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II. Dimensión Fisiológica

En un período relativamente breve, el cuerpo infantil se transforma en adulto. Los cambios exteriores son a menudo tan pronunciados que, a primera vista, el muchacho puede parecer un desconocido para quienes no lo han visto en dos o tres años. Los cambios que se producen en el interior del cuerpo -en el tamaño, forma y funcionamiento de los diferentes órganos y glándulas-, no son visibles pero son tan importantes como los exteriores.

Una clasificación conveniente de las modificaciones corporales incluye estas categorías principales: aumento del tamaño corporal, cambios en las proporciones del cuerpo y desarrollo de las características sexuales primarias (órganos sexuales) y secundarias (vellosidad, cambio de la voz, fisonomía corpórea). Pese a las diferencias individuales en el ritmo de las transformaciones, el patrón es similar para todos los niños y, por lo tanto, es predecible. Esto permite ofrecer al muchacho una adecuada información preventiva por parte de los padres y formadores.


A. Etapas de la pubertad


Etapa prepubescente: Etapa inmadura en la cual suceden los primeros cambios corporales y comienzan a desarrollarse las características sexuales secundarias o los rasgos físicos que distinguen a los dos sexos, pero en la que todavía no se ha desarrollado la función reproductora (entre los 11 y los 13 años en el muchacho).

Etapa pubescente: Etapa de maduración en la cual se producen las células sexuales en los órganos de reproducción, pero en la que aún no se han completado los cambios corporales (entre los 13 y los 15 años).

Etapa postpubescente: Etapa madura en la cual los órganos sexuales funcionan a la perfección, el cuerpo ha alcanzado la altura y las proporciones debidas y las características sexuales secundarias están bien desarrolladas (entre los 15 y los 18 años).

B. Importancia de la transformación del cuerpo


Los cambios radicales del cuerpo tienen repercusiones tanto físicas como psicológicas. Las alteraciones físicas determinan no sólo lo que el joven adolescente puede hacer sino también lo que quiere hacer. Estas transformaciones corporales se acompañan generalmente de fatiga, falta de ánimo y otros síntomas de una salud deficiente que asumen proporciones exageradas cuando los cambios físicos se suceden con rapidez.

Vamos a señalar algunos factores relacionados con los cambios físicos y que repercuten en el comportamiento del muchacho:

a) Rapidez del cambio: un crecimiento rápido altera de tal manera el cuerpo que puede llevar a que el pubescente, incapaz de aceptar en seguida su nueva figura y de efectuar una revisión de su propia imagen física, pueda convertirse en una persona sumamente cohibida.

b) Falta de preparación: El grado de conocimiento y de preaviso que el muchacho tenga de los cambios que se operan en su cuerpo incidirá notablemente en su actitud hacia estas modificaciones. Es obvio que este preaviso se debe realizar con tacto, pues una cosa es avisar de advenimientos futuros y otra anticiparlos provocando la curiosidad malsana. Es importante dar este preaviso de forma muy positiva, natural, sin bajar a detalles, pero usando un lenguaje comprensible. No se trata tampoco de ocultar la verdad con historietas infantiles o ingenuas.

d) Expectativas sociales: La actitud del adolescente hacia su cuerpo y sus rasgos faciales está influida por lo que él cree que las personas que importan en su vida, en especial sus padres y sus amigos, piensan de su apariencia. Un aspecto físico que se juzgue de modo desfavorable podrá hacer que el adolescente se sienta socialmente inseguro.

e) Estereotipos: los medios de comunicación "venden" también estereotipos de adolescente, de condición y presencia física. Una comparación negativa con el propio desarrollo físico puede llevar al muchacho al autorechazo y a la cohibición.

