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Encuadre histórico de la moral Graciana


1.2.- Gracián, hombre de su época

La imagen de una naturaleza corrompida y un concebir los sentidos como instrumentos de seducción y de pecado, hacían pensar en una salvación solamente asequible a través del desprecio hacia la vida. Frente a este ascetismo, despreciativo de lo material, el Renacimiento reaccionó extremadamente, prodigando a raudales el amor por las realidades físicas y haciendo prevalecer el pansiquismo, opuesto a la trascendencia. Según parece, este estado de espíritu, simplista desde el punto de vista filosófico y peligroso desde el punto de vista moral, se prolongaría hasta el segundo tercio del siglo XVII, momento en que escribe Gracián y en el que soplan vientos de una moral seglar autónoma, independiente y laica, distinta y a veces contraria a la religión. Estas corrientes renovadoras habrían de influir en él, aún tratándose de un autor original. No se puede evitar pertenecer a una época y al menos parcialmente tampoco, ser hijo del tiempo en que a uno le toque vivir. Gracián no pudo sustraerse a las corrientes políticas, pedagógicas y morales entonces en boga, si bien su poderoso genio supo diluirlas y proporcionarles un cauce adecuado. Por lo mismo la clarificación de sus aportaciones doctrinales exigen una referencia a la época en que fueron pensadas. A este respecto Camilo Barcia Trelles (1), no ofrece algunas consideraciones que merecen la pena ser tenidas en cuenta.

En el siglo XVII Europa era el centro del mundo y Gracián estaba presente en él. Más que dispuesto ansioso de recibir el mensaje que desde allí llegaba, mensaje complejo que configura el ambiente de este siglo, en donde se enfrentan en lucha abierta posturas diferentes como son: la jansenista, la protestante y la católica. Las dos primeras deformadoras de la última. El jansenismo era mantenedor de una gran severidad moral. El protestantismo sostenedor de un pesimismo humanista. De ambas posturas participa el jesuita español cuando se constituye en defensor de cierta educación moral pesimista; por otra parte Gracián siente a España, su Patria. Correa Calderón (2), resalta su preocupación española hasta llegar a olvidar lo foráneo. Este patriotismo hace que Gracián sea especialmente sensible a los problemas que en esta época preocupan a España, siendo consciente de la distancia que separa la triste realidad del reinado de su contemporáneo Felipe IV de la gloriosa historia que con un prudente gobernar dejara escrita su paisano Fernando el Católico. Este sería un motivo más que nos ayude a explicar su pesimismo, o si se quiere su realismo moral.

Vayamos por partes en la consideración de algunos aspectos de la obra de nuestro autor. El comienzo de este siglo se caracteriza por una crisis del sentimiento religioso. Dios no interviene en la vida humana, no es ni providente ni juez.
Las aspiraciones o los temores de los cristianos en orden a la vida futura son vanos y vana ha de ser también su moral, basada en estos inaceptables presupuestos religiosos. Si se puede hablar de moral es bajo el supuesto de que el hombre ha de ser la medida de la misma, con una observancia que tan sólo reclama un seguimiento a la naturaleza. Se vive una inestabilidad espiritual que engendra la duda o la renovación de las reglas de moralidad.
Gracián es consciente del cambio y considera anacrónica la formulación de una moral de corte tradicional. Es significativo al respecto que el manual de Epicteto se constituyera en una de las guías más importantes de la época, tratándose de encontrar en él la forma de cómo se puede hacer un hombre virtuoso, libre de pasiones y feliz, ala vez que es señalado por el propio Gracián como uno de los grandes moralistas al que admira y respeta (3). Según el licenciado Josef Longo (4), censor del Criticón, Epicteto, juntamente con Séneca, se constituyen en guías de este libro de Gracián.

A esta etiqueta moral estoica que ostenta el siglo XVII, Gracián agrega unos distintivos propios del catolicismo. Difícil es decir si estoicismo y catolicismo quedan bien acoplados en su obra, o por el contrario se muestran opuestos e irreconciliables.
El neoestoicismo se alimentaba del espíritu estoico, imbuido de suficiencia e independencia del hombre, hasta el punto de olvidar los adecuados usos y límites de nuestra razón humana, desconociendo la profunda miseria del hombre, necesitado del apoyo sobrenatural de la gracia. La humildad cristiana, que juzga en su justa medida la indigencia humana y que por tanto busca el apoyo del hombre en un Cristo Redentor, es sustituida por la confianza desmesurada en las fuerzas humanas. También para Gracián el hombre es un beligerante que usa de los medios humanos como si no hubiera divino, de modo que si nos referimos a sus obras profanas, que lo son todas a excepción del Comulgatorio, bien pudiera decirse que al igual que el neoestoicismo del siglo XVII, Gracián si no ignora a Dios sí ignora a Cristo.
En 1.638, fecha en que Gracián está planeando en Gandía el Héroe, ya había perdido vigencia el epicureismo defendido por Lorenzo Valla en el siglo anterior y el eclecticismo del aristotélico Pedro Ramos; todo ello en favor del estoicismo profesado por Justo Lipio, seguidor de Epicteto y el estoicismo de Miguel Montaigne, así como el de Pedro Charrón. Tan es así que J. Chevalier (5), ha podido decir que en este año el Manual de Epicteto y los Ensayos de Montaigne se constituían como breviarios de la sabiduría y de la honestidad, gozando del aprecio de todos los que están exentos de prejuicios religiosos; pero es necesario distinguir a los seguidores de Lipio, que forman un grupo de estoicos enemigos de escándalos y que se muestran respetuosos con la religión, de ese otro grupo de escépticos libertinos que vieron en Montaigne la fuente de la sabiduría pagana, de donde tomarían los argumentos necesarios contra el cristianismo para matar la propia dignidad del hombre y hacer de su razón, de su naturaleza y de sus gustos las únicas normas de moralidad.

Es fácil suponer que la moral que ellos habrían de proponer sería autónoma, con un manifiesto signo secular, que la hace independiente ante cualquier consideración religiosa. Parece cierto que Gracián participa de este laicismo moral, seguramente porque está inmerso en una época marcada por este signo, tal como piensa Rouveyre (6) y un poco también por lo que nos dice Correa Calderón (7), el cual en interpretando el pensamiento de Romera Navarro, sobre este punto, nos dice que, el hecho de que Gracián se manifieste como un escritor profano es debido a que escribe en un país en el que está viva la fe y que por lo tanto la religiosidad y el catolicismo era algo que se daba por supuesto, lo que le excusaba de proclamar explícitamente su fe. Tal vez pudo pensar también que esta labor de proclamar una moral religiosa, estaba siendo atendida por muchos escritores españoles y era innecesario insistir sobre ello. Aún con todo, no deja de ser un tanto sorprendente la postura laicista de Gracián en una época en la que España se extendía por doquier el culto religioso, se discutían los dogmas en los teatros y hasta en la calle; época en la que Felipe III se constituye como defensor del dogma y en la que algunas universidades españolas, como la de Salamanca, siguiendo el ejemplo de su monarca, prestan juramento solemne al mismo. Pues bien, en esta época en que España muestra a Europa su acendrada religiosidad, Gracián representa una excepción y se nos manifiesta como un escritor más vinculado a Europa que a España. La despreocupación de Gracián en este sentido puede decirse que es total, ya que, aunque en alguna ocasión, muy pocas, haga alusión a la Celestial Reina, corona de la virtud, muy probablemente se está refiriendo a la inmortalidad en un sentido pagano. Como contrapartida a esta ausencia del elemento religioso, la moral graciana muestra a las claras su origen estoico, que era como ya hemos visto, el carácter definitorio de la moral europea en este momento, aunque vaya revestido de una fuerza especial de penetración, inspirada por la situación que le tocó vivir.
Otro de los vínculos que une la moral laica de Gracián a su época es el entusiasmo humanista por el hombre singular constituido en modelo ideal.

