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Carta del hermano Roger de Taize. Dile Sí a la vida
CARTA DEL HERMANO ROGER DE TAIZE
El Hermano Roger escribió una carta a los jóvenes del mundo en 2003. En ella dice:
Hay que recordar que el sufrimiento no viene nunca de Dios. Dios no es el autor del mal, Dios no quiere la angustia humana ni los desórdenes de la naturaleza ni la violencia de los accidentes ni las guerras. Comparte el dolor de quien atraviesa la prueba y nos concede consolar a quien conoce el sufrimiento
Hemos sido creados para avanzar hacia el infinito. Por eso, resuenan en nuestros oídos las palabras de Dios: No te detengas, sigue avanzando, que tu alma viva Sin embargo, a veces ocurren cosas inesperadas y vienen los problemas con sus noches oscuras. Pero, si tenemos la luz de la fe en nuestro corazón, el ir por estos caminos de oscuridad, lejos de debilitarnos, nos puede construir interiormente. Por eso, debemos acoger cada día como un hoy de Dios. Él siempre tiene algo que decirnos. Hermano, busca la paz de tu corazón para que tu vida llegue a ser bella.
Sí, la vida puede ser hermosa, cuando tenemos a Dios en el corazón y ponemos nuestra mirada en Él, que nos mira con amor de Padre. Levanta tu mirada a lo alto, sonríe a tu Padre Dios. Quizás te está llamando a sufrir con Jesús en la cruz, quizás te está llamando a su presencia, quizás te está llamando a una nueva vida espiritual para que des frutos de vida eterna Avanza, no te detengas, no temas, vete hacia Él.
Ahora dile a Jesús:
Oh, Jesús, quédate conmigo, porque te necesito. Soy muy débil y necesito fuerzas para no caer en la tentación. Quédate conmigo en mis horas de dolor, porque sin Ti no puedo soportar mis sufrimientos. Quédate conmigo, Señor, porque Tú eres mi luz en la oscuridad. Quédate conmigo, porque sin Ti no puedo vivir. Tú eres mi alegría y sin Ti me encuentro triste.
Señor, que siempre pueda decir: Aunque pase por un valle de tinieblas no temeré mal alguno, porque Tú estás conmigo (Sal 23,4). Quédate conmigo, porque deseo amarte más y más y estar siempre contigo. Amén.
DILE SÍ A LA VIDA
Gracias, Señor, por mi vida,
porque Tú me amaste
antes de que el primer sol brillara
en los espacios infinitos
y el primer amanecer naciera en el horizonte.
Gracias, porque antes de que el canto
de la primera noche
arrullara las estrellas y antes del primer día
en los billones de años de edad del Universo,
cuando aún no existía la noche,
que mide el tiempo,
ni el sol brillaba en el firmamento azul,
antes de la creación del Universo,
Tú, Dios mío, decidiste crearme.
Gracias, porque en la eternidad del tiempo,
cuando todo era silencio y vacío,
Tú me acariciabas en tu corazón
y soñabas conmigo,
derramando sobre mí tus bendiciones.
¡Oh, Dios mío! ¡Gracias por mi vida!
¡Bendita sea mi vida! Quiero vivirla en plenitud
y amarte sin descanso para agradecerte
tu infinita bondad.
GRACIAS, Señor, por mi vida y por tu amor.
Ni toda la eternidad será suficiente
para decirte cuánto te amo.
Gracias por los siglos de los siglos. Amén.
El Hermano Roger escribió una carta a los jóvenes del mundo en 2003. En ella dice:
Hay que recordar que el sufrimiento no viene nunca de Dios. Dios no es el autor del mal, Dios no quiere la angustia humana ni los desórdenes de la naturaleza ni la violencia de los accidentes ni las guerras. Comparte el dolor de quien atraviesa la prueba y nos concede consolar a quien conoce el sufrimiento
Hemos sido creados para avanzar hacia el infinito. Por eso, resuenan en nuestros oídos las palabras de Dios: No te detengas, sigue avanzando, que tu alma viva Sin embargo, a veces ocurren cosas inesperadas y vienen los problemas con sus noches oscuras. Pero, si tenemos la luz de la fe en nuestro corazón, el ir por estos caminos de oscuridad, lejos de debilitarnos, nos puede construir interiormente. Por eso, debemos acoger cada día como un hoy de Dios. Él siempre tiene algo que decirnos. Hermano, busca la paz de tu corazón para que tu vida llegue a ser bella.
Sí, la vida puede ser hermosa, cuando tenemos a Dios en el corazón y ponemos nuestra mirada en Él, que nos mira con amor de Padre. Levanta tu mirada a lo alto, sonríe a tu Padre Dios. Quizás te está llamando a sufrir con Jesús en la cruz, quizás te está llamando a su presencia, quizás te está llamando a una nueva vida espiritual para que des frutos de vida eterna Avanza, no te detengas, no temas, vete hacia Él.
Ahora dile a Jesús:
Oh, Jesús, quédate conmigo, porque te necesito. Soy muy débil y necesito fuerzas para no caer en la tentación. Quédate conmigo en mis horas de dolor, porque sin Ti no puedo soportar mis sufrimientos. Quédate conmigo, Señor, porque Tú eres mi luz en la oscuridad. Quédate conmigo, porque sin Ti no puedo vivir. Tú eres mi alegría y sin Ti me encuentro triste.
Señor, que siempre pueda decir: Aunque pase por un valle de tinieblas no temeré mal alguno, porque Tú estás conmigo (Sal 23,4). Quédate conmigo, porque deseo amarte más y más y estar siempre contigo. Amén.
DILE SÍ A LA VIDA
Gracias, Señor, por mi vida,
porque Tú me amaste
antes de que el primer sol brillara
en los espacios infinitos
y el primer amanecer naciera en el horizonte.
Gracias, porque antes de que el canto
de la primera noche
arrullara las estrellas y antes del primer día
en los billones de años de edad del Universo,
cuando aún no existía la noche,
que mide el tiempo,
ni el sol brillaba en el firmamento azul,
antes de la creación del Universo,
Tú, Dios mío, decidiste crearme.
Gracias, porque en la eternidad del tiempo,
cuando todo era silencio y vacío,
Tú me acariciabas en tu corazón
y soñabas conmigo,
derramando sobre mí tus bendiciones.
¡Oh, Dios mío! ¡Gracias por mi vida!
¡Bendita sea mi vida! Quiero vivirla en plenitud
y amarte sin descanso para agradecerte
tu infinita bondad.
GRACIAS, Señor, por mi vida y por tu amor.
Ni toda la eternidad será suficiente
para decirte cuánto te amo.
Gracias por los siglos de los siglos. Amén.


