Autor: | Editorial:
No te desanimes. Arriésgate a vivir
NO TE DESANIMES
¡Qué fácil es ponerse triste ante los acontecimientos adversos de la vida! ¡Qué fácil es querer morirse, cuando uno tiene una enfermedad incurable! Somos humanos y buscamos desesperadamente la felicidad en las cosas de este mundo. Pero Dios tiene sus planes sobre nuestra vida y nos rompe, a veces, los esquemas y los planes humanos, que habíamos trazado con tanta ilusión. Pero nunca hay que desanimarse. Dios es siempre un Padre amoroso, que nos ama y que nos espera a la vuelta del camino, aunque parezca que no nos escucha o creamos que nos ha castigado. Dios es amor y sigue confiando en nosotros, a pesar de todo.
Por eso, cuando tengas contratiempos en la vida o enfermedades o sufrimientos indecibles sigue caminando, sigue adelante; pide ayuda, pero no te rindas; ofrece tu dolor, pero no te rebeles. Mira siempre hacia delante, nunca hacia atrás. Si no puedes trotar, camina; si no puedes caminar, vete en silla de ruedas; pero no te detengas, sigue siempre ADELANTE.
Carlo Carretto, el gran escritor italiano, cuenta que, a sus 40 años, soñaba con fundar un convento en medio de los Alpes y una inyección mal puesta lo dejó cojo para toda la vida. Pero él no se desesperó, a pesar de ser un buen alpinista, sino que se fue al Sáhara, donde escribió libros maravillosos en la soledad y el silencio del desierto. Y dice: Lo que parecía una desgracia, un accidente absurdo, Dios lo transformó en gracia. Dios me obligó a estar quieto, a mí que sólo pensaba en trabajar y hacer algo. Ahora sé que Dios es demasiado bueno para hacerme daño y sé que nunca me va a fallar. Pero tuvo que recurrir a dejarme quieto, aunque fuera cojo, para que pudiera aprender a amarlo con todo mi corazón. Y ahora le doy las gracias por ello y por mi pierna coja que llevo arrastrando con un bastón desde hace treinta años.
Arthur Miller escribió en Después de la caída: Soñaba con ser feliz y tener un hijo. Y me nació un niño mongólico. Yo lo rechazaba, no lo quería. Y, sin embargo, él trataba de subir a mis rodillas. Me tiraba de la ropa. Entonces pensé: Si pudiera besarlo, quizás conseguiría dormir. Y me incliné y besé aquel rostro martirizado. Fue terrible y, sin embargo, lo besé y me sentí contento de hacerlo feliz.
Por eso, yo te digo que la vida vale la pena vivirla, aunque sea en silla de ruedas o con graves limitaciones. Porque, mientras tengas capacidad para pensar y para amar, tu vida será más preciosa y más valiosa a los ojos de Dios que la de los más grandes hombres de la tierra, que sólo piensan en divertirse y en cosas materiales. Tu vida, por más dura que sea, es una vida divina, es un regalo de Dios y debes valorar ese regalo y vivirlo con agradecimiento. Después, vendrá tu recompensa. No hay mal que dure cien años Y serás feliz eternamente con una felicidad inmensa, como jamás podrías imaginar. No te sientas menos que aquellos que tienen buena salud y muchas cosas materiales. Dios te ama así y tú debes sentirte orgulloso de ser hijo de Dios y de ser amado de Dios y de amarlo con todo tu corazón, procurando amar y hacer felices a los demás.
Diles a todos, con tu amor y el ofrecimiento generoso de tu existencia, con tu dolor y tus limitaciones, que los amas. Díselo a los que puedas con tu sonrisa, con un GRACIAS sincero por los servicios que te prestan. Haz sonreír a todos, sonríe a todos. Y no te olvides que Jesús quiere ser tu amigo y te espera siempre en la Eucaristía. Vete a visitarlo para agradecerle esta vida, que te ha regalado, y para decirle que estás dispuesto a vivirla para los demás.
ARRIÉSGATE A VIVIR
Hay muchas personas que tienen miedo
de arriesgarse.
Si se ríen, creen que van a parecer tontos.
Si lloran, temen parecer unos sentimentales.
Tienen miedo de hacer algo por los demás,
porque no quieren involucrarse
ni meterse en líos.
Pero debes saber que amar es arriesgarse
a no ser correspondido,
Luchar por algo es arriesgarse a fracasar
y vivir es arriesgarse a morir.