En todos los tiempos, las gentes han encarnado sus ideales en hombres reales o ficticios, portadores de todas las virtudes y perfecciones, pero es sobre todo a partir del Renacimiento cuando proliferan estos modelos humanos, que son propuestos como patrones que sirven de medida adecuada a los comportamientos de las personas normales. Pero sobre todo en quien los moralistas piensan al proponer estos modelos ideales es en el príncipe y en los cortesanos, quienes pueden beneficiarse de sus enseñanzas para alcanzar la gloria y el triunfo. Esta preocupación renacentista sigue vigente, en los años en que Gracián escribe El Héroe, El Discreto y El Político.
En el siglo XVII cada país europeo configura este ideal mesiánico según sus gustos, ideal que debe ser paradigma del hombre culminante. Sólo en España, durante los siglos XVI y XVII pueden contarse, según Correa Calderón (8), 29 obras importantes con anterioridad al año 1.637, que es la fecha en que se publica El Héroe. Tendremos ocasión más adelante de analizar la influencia que ejerce el biografismo en nuestro autor.

La afición en este tiempo por diseñar la imagen del hombre perfecto es manifiesta. Unos lo harán siguiendo los trazos de Maquiavelo, mientras que otros lo harán oponiéndose a él; en cualquier caso Gracián, al escribir El Héroe, El Discreto o El Político, lo que hace es seguir la moda de su tiempo.
El gusto de la época vuelve a hacerse presente en nuestro autor dando preemiencia al saber prudencia. La preferencia por la prudencia, con sentido muy especial como después veremos, es fruto de una época que ha sido bautizada como el "siglo de la prudencia".
Nos gustaría dejar claro que los años que discurren de mediados del siglo XVI, al último tercio del siglo XVII están saturados de ideas, preocupaciones morales en las que Gracián se ve envuelto y de las que participa juntamente con sus contemporáneos , sintiéndose arrastrado por su vocación de moralista , como el mismo nos confiesa (9).

Mas si es verdad que Gracián estuvo atento a las preocupaciones de la Europa de su tiempo, también lo es que sintió los problemas que en este momento acuciaban a su patria. Esta precisamente será la causa que nos dé explicación de su pesimismo del que participan los españoles más agudos y sensibles de la época, como Quevedo, Antonio de Guevara, Saavedra Fajardo y tantos otros, si bien Gracián se muestra más profundo y filosófico que todos ellos, destacándose por su poderosa fuerza de penetración, en un tiempo en el que el ingenio español estaba adulterado, en parte por culpa de tanta palabrería y fuegos artificiales. Sus dotes de pensador, puestas de manifiesto en su obra de crítica moral, contrastan con el artificioso mundo del culteranismo, que también perteneció a esta época y que estuvo menos cerca de la preocupación española que lo estuvo Gracián.
Gracián pone su mirada en el decrecimiento de España y constata cómo una profunda corrupción va arrasando sus virtudes y valores más característicos, reaccionando con una amarga sátira social inspirada en sus inquietudes morales y patrióticas.
Su sentimiento amargo del presente y la honda nostalgia del pasado son comprensibles solamente teniendo en cuenta la realidad histórico-social de España en el momento que a él le tocó vivir. Las cosas iban de mal en peor cuando escribe sus obras, época que corresponde a los reinados de Felipe III y Felipe IV, quienes se desentienden de las pesadas tareas del gobierno dejándolas en manos de los validos. Es la época de las sublevaciones de Portugal y Cataluña y de los graves conflictos políticos en Flandes, Italia, Aragón y Andalucía. La publicación de la primera parte del Criticón coincide con la independencia de Holanda y el firmado de la paz en Westfalia, que como la de los Pirineos se muestra con mal signo. Los problemas internos se agravan con la expulsión de los moriscos y se produce el éxodo de los españoles a América en busca de gloria.

España atraviesa por un grave periodo que la debilita en favor de Francia, que comienza su periodo de florecimiento. Gracián, en su doble condición de español y de pensador, se siente comprometido por esta situación. En cuanto español arriesgará su vida como capellán del ejército del marqués de Leganés, en confrontación con los franceses, siendo tan heroico su comportamiento que en carta dirigida a un jesuita de Madrid (10) podrá decir que él tuvo alguna parte en la victoria que consiguió el ejército español, de modo que los soldados y señores cuando le ven le llaman "el padre de la victoria".
En cuanto escritor será uno de los más elevados exponentes del sentir patrio. En sus obras se amalgaman conceptos extraídos de diversas corrientes europeas de la época, provenientes del estoicismo y de ideologías renacentistas, como ya se ha dicho. Él es un escritor que conecta con la atmósfera de los eruditos españoles, que tenían plena conciencia del momento actual y de lo que estaba pasando. Conectaba también con los diversos moralistas contemporáneos suyos, que como él, respiraban la misma atmósfera que envolvía a la España del segundo tercio del siglo. Vayan como ejemplos: "El desengaño del hombre en el tribunal de la fortuna" de Martínez Cuellar, "Hospital de incurables" de Jacinto Polo, "Empresas" de Diego de Saavedra Fajardo. Libros como: "Advertencias utilísimas a la vida humana" de Cristóbal Suárez de Figueroa, "Philosophia cortesana moralizada" de Alonso de Barros, diversas novelas filosófico-morales de la época y otros escritos más que pudieran ser citados.
Por todo ello creemos que se puede afirmar que la apertura de Gracián a Europa no le impidió ni le restó posibilidades a su preocupación española y de cualquier modo Gracián fue hijo de la época en que le tocó vivir.

