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Autor: | Editorial:



CAPÍTULO XV



AFECTOS GENERALES SOBRE LAS ANTERIORES RESOLUCIONES, Y CONCLUSIÓN DEL EJERCICIO

¡ Oh amadas resoluciones!, vosotras sois el hermoso árbol de la vida que mi Dios ha plantado, con su mano, en medio de mi corazón, y que mi corazón quiere regar con su sangre, para que fructifique; antes mil muertes, que permitir que viento alguno lo arranque. No, ni la vanidad, ni las delicias, ni las riquezas, ni las tribulaciones me arrancarán jamás mi propósito.

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