Pero, si nunca te arriesgas por nada,
si no te esfuerzas por conseguir un ideal, entonces...
no padecerás insomnio ni preocupaciones
ni sufrirás decepciones y fracasos,
pero tu vida será un continuo fracaso,
porque no hay mayor fracaso
que no hacer nada
y no arriesgarse por nada.
Por eso, te recomiendo que nunca dejes de soñar, pues soñar es el principio de un sueño hecho realidad. Quizás hubo un momento en que creíste que tu vida no tenía sentido y que preferías morir a vivir. Quizás pensaste que la tristeza sería tu compañera eterna y, sin embargo, ahora puedes sentir la alegría de vivir. Quizás creíste que nunca podrías hacer nada por ti mismo y que serías un inútil sin remedio, pero ahora te das cuenta de que estabas equivocado y que has podido hacer muchas cosas con esfuerzo y sacrificio.
Sí, vale la pena seguir viviendo con Dios en el corazón, vale la pena seguir luchando por un ideal, vale la pena seguir trabajando por conseguir la meta soñada. Por eso, nunca tires la toalla, nunca te desanimes, nunca bajes la guardia. Tu Padre Dios, está pendiente de ti y se siente orgulloso de ti. Sigue adelante, sigue caminando, pues caminar es vivir y mientras hay vida hay esperanza.
Además, las pruebas de la vida son como peldaños para subir más arriba, cerca de Dios. Te contaré lo que le sucedió a un niño. Estaba jugando en un lago con su barquito de papel. De pronto, su barquito empezó a alejarse de la orilla. Y él, gritando pidió auxilio a un joven que estaba cerca. El joven cogió unas piedras y las empezó a tirar al barquito, que se tambaleaba por el ímpetu de las pequeñas olas. El niño creyó que el joven quería hundir su barquito y que se estaba burlando de él. Pero pronto se dio cuenta de que ninguna piedra tocaba su barquito y que, en vez de alejarlo, lo acercaban a la orilla. Pues así nos pasa a nosotros con Dios. Cada prueba o dificultad es como una piedra en el camino de la vida. Dios no se burla de nosotros, aunque nos haga temblar un poco, más bien nos está ayudando, pues si sabemos aceptar su voluntad, las pruebas de la vida nos irán acercando poco a poco más a Él.
Una de las pruebas más difíciles que debes aprender a superar es el deseo de venganza contra los que te han despreciado u ofendido. Pero no debes caer en el abismo del odio, que podría envenenar tu vida y dejar para siempre una nube de tristeza en tu corazón. Libérate de esos sentimientos negativos, perdona a todos y perdónate a ti mismo. De otro modo, nunca podrás disfrutar de la paz del corazón y vivirás siempre esclavo de la amargura y del rencor. Levanta tus ojos al cielo, mira a Jesús clavado en la cruz y perdona... Perdona sin condiciones. Porque no hay liberación más grande y hermosa que la que da el perdonar. Sé libre, no te dejes atrapar por el demonio del odio. Sólo así la alegría de Dios brillará en tu corazón y podrás sonreír de verdad a cada uno de los que te rodean y decirles de verdad: YO TE AMO.
Otro detalle importante que quiero enseñarte es que aprendas a mirar los ojos de las personas que amas. Los ojos son las ventanas del alma y, cuando miras a una persona pura e inocente como los niños, podrás ver en esos ojos un resplandor de la alegría de Dios. ¿Te imaginas lo hermoso que es mirar un bello paisaje? Pues la mitad de la belleza del paisaje está en los ojos de la persona que lo mira. Hay quienes nunca ven la belleza en nada. Hay quienes pareciera que son ciegos para ver la belleza que Dios ha sembrado en la naturaleza. Son incapaces de conmoverse ante una puesta de sol, o ante el canto de un pajarito o ante la sonrisa de un niño. Tales personas son incapaces de disfrutar la alegría de vivir.
Por eso, tú sé un poco poeta de la vida. Mira las cosas desde el punto de vista de Dios. Mira el amor que Dios ha puesto en todas sus obras. Mira el amor que Dios te manifiesta en ese maravilloso amanecer o en ese pajarito que canta con tanto calor. Pero recuerda siempre que los más brillantes amaneceres y los paraísos más increíbles se encuentran en los ojos y en el corazón de las personas que te aman.
Haz la prueba, mira los ojos de un niño puro e inocente, mira los ojos de tu madre, mira el rostro alegre de un hombre bueno, y encontrarás paz y alegría para seguir viviendo. Procura ser tú también alegría para los demás y que ellos vengan a buscar en ti, esos maravillosos mensajes de amor, que Dios ha dejado sembrados en tus ojos y en tu corazón.