2.2. - Gracián y la Compañía de Jesús


La obra moral de Gracián soportó desde sus comienzos la oposición de la Compañía de Jesús. El celo de los superiores, que les impulsaba a cumplir con su misión de fieles guardianes de los estatutos de la Compañía, se ceban contra uno de sus miembros que acabará siendo considerado rebelde y cruz de sus superiores, por el entonces general de la misma P. Vitelleschi, en 1.638 (1).
Catorce años más tarde el nuevo general de la Compañía, P. Goswin Nickel, en carta dirigida a Jacinto Piquer (2), se lamenta de que el P. Gracián haya sacado a luz algunos libros poco graves y que desdicen mucho de su profesión religiosa, por supuesto sin la autorización a que le obligaban sus votos de obediencia.
El enfrentamiento de Gracián con sus superiores se agrava sobremanera cuando tres años después de que el general P. Nickel, en circular del 4 de Julio de 1.634 (3), expresara en tono grave y serio la necesidad de aprobación y censura de cuantos libros se publicaran en la Compañía. El P. Gracián, no obstante, decide publicar, como antes lo hiciera, la tercera parte del Criticón sin previa autorización, estando dispuesto ya a todo, incluso a abandonar la Compañía si fuera preciso.
Cuando se tuvo noticia de esta publicación clandestina, el provincial de Aragón P. Piquer, sin esperar órdenes del P. General, reprendió en el refectorio públicamente al P. Gracián, imponiéndole la penitencia de ayuno a pan y agua, a la vez que le privaba de su cátedra de Zaragoza y le desterraba a Graus. Por si esto fuera poco, llegado el momento el P. Nickel se muestra en todo de acuerdo con el duro proceder del P. Piquer en contra del P. Gracián, advirtiendo que conviene velar sobre él, mirarle las manos, visitar de cuando en cuando su aposento, sus papeles y no permitir cosa cerrada en él y si acaso se le hallare algún papel o escritura contra la Compañía o contra su gobierno, compuesta por dicho P. Gracián, vuestra reverencia le encierre y téngale encerrado hasta que esté muy reconocido y reducido.

A mediados de Abril del año 1.658 el P. Gracián fue trasladado a Tarazona, parcialmente rehabilitado, pero coincidiendo con esta rehabilitación aparece "Crítica de Reflección", que asestaba un duro golpe al Criticón, con graves y temerarias acusaciones, por cuanto el autor expresaba en ella y por lo que dejaba e expresar. Esta crítica, de por sí dura y amarga resultaba serlo aún más, si pensamos que seguramente fue redactada por el P. Paulo Rajas, hermano de religión.
A finales de este año 1.658, ya poco antes de morir, una carta de Gracián (5), al P. Nickel, muestra que el enfrentamiento continúa, ya que en ella el P. Gracián solicita el paso a una orden monacal, petición ésta que no obtendría respuesta por parte del P. Nickel, todavía general de la Compañía de Jesús, quien seis meses antes de la muerte de Gracián manifiesta que se le siga sometiendo a estricta vigilancia.
El 6 de diciembre de 1.658 Gracián muere sin que la fricción entre él y sus superiores quedara extinguida. Esta dramática fricción es interpretada por unos desde la actitud rebelde de Gracián y por otros desde el ángulo de la rigidez e incomprensión de sus superiores, dando lugar a que se puedan hacer suposiciones de que el autor del Criticón fue una víctima de la Compañía. Actualmente la interpretación de este enfrentamiento ha tenido una esclarecedora modificación. Gracián aparece no como rebelde, ni tampoco como víctima de la Compañía, sino como víctima de las circunstancias históricas, ambientales, sociales, etc. (7) El no muestra su descontento con la Compañía, sino con quienes no estaban dispuestos a aceptar las novedades, que según él, eran exigidas por los tiempos.

Nos ocuparemos a continuación de considerar a Gracián desde su obra, prescindiendo un poco de su vida de religioso, con el deseo de que el enfrentamiento entre él y la Compañía quede mejor esclarecido y a la vez pueda ser explicado, para lo cual hemos de fijarnos en las coordenadas concurrentes en el momento en el que él escribe, olvidándonos un poco de la supuesta actitud intencionadamente hostil de los superiores y no prestando atención a los que consideran que la obra de Gracián fue indiscreta o ajena al programa aperturista y renovador que siempre mantuvo la Compañía desde su fundador.
Puede que la obra de Gracián fuera incomprendida por parte de sus superiores, pero nunca malévolamente interpretada. Los recelos de los superiores estaban justificados teniendo en cuenta el momento en el que los escritos de Gracián hacen su aparición.
Es un hecho históricamente constatable, que en esta época se formulan bastantes quejas contra la Compañía por razón de su laxismo y laicismo morales, así lo constata Aquaviva (8). Más tarde el P. Vitelleschi se muestra preocupado por este mismo problema, considerando que el liberalismo moral puede hacer mucho daño a la Iglesia dadas las circunstancias del momento (9). Por su parte, la congregación en 1.632 reclama del P. General que sea sofocada por perniciosa esta tendencia de la Compañía al laxismo moral. Dichas preocupaciones, expresamente manifestadas, venían motivadas por los ataques que Port-Royal, sobre todo dos de sus hombres: Juan Duvergier y la Madre Angélica Arnauld dirigen contra los jesuitas del Siglo XVII, expresando unas exigencias inspiradas en un puritanismo moral, aún a costa de la razón y destinadas a comprometer al hombre en una empresa marcada con la pureza de intención, no reparando en los sacrificios que esto pudiera suponer y teniendo siempre presente la natural inclinación del hombre para conocer la verdad y practicar el bien sin el respaldo divino de la gracia. La postura de los partidarios de Port-Royal discrepa de la mantenida en este tiempo por los jesuitas, los cuales en su pretensión de hacer más accesible, comprensible y practicable la verdad moral, para así conseguir más adeptos, corrieron en más de una ocasión el riesgo de olvidar la necesidad de la gracia y la redención en favor de las prerrogativas humanas. En esto se fundaron los enemigos de los jesuitas para atacarles y estas serán las impugnaciones que los de Port-Royal dirigirán contra la Compañía, acusándola de sostener una moral oportunista, nefasta y peligrosa. A ellos se unirá la crítica del rigorismo jansenista, que fundamentándose en la gracia y en la impotencia del hombre, postula un heteronomismo moral que contrasta abiertamente con la opinión molinista, bastante extendida entre los jesuitas, según la cual la libertad es de capital importancia en el esfuerzo moral, quedando éste más vinculado a los cuidados humanos que a la fuerza divina de la gracia.

Dadas las especiales circunstancias por las que el moralismo jesuítico atravesaba en esos momentos nos parece comprensible que los superiores de la Compañía extremaran su prudencia a la hora de enjuiciar la obra de Gracián, la cual podía ser utilizada por los enemigos de la compañía para emprender nuevos ataques.
Precisamente las graves instrucciones del P. Nickel al P. Piquer (11) van a coincidir con la aparición de la última parte del Criticón, lo que revela la grave situación en que se hallaba la Compañía debido a los ataques jansenistas, los cuales "impellunt nos ad omnes provincias conscibamus" para que sean bien revisadas las opiniones morales de los escritores jesuitas, evitando así proporcionar fundamento a los jansenistas y a otros enemigos de la Compañía (12).
Se comprende la preocupación de los superiores de velar por el buen nombre de la Compañía en un momento crítico, lo que no necesariamente implica que la obra moral de Gracián en muchos de sus aspectos sea en sí misma censurable, lo fue acaso en razón de las circunstancias que concurrieron, lo que es objeto de discusión es si su obra está o no enmarcada en el contexto y las directrices jesuíticas. Posiblemente lo esté en gran medida y a continuación trataremos de mostrar hasta que punto Gracián sigue las pautas de no pocos hermanos de religión que le precedieron y el paralelismo que pueda existir con San Ignacio, fundador de la Compañía.

