los días y le digamos que lo amamos y le demos muchos besos y flores de amor. Le podrías decir:
Padre mío, concédeme que toda mi alma se postre ante tu puerta saludándote. Permíteme que todas mis canciones junten sus melodías para alegrarte. Que toda mi vida sea un largo caminar hacia tu eterno cielo, amándote y saludándote a cada paso. Te entrego y te ofrezco todas las flores del jardín de mi alma y todos los besos de mi corazón. Te ofrezco mi vida y te ofrezco mi corazón con todo mi amor.
AYUDA A CRISTO EN LOS QUE SUFREN
La Madre Teresa de Calcuta entregó su vida al cuidado de los más pobres de entre los pobres. A lo largo de su vida, atendió a millares de enfermos, moribundos, leprosos y a pobres de toda clase y condición. Para ella todos los que sufren son, especialmente, el Cristo sufriente en la tierra. Ella decía: Los pobres son el cuerpo de Cristo que sufre. Son Cristo mismo.
Por eso, les enseñaba a sus hermanas a atenderlos como atenderían al mismo Cristo en persona. Los que sufrían eran como parte de su propia familia. Decía:
Mi familia son aquellos a quienes nadie se acerca, porque son contagiosos y están llenos de microbios y suciedad. Aquellos que no van a rezar, porque no pueden ir desnudos. Aquellos que no comen, porque no les quedan fuerzas para hacerlo. Los que se caen desplomados por las aceras, sabiendo que están para morir y a cuyo lado pasan los vivos sin volver la mirada atrás. Los que no lloran, porque se les han agotado ya las lágrimas de tanto sufrir.
Y enseñaba a sus moribundos a ver a Dios hasta en la muerte que se acercaba. Les decía: La muerte no es sino el medio más fácil y más rápido de volver a Dios. ¡Si tuviéramos fe, si pudiéramos comprender que venimos de Dios y debemos volver a Él! Morir es volver a Dios, es volver a casa.10
La Madre Teresa ayudaba a los pobres y les ayudaba a bien morir. ¿No puedes tú también hacer algo por tantos pobres que sufren? Hay muchos pequeños detalles que puedes hacer por los demás y así dar un nuevo sentido de amor a tu vida. Veamos algunos ejemplos de algunos colaboradores de la Madre Teresa:
Adjunto un pequeño cheque. Había decidido comprarme un abrigo para este invierno. Lo he pensado mejor: el que tengo puede durar todavía uno o dos años. El cheque corresponde al importe del abrigo, que por ahora no me compro.
Soy una telefonista y remito un giro postal. Es el importe de mis cenas de un mes. He renunciado a la cena en la pensión, donde me hospedo. Pienso que una persona que, como yo, gracias a Dios, goza de muy buena salud, puede renunciar tranquilamente a la cena en beneficio de quienes pasan hambre. Seguiré mandando la misma cantidad todos los meses.
Somos una pareja de novios. Nos casaremos dentro de un mes. Hemos propuesto a nuestra familia y amigos que, en lugar de hacernos algún regalo, ya que queremos hacer una boda íntima y sin despilfarros, nos den en dinero lo equivalente a sus regalos para ofrecérselo a los pobres de la Madre Teresa.
Nosotros somos una familia normal y podemos comer tres veces al día. Por eso, les he propuesto a mis dos hijos de 5 y 8 años de compartir nuestro pan con los más pobres. Mi hijo de ocho años tuvo una idea: renunciar tres veces por semana al postre para darle el importe a los pobres de la Madre Teresa.
La señora Josepha Gosselke de Alemania cuenta el caso de una colaboradora alemana de la Madre Teresa, que, cuando vio cercana su muerte pidió a sus familiares que no hubiese flores ni coronas ni gastos supérfluos en su funeral y que, todo lo ahorrado, se lo diesen a la Madre Teresa. Lo recaudado fue de 833 marcos alemanes.
Y así podríamos seguir hablando de gestos de amor de muchos niños y adultos en favor de los más pobres, que deben sufrir, porque, no solamente no tienen lo suficiente para comer, sino que no tienen ni siquiera para curarse sus enfermedades, pues no tienen dinero para comprar sus medicinas. Y esos pequeños gestos de amor pueden revolucionar nuestra vida y darle un nuevo sentido de amor. De la misma manera, los que sufren, por diferentes enfermedades o miserias de la vida, también pueden ofrecer sus sufrimientos como gestos de amor a favor de los que no aman y no creen y viven sin sentido y sin amor en su corazón.
La Madre Teresa con toda su experiencia en el cuidado de enfermos y moribundos decía: El dolor es un don de Dios, es el don más bello que una persona puede recibir. Descubrir el dolor como un regalo de Dios, viene a ser la más alta sabiduría a que el hombre puede aspirar. Encontrar a Dios en la cruz, la alegría en el dolor y la serenidad en las pruebas, nos convierte en corredentores de nuestros hermanos, identificándonos con el que por nosotros murió en la cruz.
Aceptad el dolor como un regalo de Jesús, soportadlo por amor a Jesús. El dolor es el beso de Jesús y nos asemeja a Él.
Por eso solía decir frecuentemente: Hay que amar hasta que duela. Hay que amar hasta servir por amor. Porque el amor en acción se hace servicio a los demás.
Dile tú ahora a Jesús:
Señor, cuanto tenga hambre, dame alguien
que tenga necesidad de alimento.
Cuando tenga frío, mándame alguien
para que lo caliente.
Cuando tenga desaliento, mándame alguien
a quien tenga que dar ánimos.
Cuando tenga necesidad de comprensión,
mándame alguien que necesite la mía.
Hazme digno de servir a todos.
Y haz que todos encuentren en mí un ángel
que los conforte y los consuele. Amén.