¡Qué fácil es ponerse triste ante los acontecimientos adversos de la vida! ¡Qué fácil es querer morirse, cuando uno tiene una enfermedad incurable! Somos humanos y buscamos desesperadamente la felicidad en las cosas de este mundo. Pero Dios tiene sus planes sobre nuestra vida y nos rompe, a veces, los esquemas y los planes humanos, que habíamos trazado con tanta ilusión. Pero nunca hay que desanimarse. Dios es siempre un Padre amoroso, que nos ama y que nos espera a la vuelta del camino, aunque parezca que no nos escucha o creamos que nos ha castigado. Dios es amor y sigue confiando en nosotros, a pesar de todo.
Por eso, cuando tengas contratiempos en la vida o enfermedades o sufrimientos indecibles sigue caminando, sigue adelante; pide ayuda, pero no te rindas; ofrece tu dolor, pero no te rebeles. Mira siempre hacia delante, nunca hacia atrás. Si no puedes trotar, camina; si no puedes caminar, vete en silla de ruedas; pero no te detengas, sigue siempre ADELANTE.
Carlo Carretto, el gran escritor italiano, cuenta que, a sus 40 años, soñaba con fundar un convento en medio de los Alpes y una inyección mal puesta lo dejó cojo para toda la vida. Pero él no se desesperó, a pesar de ser un buen alpinista, sino que se fue al Sáhara, donde escribió libros maravillosos en la soledad y el silencio del desierto. Y dice: Lo que parecía una desgracia, un accidente absurdo, Dios lo transformó en gracia. Dios me obligó a estar quieto, a mí que sólo pensaba en trabajar y hacer algo. Ahora sé que Dios es demasiado bueno para hacerme daño y sé que nunca me va a fallar. Pero tuvo que recurrir a dejarme quieto, aunque fuera cojo, para que pudiera aprender a amarlo con todo mi corazón. Y ahora le doy las gracias por ello y por mi pierna coja que llevo arrastrando con un bastón desde hace treinta años.
Arthur Miller escribió en Después de la caída: Soñaba con ser feliz y tener un hijo. Y me nació un niño mongólico. Yo lo rechazaba, no lo quería. Y, sin embargo, él trataba de subir a mis rodillas. Me tiraba de la ropa. Entonces pensé: Si pudiera besarlo, quizás conseguiría dormir. Y me incliné y besé aquel rostro martirizado. Fue terrible y, sin embargo, lo besé y me sentí contento de hacerlo feliz.
Por eso, yo te digo que la vida vale la pena vivirla, aunque sea en silla de ruedas o con graves limitaciones. Porque, mientras tengas capacidad para pensar y para amar, tu vida será más preciosa y más valiosa a los ojos de Dios que la de los más grandes hombres de la tierra, que sólo piensan en divertirse y en cosas materiales. Tu vida, por más dura que sea, es una vida divina, es un regalo de Dios y debes valorar ese regalo y vivirlo con agradecimiento. Después, vendrá tu recompensa. No hay mal que dure cien años Y serás feliz eternamente con una felicidad inmensa, como jamás podrías imaginar. No te sientas menos que aquellos que tienen buena salud y muchas cosas materiales. Dios te ama así y tú debes sentirte orgulloso de ser hijo de Dios y de ser amado de Dios y de amarlo con todo tu corazón, procurando amar y hacer felices a los demás.
Diles a todos, con tu amor y el ofrecimiento generoso de tu existencia, con tu dolor y tus limitaciones, que los amas. Díselo a los que puedas con tu sonrisa, con un GRACIAS sincero por los servicios que te prestan. Haz sonreír a todos, sonríe a todos. Y no te olvides que Jesús quiere ser tu amigo y te espera siempre en la Eucaristía. Vete a visitarlo para agradecerle esta vida, que te ha regalado, y para decirle que estás dispuesto a vivirla para los demás.
ARRIÉSGATE A VIVIR
Hay muchas personas que tienen miedo
de arriesgarse.
Si se ríen, creen que van a parecer tontos.
Si lloran, temen parecer unos sentimentales.
Tienen miedo de hacer algo por los demás,
porque no quieren involucrarse
ni meterse en líos.
Pero debes saber que amar es arriesgarse
a no ser correspondido,
Luchar por algo es arriesgarse a fracasar
y vivir es arriesgarse a morir.