Los jesuitas se venían mostrando conciliadores con el mundo mediante una política flexible y aperturista que les permitía el ensamblaje de lo tradicional con lo moderno, atentos siempre a enriquecer el ideal católico con nuevas adquisiciones. Sin necesidad de sacrificar la razón han tratado de cimentar un humanismo devoto, extraído de las exigencias de un naturalismo religioso. Se ha buscado siempre un humanismo integral, siguiendo el ejemplo del fundador de la Compañía, haciendo uso de una gran diversidad de recursos que van del temor a la confianza, del ideal hasta el interés. La Compañía ha venido manifestando en todo un espíritu avisado y sagaz, dando su parte a lo tradicional y a lo moderno.
La vinculación de Gracián, en cuanto moralista, a la Compañía hunde sus raíces en los años de formación, en los que él estuvo sujeto al plan de estudio de la "ratio studiorum". Dichos años de formación habrían de influir poderosamente, despertando en el joven estudiante la afición por la Filosofía, en especial por la Ética, que desde el primer momento se constituyó para nuestro autor en su ciencia predilecta. De la "ratio studiorum", imbuida del aristotelismo en cuanto a Filosofía se refiere, le vendría a Gracián su simpatía por Aristóteles, que es uno de los autores más citados y con frecuencia aceptado por él, sobre todo en lo que se refiere a temas como son los del Bien, la Felicidad, Hábitos Morales, etc., si bien el aristotelismo de Gracián no es un aristotelismo escolástico, aunque eso sí muy matizado por caracteres jesuíticos. Está entre la tradición y el modernismo.

La Compañía ha ponderado en todo momento la observación psicológica y ha hecho del confesonario una escuela de aprendizaje moral como consecuencia de llevar ala práctica la dirección de las conciencias, en cuya labor no valen las fórmulas rígidas e impersonales; si son tomados en cuenta, como no podía ser por menos, los principios de la moral cristiana, de los que no se puede prescindir, no por ello se olvidan las circunstancia fácticas y personales que concurren en todo acto moral. Esto llevó a los jesuitas a una visión accidentalmente nueva de la Teología Moral destacándose en ella un casuismo de reminiscencias estoicas que tendría por misión aplicar la norma general a los casos concretos, con previo análisis de los mismos, con lo que se facilita un veredicto moral de enorme importancia práctica en orden al concreto y particular comportamiento. En este sentido Gracián fue un moralista plenamente jesuítico, ya que en toda su obra se advierten muchos elementos de observación y gran penetración psicológica, que le permiten una diferenciación en el estudio moral de las personas, cada una de las cuales es una caso aparte y todo ello al servicio de un casuismo moral al modo jesuítico. Charles Aubrum estrecha más los vínculos de la obra de Gracián con la Compañía hasta ver en aquella una configuración de ésta, haciendo notar que así como los jesuitas van por el mundo a pares, preocupados en evangelizar a los paganos de Asia o del Nuevo Mundo, dispuestos a encauzar a los extraviados en Europa, conduciéndoles hasta Roma, así también El Criticón nos muestra a una pareja: Critilo y Andrenio que van peregrinando a través de diversas tierras hasta llegar a la ciudad Eterna.
Lo dicho podría ser suficiente para ver que Gracián es deudor del espíritu de Loyola, pero insistiremos en ello, analizando aún más el paralelismo de uno y otro. Dejando a parte numerosos aspectos de sus vidas, como pueden ser sus empresas bélicas, y el humanitario comportamiento de ambos con personas marcadas por la debilidad de la carne, nos detendremos en analizar las diversas manifestaciones doctrinales que les une.
Frente a la Edad Media, S. Ignacio se constituye como el gran pedagogo de Occidente que inserta en el mundo católico la sabia renovadora de los tiempos modernos, empeñándose en encontrar un lugar para lo humano frente a lo divino; de modo que en las cosas del servicio de Nuestro Señor, según dice el P. Rrivadeneyra (14) usaba de todos los medios humanos como si de ellos dependiera el buen suceso, y de tal manera confiaba en Dios, como si todos los medios humanos no fueran de ningún afecto. Gracián en el aforismo 261 (15) expresa esta misma revalorización de lo humano en una máxima, que habría de ser muy conocida en Europa a través de las versiones francesas del Oráculo (16) y que refleja la actitud ignaciana frente al mundo, como representante de la izquierda teológica, frente a la dominicana en el imperio espiritual de España.
El paralelismo lo volvemos a encontrar al considerar el modo como S. Ignacio se sirve de los autores paganos en favor de sus convicciones, aunque sean rechazados algunos autores como Marcial, del que Gracián es un admirador.

Los " Exercitia Spiritualia" son para Gracián guía y pauta de muchas de sus doctrinas morales. Las severas fórmulas, las certeras normas morales encaminadas a la acción y al dominio de sí mismo, que en los Ejercicios Espirituales se exponen interfiérense frecuentemente en las enseñanzas gracianas, como lo hacen también la tradición clásica y ascética de la Compañía. En el fondo Gracián es hijo espiritual de Loyola, cree en los Ejercicios Espirituales y de ellos hace una versión particular en sus obras.
Stinglhambre (17) pone de relieve curiosas y sorprendentes analogías entre el Oráculo Manual y los Ejercicios Espirituales que inducen a pensar, sin lugar a dudas, en una clara influencia de S. Ignacio en el conjunto de la obra moral graciana que, no obstante, sigue conservando su propia autonomía con respecto a los Ejercicios, debido a que utiliza medios de transmisión menos vinculados a la vía ascética y a los exigidos en los tratados morales. Al fin y al cabo la obra de Gracián responde a una interpretación de la conducta humana, mirada a través del prisma de una concepción moral más o menos laica; pero aún con todo y a pesar de que Gracián no alude con demasiada frecuencia al fundador de la Compañía, algún autorizado crítico llega a suponer que, los Ejercicios Espirituales han constituido fuente de primer orden en la elaboración del pensamiento moral graciano.


2.3 Autores que inspiran la obra moral de Gracián.


En el Héroe (1) Gracián nos ofrece una lista de autores por los que no oculta su admiración, lo mismo ocurre en El Criticón (2). Esto podría llevarnos a pensar precipitadamente que las cosas están claras en este punto, que ahora nos ocupa, pero no es así. La cuestión está muy debatida entre los estudiosos, de tal modo que mientras unos dicen como Rouveyre que los autores mencionados por Gracián son los auténticos inspiradores en su obra, otros como Romera-Navarro y Correa Calderón piensan que estos autores citados por él, nada quiere decir en relación a su influencia, pudiendo ser que Gracián deba más a autores que ni siquiera menciona, como Cervantes y también que se encuentre distante del sentir de algún autor citado por él. Farinelli (3) sabedor de la dificultad, nos dirá que el estudio de los precedentes de Gracián presenta graves dificultades: tales que pueden llevar al fracaso los intentos del investigador más experimentado, ya que frecuentemente la experiencia ajena queda revestida con la propia, sin poder saber exactamente lo que a una o a otra le pertenecen. A esto habría que añadir la vasta erudición de Gracián que abarca tanto el conocimiento de los pensadores clásicos como de los pensadores modernos, tanto españoles como extranjeros, con los que pudo entrar en contacto a raíz de la compra de " Praeclara recenciorum volumina " por la biblioteca de Gandía en 1635 tal como nos lo relata Batllori (4) o tal vez en 1636 en Huesca en donde pudo manejar la amplia y seleccionada bibliografía de que disponía su amigo Lastanosa, un año antes de publicarse El Héroe.