Una de las tareas evolutivas más difíciles para el adolescente es la aceptación de su cuerpo y de su figura, que ahora están cambiando significativamente. Casi todos los niños aguardan con impaciencia el momento de su crecimiento, pero los cambios que se operan en sus cuerpos les causan más angustia que placer. En general, la insatisfacción respecto de la apariencia se agudiza poco después de haberse alcanzado la madurez sexual, o sea en la edad en que se cursan estudios secundarios. A partir de entonces, los adolescentes bien equilibrados muestran una aceptación creciente de sí mismos y de su apariencia. Es interesante saber que los muchachos, en esta época de cambio, tienden a tener una opinión desfavorable de sus aptitudes.
La preocupación intensa y persistente por el cambio corporal se hace evidente cuando los adolescentes toman medidas para conformar sus cuerpos a sus ideales y al estereotipo cultural de lo que es apropiado a su sexo. Para alcanzar este objetivo, se ponen incluso en manos de la cirugía plástica para mejorar un rasgo facial, como una nariz grande; se someten a un tratamiento de ortodoncia, con la esperanza de mejorar la forma y la apariencia de la boca; adquieren lentes de contacto; siguen dietas rigurosas si creen que están excedidos de peso y buscan el auxilio de los dermatólogos para el tratamiento de su acné y de otros trastornos de la piel.

El formador, sin adoptar desprecio o cierta burla hacia estas preocupaciones del muchacho, debe orientarlo hacia los ideales que trae entre manos, de forma que no le dé importancia desmedida a estos elementos secundarios. Debe lograr del muchacho la aceptación y sana autoestima, recordándole oportunamente los elementos fundamentales y permanentes de la persona, los que realmente valen.

Por otra parte conviene tener en cuenta que entre los adolescentes la tendencia es la de ridiculizarse unos a otros tomando como tema de conversación ordinario los defectos físicos de cada uno. Aquí no hay misericordia con nadie. Cuánto sufren algunos adolescentes por el sarcasmo de algunos de sus compañeros incitados por la iniciativa de los más líderes. La presencia vigilante e incluso firme del formador es necesaria para evitar situaciones que no llevan sino a la desintegración de un grupo, a crear tensiones inútiles y, no pocas veces, a traumas personales.
Tarde o temprano, la mayoría de los adolescentes se adapta a los cambios físicos de la pubertad. Entonces se acomodan a la situación, en parte porque se sienten, en relación a su cuerpo, más satisfechos que antes, en parte porque aprenden a realzar sus aspectos buenos y a disimular los desfavorables y, en parte, porque se sienten mejor físicamente ya que el rápido crecimiento que absorbía sus energías se aminora.

Es necesario recordar la importancia especial que el deporte y la actividad física adquieren a lo largo de toda la adolescencia, en el crecimiento sano de la propia corporalidad y de la misma psicología. No pocas enfermedades y tensiones de la adolescencia podrían al menos reducirse si se contara con una actividad física bien programada. Pero téngase en cuenta que, igual que su ausencia, el exceso de deporte puede incidir en la falta de rendimiento posterior, por ejemplo en actividades intelectuales, por desgaste físico repetido.

C. Sexualidad y genitalidad


La sexualidad en la persona humana comprende todas sus dimensiones: la fisiológica, la psicológica y la espiritual, siendo de esta manera un "modo de ser" persona (hombre-mujer) que afecta todos sus actos. Sería un error muy grave presentar al muchacho la sexualidad de modo reductivo o negativo, o que confundiera la "madurez" del sexo gonádico -es decir, en la producción de esperma- y de los órganos genitales, con la madurez en la sexualidad. La sexualidad habla de donación afectiva e íntima, de unión fecunda en el amor matrimonial, de una concepción del hombre abierto a la relación complementaria en el amor y para el amor, un amor auténtico: total, fiel, fecundo y eterno.
Aquí señalamos sólo algunos aspectos concernientes al desencadenamiento del desarrollo fisiológico: la maduración del sexo gonádico y genital. El muchacho debe conocer de antemano los cambios que va a experimentar, entender su significado y el papel que juegan en su madurez integral, y tener los resortes psicológicos y espirituales para vivirlos con naturalidad.
Las diferencias en cuanto a la edad de la maduración sexual se deben a variaciones en el funcionamiento de las glándulas endocrinas que son responsables de la transformación del cuerpo infantil en el de un adulto. Los chicos maduran aproximadamente un año después que las chicas, es decir, alrededor de los 13 y 14 años. Esta diferencia se manifiesta no sólo en los cuerpos más grandes y más desarrollados de las mujeres sino también en su comportamiento más maduro, más agresivo y su conducta más consciente del sexo.