Pero, si nunca te arriesgas por nada,
si no te esfuerzas por conseguir un ideal, entonces...
no padecerás insomnio ni preocupaciones
ni sufrirás decepciones y fracasos,
pero tu vida será un continuo fracaso,
porque no hay mayor fracaso
que no hacer nada
y no arriesgarse por nada.
Por eso, te recomiendo que nunca dejes de soñar, pues soñar es el principio de un sueño hecho realidad. Quizás hubo un momento en que creíste que tu vida no tenía sentido y que preferías morir a vivir. Quizás pensaste que la tristeza sería tu compañera eterna y, sin embargo, ahora puedes sentir la alegría de vivir. Quizás creíste que nunca podrías hacer nada por ti mismo y que serías un inútil sin remedio, pero ahora te das cuenta de que estabas equivocado y que has podido hacer muchas cosas con esfuerzo y sacrificio.
Sí, vale la pena seguir viviendo con Dios en el corazón, vale la pena seguir luchando por un ideal, vale la pena seguir trabajando por conseguir la meta soñada. Por eso, nunca tires la toalla, nunca te desanimes, nunca bajes la guardia. Tu Padre Dios, está pendiente de ti y se siente orgulloso de ti. Sigue adelante, sigue caminando, pues caminar es vivir y mientras hay vida hay esperanza.
Además, las pruebas de la vida son como peldaños para subir más arriba, cerca de Dios. Te contaré lo que le sucedió a un niño. Estaba jugando en un lago con su barquito de papel. De pronto, su barquito empezó a alejarse de la orilla. Y él, gritando pidió auxilio a un joven que estaba cerca. El joven cogió unas piedras y las empezó a tirar al barquito, que se tambaleaba por el ímpetu de las pequeñas olas. El niño creyó que el joven quería hundir su barquito y que se estaba burlando de él. Pero pronto se dio cuenta de que ninguna piedra tocaba su barquito y que, en vez de alejarlo, lo acercaban a la orilla. Pues así nos pasa a nosotros con Dios. Cada prueba o dificultad es como una piedra en el camino de la vida. Dios no se burla de nosotros, aunque nos haga temblar un poco, más bien nos está ayudando, pues si sabemos aceptar su voluntad, las pruebas de la vida nos irán acercando poco a poco más a Él.
Una de las pruebas más difíciles que debes aprender a superar es el deseo de venganza contra los que te han despreciado u ofendido. Pero no debes caer en el abismo del odio, que podría envenenar tu vida y dejar para siempre una nube de tristeza en tu corazón. Libérate de esos sentimientos negativos, perdona a todos y perdónate a ti mismo. De otro modo, nunca podrás disfrutar de la paz del corazón y vivirás siempre esclavo de la amargura y del rencor. Levanta tus ojos al cielo, mira a Jesús clavado en la cruz y perdona... Perdona sin condiciones. Porque no hay liberación más grande y hermosa que la que da el perdonar. Sé libre, no te dejes atrapar por el demonio del odio. Sólo así la alegría de Dios brillará en tu corazón y podrás sonreír de verdad a cada uno de los que te rodean y decirles de verdad: YO TE AMO.
Otro detalle importante que quiero enseñarte es que aprendas a mirar los ojos de las personas que amas. Los ojos son las ventanas del alma y, cuando miras a una persona pura e inocente como los niños, podrás ver en esos ojos un resplandor de la alegría de Dios. ¿Te imaginas lo hermoso que es mirar un bello paisaje? Pues la mitad de la belleza del paisaje está en los ojos de la persona que lo mira. Hay quienes nunca ven la belleza en nada. Hay quienes pareciera que son ciegos para ver la belleza que Dios ha sembrado en la naturaleza. Son incapaces de conmoverse ante una puesta de sol, o ante el canto de un pajarito o ante la sonrisa de un niño. Tales personas son incapaces de disfrutar la alegría de vivir.
Por eso, tú sé un poco poeta de la vida. Mira las cosas desde el punto de vista de Dios. Mira el amor que Dios ha puesto en todas sus obras. Mira el amor que Dios te manifiesta en ese maravilloso amanecer o en ese pajarito que canta con tanto calor. Pero recuerda siempre que los más brillantes amaneceres y los paraísos más increíbles se encuentran en los ojos y en el corazón de las personas que te aman.
Haz la prueba, mira los ojos de un niño puro e inocente, mira los ojos de tu madre, mira el rostro alegre de un hombre bueno, y encontrarás paz y alegría para seguir viviendo. Procura ser tú también alegría para los demás y que ellos vengan a buscar en ti, esos maravillosos mensajes de amor, que Dios ha dejado sembrados en tus ojos y en tu corazón.