Intentaremos aclarar las posibles influencias tanto de los moralistas clásicos como modernos, par ello seguiremos un orden, que permita la agrupación por nacionalidades de los presuntos inspiradores del pensamiento graciano. De los griegos a los que Gracián seguramente conoció en sus escritos originales, cabe citar a Homero , Heráclito, Platón, Aristételes , Diógenes y Plutarco (5) Si bien no todos tienen la misma importancia. De Homero es muy poco lo que toma aunque el mismo lo cite como principal inspirador (6) Heráclito citado 9 veces ejerce más influencia sobre él, preferentemente en todo lo que se refiere al pesimismo y al fundamento de éste, así como la atención que presta a lo concreto y a lo humano. Más decisiva parece aún la huella del por él llamado "divino Platón" y del príncipe de los filósofos Aristóteles a los que tiene por guías.
Gracián nos recuerda a Platón en los elogios que hace de la sabiduría y de la prudencia, fundamento y base del integral concierto de las virtudes morales. En cuanto a la influencia Aristóteles hacemos referencia a ella en diversos lugares de este trabajo, sobre todo en el capítulo dedicado a la Felicidad, por lo mismo consideramos innecesario, insistir sobre la misma. Lo que de Diógenes y Plutarco toma resulta accidental: del primero tal vez una actitud un tanto escéptica ante la vida y del segundo un firme deseo de liberación y de dominio sobre sí mismo.
En referencia a los escritores latinos, muchos son los que se citan como posibles inspiradores de Gracián: Cicerón, Tácito, Plinio el joven y el viejo, Séneca, Marcial, Epicteto, Marco Aurelio. Etc. Por lo que a asuntos de moral se refiere de los escritores citados merecen destacarse a Cicerón, Séneca, Epcteto, y Marco Aurelio. Con Cicerón le une el hecho de haber llevado la reflexión moral al ámbito social inducido por unas exigencias prácticas. En relación a Séneca podemos decir que Gracián es el heredero legítimo de su severa sabiduría moral a la que vigoriza con su actitud vital, firmeza de juicio y prudente adaptación a las circunstancias. Gracián es senequista por diversos conceptos. En primer lugar por su empeño inteligente y equilibrado de sacar el máximo provecho del medio en orden a triunfar en la vida, lo que implica victoria sobre los demás y sobre todo victoria sobre nosotros mismos, dentro de un perfeccionamiento progresivo de la persona. En segundo lugar por su sentir independiente y la actitud estoica de su espíritu, que lucha impávido ante la adversidad y escribe sin miedo a represalias, movido tan sólo por el afán crítico y el deseo de moralizar a una sociedad corrompida a la que valientemente descubre y pone de manifiesto sus vicios. Francisco Manso (8) ha concretado algunos rasgos que muestran el paralelismo entre ambos autores: entre otros podemos reseñar el aprecio y el elogio a la amistad, la postura ante la muerte, el dominio de los deseos, la utilidad de la verdadera filosofía engendrada en la fructífera soledad interior, el alcance moral de sus respectivas obras encaminada a la recta dirección de la vida y a procurar que ésta fuera dichosa. Existen sobradas razones para considerar a Gracián seguidor del gran Séneca, como lo fueron tantos otros moralistas del sigo XVII. Las citas y alusiones directas al moralista hispano-romano ascienden a 60, y su filiación senequista queda estampada en los preliminares de la segunda parte del Criticón, (9) de modo semejante a como Gracián lo hiciera en el prólogo a la primera parte (10). Estas analogías con Séneca se detectan no sólo en el aspecto doctrinal, sino incluso en lo formal, como lo manifiesta el gusto de ambos por lo escondido y los breves discursos intercalados de sabrosas sentencias.
La influencia de Epicteto y Marco Aurelio le llegan a Gracián a través del neoestoicismo del siglo XVII inspirado en estos autores especialmente en Epicteto, a lo que ya se ha hecho alusión en el primer apartado de este capítulo. El acentuado afán de vivir conforme a la razón y la exaltación del valor y el heroismo reflejados en la obra de Gracián (11) no dejan lugar a duda de su afinidad con estos dos moralistas clásicos: así es reconocido por el censor del Criticón Josef Longo (12).

Gracián está también atento a diversos escritores italianos de su tiempo o inmediatamente predecesores que han influido poderosamente en su obra. Conoce el Príncipe de Maquiavelo , El Cortesano de Castiglione, La Regione de Stato y El Detti Memorabili di Personnagi Ilustri de Botero , La República de Bodin, le complace la ironía moral de del mordaz Boccalini; podríase seguir citando nombres como Malvezzi, Alciato, Paulo Giovio, Pelegrini, etc. De casi todos hace alusiones y menciones directas en distintos pasajes de sus obras (13) De entre todos ellos el de más patente presencia es Maquiavelo, de quien Gracián se aprovechó sin duda. El Príncipe viene a ser un modelo sobre el que diseña su Héroe, ennoblecido por un fondo de continencia moral. Las coincidencias entre ambos pensadores pueden radicar en la común estimación de los hombres y de la vida que se traduce en una ideología muy afín. Lo desconcertante del caso es que Gracián se muestra decidido impugnador de Maquiavelo cuando hace referencia a su doctrina (14). En contrapartida ensalza y recomienda la moral de Botero, representante de la concepción política postridentina y moralmente opuesto a la de Maquiavelo (15). Bajo el signo de esta doble apreciación van desfilando los diferentes moralistas y políticos italianos: Alciato, Giovio, Bodín, cuya república queda emparejada con El Príncipe, mereciendo ambas obras el mismo juicio (16) ¿ Cómo explicar la patente influencia del florentino en referencia a las frases que contra él dirige Gracián?. Una de las posibles respuestas nos la ofrece Azorín cuando dice que en tiempos de Gracián fueron muchos los que clamaron contra Maquiavelo, destacándose entre ellos dos escritores españoles que se constituyeron como canes leales y vigilantes: estos canes eran Baltasar Gracián y Diego Saavedra Fajardo; pero que de canes sólo tenían la piel, pues en el fondo eran vulpejas disfrazadas, que para disimular ladraban más que los demás mastines. Mucho de cierto puede haber en esta apreciación de Azorín, porque a pesar de la confesión antimaquiavélica del jesuita, lo cierto es que no se sustrae de su influencia; tal resulta ser un fenómeno muy común en los tratadistas hispanos de este tiempo, sin olvidar que Maquiavelo tuvo sus secuaces como Bodín Boccalini, Malvezzi etc. Que Gracián pudo muy bién conocer en la Biblioteca de Lastanosa o que pudieron prestarle sus amigos Ustarroz o Manuel Salinas. Ahora bien aunque en Gracián se encuentren algunos rasgos, que le emparenten con los maquiavelistas, como pudiera ser la política del encubrimiento, el oportunismo, la sagacidad, fuente de una prudencia mundana que nos recuerda a Malvezzi, aunque no se pueda pasar por alto el influjo que sobre él ejerce Boccalini, fiel intérprete de Maquiavelo, no es menos cierto que Gracián está cerca de Botero, con quien muestra muchas coincidencias, según ha podido mostrar Romera- Navarro (18), al igual que está cerca de la profunda moral de Alciato, lo que le llevaría a tratar de demostrar en contra de Maquiavelo, que las leyes del éxito no se oponen a la moral. Por lo mismo es justificado suponer, que El Héroe es el resultado, un tanto híbrido, de influencias italianas de signo diferente, como las ya apuntadas, a las que habría que añadir algunas ideas de Peregrini, que Gracián supo aprovechar y otras del Maquiavelismus yugulatus de Claudio Clemente. Si no se puede hablar de El Héroe sin una referencia a El Príncipe de Maquiavelo, tampoco puédese hablar de El Discreto sin hacer alusión a Il Cortesano de Castiglione, que resulta ser un modelo refinado y altivo, muy atento a los anhelos renacentistas. El Discreto está fundado en estas mismas prerrogativas, pero además bien dotado para el esfuerzo y la lucha consigo mismo y con los demás, representando un tipo diseñado no tanto para sobresalir cuanto para triunfar.