Dependiendo de que la maduración se produzca antes o después de la edad promedio, se habla de maduración precoz o maduración tardía, respectivamente. Una reserva insuficiente de hormonas gonádicas retrasa la pubertad e impide el desarrollo normal de los órganos genitales y de los aspectos sexuales secundarios (vellosidad, cambio de voz, desarrollo muscular, etc.). Cuando la pubertad se demora, los chicos pueden presentar una apariencia algo femenina. Por lo general tienen un aspecto infantil y muchas veces parecen inmaduros. Pero no quita que en algunos este retardo les lleve a desarrollar, en contrapartida, unos aspectos de inteligencia y simpatía que les ganen la estima de los compañeros.
La pubertad acelerada, conocida como pubertad precoz, se debe a una provisión excesiva de la hormona gonadotrópica durante los primeros años de la infancia. Ello afecta a las gónadas y el individuo madura demasiado pronto. También esto puede causar algunos traumas en el muchacho, al verse diferente ("desproporcionadamente grande") y no saber qué le está pasando.
Presentamos a continuación algunos factores que afectan a la maduración del sexo gonádico y genital:

a) Herencia: la edad de maduración se proyecta en la familia. Lo que fue la experiencia del padre, precoz o no, puede ser la del hijo.

b) Inteligencia: los niños de inteligencia superior maduran sexualmente un poco antes que aquellos cuyo índice intelectual corresponde al término medio o es inferior a éste.

c) Salud: la buena salud, debida a un adecuado cuidado prenatal y postnatal, deriva en una maduración más temprana.
d) Nutrición: una dieta en la que predominan las proteínas da por resultado una maduración precoz. Algunas investigaciones en curso encuentran una relación estrecha entre el desarrollo precoz y la ingestión de alimentos vegetales y animales estimulados con hormonas.

e) Nivel socioeconómico de la familia: cuanto mejor es el medio socioeconómico, tanto mayores son las posibilidades de una maduración temprana. Como consecuencia de una atención médica deficiente y de una nutrición por debajo de lo normal, los niños criados en ambientes socioeconómicos deficitarios maduran a menudo más tarde, tal como sucede con los provenientes de medios rurales.

f) Tamaño y conformación del cuerpo: los niños más altos y más obesos alcanzan antes la madurez sexual. Los niños con cuerpos de tipo femenino (caderas anchas y piernas cortas) tienden también a una maduración precoz; a la inversa, los de conformación masculina (hombros anchos y piernas largas) tienden a la maduración tardía.


Algunos posibles efectos según el tipo de maduración:

a) Maduración precoz: reputación favorable fundada en una capacidad atlética superior; frecuente elección para cumplir roles dirigentes; popularidad con las chicas a causa de intereses sociales, aptitudes y sofisticación (carácter rico y completo del que ha viajado bastante, tiene abundantes relaciones sociales, experiencias culturales, etc.); confianza en sí mismo y autoconcepto favorable en razón de un trato social propicio. Esto no quita, como hemos señalado, que pueda traer ciertos traumas si el ambiente y el preaviso no es adecuado.

b) Maduración tardía: elección poco frecuente para cumplir roles dirigentes; turbación, apocamiento y timidez causados por un físico poco desarrollado; rechazo por las chicas en las actividades sociales por falta de sofisticación; autorrechazo debido a las actitudes sociales poco favorables.

Ya hemos señalado de alguna forma la importancia de enseñar al muchacho, en el momento y el modo adecuado, la diferencia entre recibir una sensación y el consentirla. Esto es importante para que el muchacho, cuando empiece a experimentar los impulsos fisiológicos de la sexualidad, pueda juzgar y actuar con naturalidad. Debe entender que el impulso mecánico de excitación de los órganos genitales ante un estímulo presentado de improviso -claramente no buscado-, que la eyaculación nocturna espontánea, que la misma tendencia sexual, etc., a los ojos de Dios, son algo natural si no se consiente en esos momentos a la búsqueda de placer egoísta, y si se encauza esa fuerza hacia un amor verdadero, que equivale siempre, y más en su edad, al dominio de sí por amor a Cristo, al respeto incondicional del propio cuerpo y de la dignidad del prójimo, especialmente de la mujer, y a la realización de grandes obras con la propia fuerza pasional.
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