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Autor: | Editorial:



CAPÍTULO XV



DE OTROS EJERCICIOS PÚBLICOS Y EN COMÚN


Además de esto, Filotea, los domingos y días de fiesta, asistirás al oficio de las Horas y de las Vísperas, si puedes buenamente; porque estos días están dedicados a Dios, y han de hacerse más actos en honor y gloria suya, que los demás días. Si así lo hicieres, sentirás mil dulzuras de devoción, como le ocurría a San Agustín, el cual afirma en sus confesiones que, al oír los divinos oficios, en los comienzos de su conversión, se derretía su corazón de suavidad y se arrasaban sus ojos de lágrimas de piedad. Aparte (para decirlo de una vez por todas) de que se siente más consuelo en los ejercicios públicos de la Iglesia, que en los actos particulares, pues Dios ha dispuesto que la comunidad sea preferible a cualesquiera singularidades.

Entra de buen grado en las cofradías del lugar donde resides, especialmente en aquellas cuyos ejercicios producen más fruto de edificación; porque, en esto, practicarás una especie de obediencia muy agradable a Dios, pues si bien no está mandado el ingreso en las cofradías, no obstante está muy recomendado por la Iglesia, la cual, para demostrar que es su deseo el que muchos se alisten en ellas, concede indulgencias y otros privilegios a los cofrades. Además, siempre es cosa muy caritativa concurrir y cooperar a los buenos intentos de otros. Y, aunque pueda darse el caso de que alguno haga, en particular, los mismos actos de piedad que, en las cofradías, se hacen en común, y aunque encuentre más gusto en hacerlos privadamente, Dios, empero, es más glorificado en la unión de nuestras buenas obras con las de nuestros hermanos.

Lo mismo digo de toda clase de preces y devociones públicas, a las cuales, en la medida de lo posible, hemos de aportar nuestro buen ejemplo, para la edificación del prójimo, y nuestro celo por la gloria de Dios y por las intenciones de la comunidad.



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