En esta larga lista de precursores del pensamiento graciano debemos mencionar también a algunos escritores franceses e ingleses: tales como Descartes y Montaigne, en quienes encontramos ideas que Gracián pudo aprovechar (19). Lo mismo cabe decir con respecto al L´honeste-Home de Faret. De entre los ingleses cabe reseñar a Hobbes y Bacon: del primero tomará su concepción pesimista del hombre, brevemente expresada en la fórmula " homo homini lupus"y constituida en punto de arranque de alguna de sus concepciones morales; del segundo tomará la prudencia cautelosa para la vida y los negocios (20).

No podía faltar, como es lógico la influencia de sus compatriotas, que en algunos casos él mismo se complace en mencionar, pero que aunque a veces no sean mencionadas es seguro que dejaron huella en su pensamiento. En El Criticón dedica unas palabras a D. Juan Manuel en las que deja traslucir su admiración por la profunda moralidad que evoca en sus Apólogos (21). Elogia así mismo a Mateo Alemán (22), Juan Rufo (23) de profundas sentencias y aforismos, a Alonso Ledesma (24), de agudos y sutiles pensamientos morales. En Gracián se siente la presencia de Quevedo, su mordaz ironía, su originalidad y excentricidad en las ideas, si bien como dice Farinelli (27) aquel es más poeta y éste es más filósofo. Al lado de estos autores citados cabe añadir una larga lista de tratadistas morales y políticos como Ginés de Sepulveda, Juan de Torre, Alonso Barros, Francisco Barreda, Mariana, etc. debidamente reseñados por Julio Cejador (28)
Por mucho tiempo ha sido debatida la posible influencia de Abentofail. Resulta esclarecedor al respecto el estudio realizado sobre el particular por García Gómez (29) quien ha llegado a establecer algunas importantes conclusiones, tales como la de que no hay que exagerar el paralelismo entre el Criticón y la obra del filósofo autodidacta, ya que entre ellas median no pocas divergencias, como puede ser la circunstancia de que Gracián se despreocupa de la educación religiosa, aspecto que Abentofail no olvida , pues su obra resulta ser eminentemente religiosa y casi mística ; por otra parte el protagonista de la obra de Gracián va adoctrinándose moralmente a golpe de desengaños; estos y otros motivos más hacen suponer a García Gómez que Gracián ni siquiera conoció la obra de Abentofail directamente, tratando de explicar la coincidencia entre ambos recurriendo a la hipótesis bastante probable de que los dos autores pudieran inspirarse en un cuento árabe popular, descubierto por el mencionado investigador (30). Es muy posible que este cuento fuera conocido por Gracián, bien por transmisión oral o por la traducción de un morisco sobre el texto árabe.


2.4.- Otras fuentes


Los estudios llevados a cabo por E. Sarmiento (1) y Romera- Navarro (2) nos aclaran lo que la moral graciana debe a la Biblia de modo especial al Eclesiastés, Eclesiástico y al Evangelio de S. Mateo. Aún cuando la huella bíblica no sea tan palpable como lo pueda ser la de los diversos autores profanos mencionados, su presencia en la obra de Gracián no deja de hacerse notar, como lo muestran las numerosas citas de la misma, lo que es muy lógico por otra parte, si tenemos en cuenta que Gracián fue profesor de Sagrada Escritura en el colegio jesuita en Zaragoza.
Por su parte Angel Ferrar (3) ha estudiado profundamente las notas comunes que unen a Gracián con el biografismo barroco, sobre todo por lo que se refiere a su obra El Político, que viene a ser una sistematización de los biógrafos precedentes, aprovechando el esquema valorativo de la personalidad política vigente en su tiempo, portadora de virtudes, caracteres y dones singulares. De forma detalla y exhaustiva dicho investigador pone de relieve las semejanzas de estos biógrafos con el jesuita aragonés. Por exigencias de nuestro tema vinculado a la ética, nos interesa resaltar aquellas biografías que presentan una relación al respecto, dejando a parte, como venimos haciendo, otro tipo de influencias ajena a esta consideración. Así comenzaremos destacando la biografía de Nicolas Neufville, escrita por Pedro Mateo, en donde se nos describe un tipo perfecto adornado de entendimiento, ingenio, entereza, comunicación, trato, trabajo, diligencia, verdad, discreción, inalterabilidad de ánimo, escarmiento, inostentación, silencio, gravedad, honradez y abnegación: dotes que muy bien pudo tener en cuenta Gracián a la hora de configurar su tipo ideal (4).

Curiosa afinidad con la obra graciana, sobre todo en lo que se refiere a la relación de la fuerza y el derecho, de la prudencia y la fortuna, o a los desastroso efectos del vicio en la sociedad, es la que guarda con La Historia de la vida de Lucio Anneo Séneca, escrita por Juan Pablo Martyr Rizo (5)
Por lo que se refiere a la moral política y social, es preciso señalar la influencia que sobre Gracián ejerce la obra del jesuita hispalense Juan de Pineda, titulada "Memorial de la excelente santidad y heroicas virtudes del señor rey Don Fernando tercero deste nombre primero de Castilla i de León" (6)
En cuanto al oportunismo político se encuentra muy cerca de Juan Enriquez Zúñiga, que en el 1633 escribe " Historia de la vida del primer Cesar"(7) Lo mismo puede decirse de la obra biográfica de Antonio Pérez Navarrete sobre el Cardenal Gil de Albornoz, sobre todo por lo que se refiere a las virtudes y su herencia (8).
En el año 1640 en el que imprime El Político, se publica también "El Príncipe en la guerra y en la paz"( biografía de Justiniano) de Vicente Mut y "Triunfos de la esclavitud, virtudes de Moysen y dureza del faraón" cuyo autor es Luis Mur. Ambas obras, según Angel Ferrari, guardan estrecho paralelismo con El Político: la primera de ellas al exaltar la política del disimulo, la valentía, la fortuna, la astucia, la prudencia y la justicia; la segunda al proponernos a Moisés muy semejante a Fernando el Católico, de modo que podría decirse que Luis Mur y Gracián usan los mismos o semejantes recursos valorativos. Ahora bien de todos los biógrafos el más influyente es Francisco de Barreda, quien a juicio del documentado investigador es el iniciador del pensamiento político español y el propugnador del esquema areteológico que Gracián sigue y que deja reflejado en diversos pasajes de El Político. De Luis Mur parece tomar igualmente las veinte excelencias que atribuye a su Héroe. Ferrari, llega a decir, que Gracián toma de Mur no sólo los juicios sino también sus propias frases (11).

El pesimismo y la creencia en la maldad humana que impregnan el moralismo de Gracián tiene que ver con la actitud picaresca, aunque Gracián resalte por otra parte el elemento aristocrático. El ambiente y las circunstancias en la novela picaresca arrastran con fuerza irresistible, siendo tenidos en cuenta por Gracián estos condicionamientos de la vida moral. Las reflexiones de Guzmancillo (12) pudieron ser la expresión en no pocas ocasiones de la actitud de Andrenio (13) que en su trato con los hombres va aprendiendo la dura lección del desengaño. El pesimismo moral de Gracián llega incluso a tomar la misma expresión que en Mateo Alemán (14)
José F. Montesinos, que ha estudiado el significado de la picaresca en la obra de Gracián(15) comienza su investigación contraponiendo la ética paradigmática a la ética del pícaro, Si en el humanismo la forma de valoración se rige por los grandes modelos, en la picaresca los imperativos proclamados cumplen la misión de desvalorizar la conducta y las actividades humanas para justificar así el comportamiento del tunante impregnado de laxitud e indisciplina. El pícaro al realizar acciones viles aplacará su conciencia con una mirada a su alrededor y se consolará pensando que todos actúan de la misma manera, por lo mismo nada habrá par él en este mundo que merezca respeto (16). Gracián no llega a esta estridente laxitud, porque en él existen influjos humanistas que le impulsan a un recuerdo nostálgico de aquellas grandes personas y héroes de otros tiempos ausentes en el suyo (17).
La exaltación humanista inspirada en los grandes personajes históricos, que no pocas veces Gracián pone como modelo, son la manifestación de las huellas que en él han dejado los autores renacentistas o sus propios contemporáneos a los que ya nos hemos referido en páginas anteriores. Al lado de este aspecto paradigmático que anima su discurso ético es preciso reconocer también los ecos de una amarga renuncia. Los grandes modelos a imitar son recuerdos ya sin vigencia, que van unidos a una rencorosa protesta en el conjunto del pensamiento moral graciano y que como ya sucediera en Mateo Alemán, se apoya en el acecho y la cautela, que es precisamente lo que Gracián aconsejará como normas principales de conducta (18). En último término venimos a parar a la actitud del desengaño, revestida de una no pequeña dosis de discreción, por lo dicho puede apreciarse hasta que punto resulta acertado el juicio de Montesinos (19) al hablar de ensamblaje, en la moral graciana, de elementos humanistas con otros procedentes de la picaresca.

Otras fuentes de su pensamiento ético pudieron ser el refranero y los adagios populares que encarnan el saber del pueblo y que Gracián tiene en cuenta en diversos pasajes de su obra (20)
Por fin concluimos este capítulo, sumándonos al común sentir de los investigadores, a la hora de reconocer que el pensamiento moral de Gracián no es fruto solamente de los libros que él pudo leer, sino que la experiencia y la vida fueron sus grandes maestras. Al conocimiento de las profundidades humanas pudo llevarle su ministerio sacerdotal, sobre todo el ejercicio de confesor, sin olvidar el trato que pudo mantener en el círculo de Lastanosa con personas de la más diversa índole y que sin duda pudieron proporcionarle un material precioso, que le pudo servir par construir una crítica social. La sola lectura de autores, seguramente no es suficiente para explicar el profundo conocimiento que Gracián demuestra tener de los hombres y de la sociedad, es por tanto legítimo y casi obligado llegar a pensar que la propia y personal experiencia aleccionó y no poco a nuestro autor, hasta el punto de que en ella se inspiraran muchas de sus ideas morales. De la vida sin duda extrajo el desengaño y la moralidad en base a una operación muy elaborada.

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2.-1 Gracián, hombre de su época
(1). - " El mundo internacional en la época de Gracián". En Boletín universitario de Santiago
de Compostela . 1947. Nº. 49 -50 Pag. 25 s.s. Posteriormente inserto en Estudios de Política Internacional y Derechos de Gentes. C. S.I.C: Madrid 1948.
(2).- " Baltasar Gracián, su vida y su obra. pag. 231-245
(3). - " El Discreto. II.Preliminares. Pag. 146
(4).- " El Criticón. II. Preliminares. Pag. 617
(5).- " Historia del Pensamiento". Tomo III. Siglo XVII. Pag. 47-48
(6).- " Estudio que figura al frente de " Pajes característicos ". Traducido por V. Boullier.
París 1925. Pag. 50
(7). -" Baltasar Gracián, su vida y su obra ". pag.227.
(8).- Op. Cit. pag. 145-146
(9).- "Estudié las nobles artes y las sublimes ciencias, entregándome con afición especial
a la moral filosofía". Criticón I, 4. Pág. 550.
(10).- Carta dirigida a un jesuita de Madrid, fechada el 24 de Noviembre de 1.646. Pág. 1.140

2.2.- Gracián y la Compañía de Jesús

(1).- Carta del P. Viteleschi al provincial P. Ribas, fechada el 28 de Mayo de 1.638. En "Gracián y el Barroco" de M. Batllori. Roma. Edizioni di Storia e Letteratura. Pág. 185.
(2).- Carta del P. Nickel el P. Jacinto Piquer, fechada el 13 de Abril de 1.652. En "Baltasar Gracián" de A. Coster. Pág. 351 y en "Vida alternante de Baltasar Gracián en la Compañía de Jesús" de Batllori. Archivum Historicum. S.J. Roma XVIII. 1.949. Pág. 30.
(3).- Circular del P. General, Goswin Nickel, del 4 de Julio de 1.654. En "Baltasar Gracián" de Coster. Pág. 354.
(4).- Carta del 16 de Marzo de 1.658 del P. Nickel al P. Piquer. En "Baltasar Gracián" de A. Coster. Pág. 358.
(5).- Esta carta no ha sido hallada, según nuestras referencias, aunque su contenido se puede suponer por la carta que el P. Nickel dirige al P. Piquer el 10 de Junio de 1.658. En "Baltasar Gracián". Coster. Pág. 389.
(6).- Coster "Baltasar Gracián". Pág. 359.
(7).- Batllori "Vida alternante de Baltasar Gracián en la Compañía de Jesús". A.H.S.J. Roma XVIII. Año 1.949. Pág. 50.
(8).- "Pestíferas quasdam et nimis laxas opiniones". Instructio pro superioribus. 1.597. En "Historia del pensamiento". Tomo III. Pág. 74 ( Jacques Chevalier).
(9).- "....ne etiam ecclesiae Dei universae insignia afferant detrimenta". Circular del P. Viteleschi del 4 de Enero de 1.617. En "Historia del pensamiento". Tomo III. Pág. 74. Jacques Chevalier .
(10).- Dict. Theol. Cath. T.S.Col. 1.082.
(11).- Carta del P. Nickel al P. Piquer, fechada el 12 de Mayo de 1.657. En "Baltasar Gracián. Pág. 355-356.A. Coster.
(12).- Ibidem.
(13).- Charles Aubrum "Crisis en la moral de Gracián". En "Cuadernos Hispanoamericanos". Madrid 1.965. Nº 182. Pág. 231.
(14).- Monomenta, serie cuarta, scripta de Sancto Ignacio, I Matriti. 1.904. Cap. VI. Pág. 466.
En "Gracián et la Compagnie de Jesús". Stimnglhambre. H.R.1.954. Pág. 195 ss.
(15).- Hanse de procurar los medio humanos como si no hubiese divinos y los divinos como si no hubiese humanos". "Oráculo Manual" 251. Pág. 218.
(16).- Francisco Maldonado de Güevara "Lo fictivo y lo antifictivo en el pensamiento de San Ignacio de Loyola. Pág. 41-61.
(17).- Stinglhambre "Baltasar Gracián et la Compagnie de Jesús". Pág. 202 y ss.
(18).- Correa Calderón "Baltasar Gracián: su vida y su obra". Pág. 279.



2.3.- Autores que inspiran la obra moral de Gracián


(1).- "Formáronle (se refiere al Héroe) prudente Séneca, sagaz Esopo, belicoso Homero, Aristóteles filósofo, Tácito político y cortesano el Conde" (se refiere al Conde Baltasar de Castiglione). El Héroe. Pág. 5.
(2).- "En cada uno de los autores de buen genio he atendido a imitar lo que siempre me agradó". Y a continuación menciona a Homero, Esopo, Séneca, Luciano, Apuleyo, Plutarco, Heliodoro, Ariosto, Boquelino, Barclayo. "El Criticón". Preliminares. Pág. 521.
(3).- "Gracián y la literatura aúlica en Alemania". Pág. 117.
(4).- "Gracián y el Barroco". Pág. 63.
(5).- En este apartado sólo reseñaremos los autores que de alguna manera digan referencia al pensamiento moral de Gracián.
(6).-" El Heroe". Preliminares. pag. 5
(7).-Josef Longo. El Criticón. II. Preliminares.pag.666.
(8).-"Gracián y el senequismo aragonés". Octava semana española de Filosofía . C.S.I.C.. Madrid 1966. pag 376
(9).- " Teniendo por doctrina la del mayor de los maestros, de los estoicos morales, Séneca ". Josef Longo. Criticón II. Preliminares. Pág. 666.
(10).- "El Criticón" I. Prólogo. Pág. 521.
(11).- "El Discreto". Cap. XXIV. Pág. 141 ss.
"El Héroe". Primor II. Pág. 11 ss.
(12).- "Y del alfa hasta el omega una seria cartilla de la moral y estoica filosofía". "El Criticón" II. Preliminares. Pág. 666.
(13).- "El Héroe". Preliminares. Pág. 5.
"El Criticón" I. Preliminares. Pág. 521 y 585.
(14).- "Este es un falso político, llamado el Maquiavelo, que quiere dar a beber sus aforismos a los ignorantes....y bien examinado no son otro que una confitada inmundicia de vicios y de pecados: razones no de estado sino de establo. Parece que tiene candidez en sus labios, pureza en su lengua y arroja fuego infernal que abrasa las costumbres y quema las repúblicas". "El Criticón" I. 7ª. Pág. 585.
(15).- "El Criticón" II. 4ª. Pág. 725.
(16).- "El Criticón" II. 4ª. Pág. 725.
(17).- "El Político". Cap. XVII. Pág. 49.
(18).- Romera-Navarro ha realizado un estudio sobre las influencias de Botero y Boccalini, titulado "Reminiscencias de Botero y Boccalini en el Criticón". Buletin Hispanique. 1.934, XXXVI. Pág. 149-158. Mostrando sobre todo la gran afinidad del Héroe con "Detti memorabili di perssonagi illustri" de Botero.
(19).- Azorín. "Lecturas españolas". Colección Austral. Madrid 1.912. Pág. 55.
(20).-A. Coster. " Baltasar Gracián " pag.133
(21) .- " El Crticón" II, 4ª pag.724
(22).-" Agudeza y Arte de Ingenio". Discurso LXII. 508
(23).-" Agudeza y Arte de Ingenio". Discurso XXVII.pag.368-370
(24).-" Agudeza y Arte de Ingenio". Discurso XXXIII. Pag. 397-398.
(25).-" El Criticón III, 12ª. Pag.995
(26).-El Criticón". II, 4ª. Pag.724
(27).-" Gracián y la Literatura Aúlica en Alemania". pag. 128
(28).- Julio Cejador. Prólogo al Criticón. Edición Transcrita y revisada . Madrid. Biblioteca del Renacimiento 1913. Pag. XXVII y ss.
(29).- Un Cuento Árabe, fuente común de Abentofail y Gracián. Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos. Madrid XLVII. 1926
(30).- García Gómez . Descubridor del cuento árabe popular del " Ídolo del rey y su hija". Encontrado en la biblioteca arábico- hispánica escurialense . Matriti MDCCLXX. Tomus posterior . pag. 69. Escrito posiblemente en Aragón un siglo antes de que lo fuera la obra de Gracián.


2.4 . - Otras fuentes

(1) .- E. Sarmiento. " Une note sur El Criticón el L´Ecclesiaste". En B. Hisp. 1932. XXXIV. Pag.130
(2) .-Romera-Navarro. "Citas bíblicas en El Criticón". En H. R: 1933,I pag.323 ss.
(3) .- Angel Ferrari. " Fernando el católico y Baltasar Gracián". Espasa Calpe. Madrid 1949. Pag.720
(4) .- Op. Cit. pag.36
(5) .- Ibidem. pag.37
(6) .- Ibidem. pag.39
(7).- ibidem pag.44
(8).- Ibidem pag.48
(9).- Ibídem pag. 53-55
(10).- Ibídem. pag. 33
(11).- Ibídem Pag. 24
(12).- Mateo Alemán " Guzmán de Alfarache".Libro I. Cap.3º. En clásicos Castellanos. Pag.103-116
.
(13).-" El Criticón". I, 4ª. Pag.541-552
(14).- " ¿ No fuera bien, si es verdad su regla, que la vida es breve, el arte larga, la experiencia engañosa, el juicio difícil. ?. Todo anda revuelto... no hallarás hombre con hombre; todos vivimos en asechanza los unos con los otros ". Guzmán de Alfarache . Libro II cap. 4º. En clásicos castellanos. Pag.54.
(15).- José F. Montesinos. " Gracián o la picaresca pura". Cruz y raya. Nº. 4. Madrid 1933.
(16).-José F. Montesinos. Op. Cit. pag. 45-49
(17).- " No es este siglo de hombres, digo aquellos famosos de otros tiempos ¿qué? ¿ Pensáis hallar ahora un Don Alonso el Magnánimo en Italia, un Gran Capitán en España., un Enrico Cuarto en Francia?, ya no hay tales héroes en el mundo ni aún memoria de ellos. El Criticón I 6ª. Pag. 563
(18).-" El Criticón I.6ª. pag.575.
(19).- José F. Montesinos. Op. Cit. Pag. 53
(20) .- En las Obras Completas de Baltasar Gracián. Edición Aguilar. Arturo del Hoyo recoge todos los refranes insertos en dichas obras. Pag. 1301-1304.
(21).- Miguel Batllori. " Gracián y el Barroco". Pag. 89



























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