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24. Cristo apela al corazón del hombre
La enunciación, a la que ahora nos referimos, esto es, Mt 5, 27-28, nos introducirá con seguridad, no sólo en el contexto inmediato en que aparece, sino también en su contexto más amplio, en el contexto global, por medio del cual se nos revelará g

25. No cometerás adulterio
A la luz de las reflexiones desarrolladas precedentemente, se trata del hombre que desde su «principio» ha adquirido un sentido preciso del significado del cuerpo.

26. La triple concupiscencia
Las palabras de Cristo en el sermón de la montaña hacen referencia directamente al deseo que nace inmediatamente en el corazón humano.

27. La desnudez original y la vergüenza
Este pasaje, que habla de la vergüenza recíproca del hombre y de la mujer, como síntoma de la caída (status naturæ lapsæ), se aprecia en su contexto.

28. El cuerpo rebelde al espíritu
Comprender cómo -con el pecado original- el «hombre de la concupiscencia» ocupó el lugar del «hombre de la inocencia» originaria.

29. La vergüenza original en la relación hombre-mujer
Analizado el significado ordinario de la vergüenza, que aparece con el primer pecado. El análisis de la vergüenza, a la luz del relato bíblico, nos permite comprender todavía más a fondo el significado que tiene para el conjunto de las relaciones interper

30. El dominio del otro como consecuencia del pecado original
En el Génesis 3 se describe con precisión sorprendente el fenómeno de la vergüenza, que apareció en el primer hombre juntamente con el pecado original.

31. La triple concupiscencia altera la significación esponsal del cuerpo
La explicación de esta vergüenza no se busca en el cuerpo mismo, en la sexualidad somática de ambos, sino que se remonta a las transformaciones más profundas sufridas por el espíritu humano.

32. La concupiscencia hace perder la libertad interior de la donación mutua
Ahora bien, la concupiscencia «que viene del mundo» -y aquí se trata directamente de la concupiscencia del cuerpo- limita y deforma el objetivo modo de existir del cuerpo, del que el hombre se ha hecho partícipe.

33. La donación mutua del hombre y la mujer en el matrimonio
las palabras que Cristo pronunció en el discurso de la montaña sobre el «deseo» de la mujer por parte del hombre. En el intento de proceder a un examen de fondo sobre lo que caracteriza al «hombre de la concupiscencia» hemos vuelto nuevamente al libro del

34. El matrimonio a la luz del Sermón de la Montaña
Discurso de la montaña y precisamente al enunciado «Todo el que mira a una mujer deseándola, ya adulteró con ella en su corazón» (Mt 5, 8). Jesús apela aquí al «corazón».

35. Cristo denuncia el pecado de adulterio
El análisis de la afirmación de Cristo durante el sermón de la montaña, afirmación que se refiere al «adulterio cometido en el corazón» debe realizarse comenzando por las primeras palabras.

37. El adulterio falsifica el signo de la alianza conyugal
Cristo dice en el sermón de la montaña: «No penséis que he venido a abrogar la ley o los Profetas: no he venido a abrogarla, sino a darle cumplimiento»

38. El adulterio en el cuerpo y en el corazón
. En el sermón de la montaña Cristo se limita a recordar el mandamiento: «No adulterarás», sin valorar el relativo comportamiento de sus oyentes.

39. Concupiscencia y adulterio según el Sermón de la Montaña
. Reflexionemos sobre las siguientes palabras de Jesús, tomadas del sermón de la montaña: «Todo el que mira a una mujer deseándola, ya adulteró con ella en su corazón»

41. La concupiscencia rompe la comunión entre hombre y mujer
Desde hace algún tiempo tratamos de penetrar en el significado de esta enunciación, analizando cada uno de sus componentes para comprender mejor el conjunto del texto.

42. Relación ética entre lo interior y lo exterior
Llegamos en nuestro análisis a la tercera parte del enunciado de Cristo en el sermón de la montaña (Mt 5, 27-28). La primera parte era: «Habéis oído que fue dicho: No adulterarás». La segunda: «pero yo Os digo que todo el que mira a una muje

43. El adulterio y la concupiscencia de la mirada
Quiero concluir hoy el análisis de las palabras que pronunció Cristo, en el sermón de la montaña, sobre el «adulterio» y sobre la «concupiscencia», y en particular del último miembro del enunciado, en el que se define específicamente a la «concupiscencia

44. Valores evangélicos y deberes del corazón
Esta llamada al corazón pone en claro la dimensión de la interioridad humana, la dimensión del hombre interior, propia de la ética, y más aún, de la teología del cuerpo.

45. Dignidad del cuerpo y del sexo según el Evangelio
En los capítulos de esta segunda parte ocupa el centro de nuestras reflexiones el siguiente enunciado de Cristo en el sermón de la montaña: «Habéis oído que fue dicho: No adulterarás.

46. La fuerza de la creación se hace para el hombre fuerza de redención
Desde hace ya mucho tiempo, nuestras reflexiones se centran sobre el siguiente enunciado de Jesucristo en el sermón de la montaña: «Habéis oído que fue dicho: No adulterarás.

47. Eros y ethos en el corazón humano
Al mismo tiempo, tratamos de acercar nuestras reflexiones a los itinerarios que recorre, en su ámbito, la conciencia de los hombres contemporáneos. Ya en el precedente ciclo de nuestras consideraciones hemos aludido al «eros».

48. Lo ético y lo erótico en el amor humano
Hoy reanudamos el análisis que comenzamos en el capítulo anterior, sobre la relación recíproca entre lo que es «ético» y lo que es «erótico». Nuestras reflexiones se desarrollan sobre la trama de las palabras que pronunció Cristo en el sermón de la montañ

49. La redención del cuerpo
Se trata aquí del pasaje en el que Cristo recuerda el mandamiento: «No adulterarás», y añade: «Todo el que mira a una mujer deseándola, ya adulteró con ella (o con relación a ella) en su corazón».

50. Significado antiguo y nuevo de la pureza
Un análisis sobre la pureza será complemento indispensable de las palabras pronunciadas por Cristo en el sermón de la montaña, sobre las que hemos centrado el ciclo de nuestras presentes reflexiones.

51. Tensión entre carne y espíritu en el corazón del hombre
«La carne tiene tendencias contrarias a las del Espíritu, y el Espíritu tendencias contrarias a las de la carne». Queremos profundizar hoy en estas palabras de San Pablo tomadas de la Carta a los Gálatas (5, 17), con las que la semana pasada terminamos nu

52. La vida según el Espíritu
¿Qué significa la afirmación: «La carne tiene tendencias contrarias a las del espíritu y el espíritu tendencias contrarias a las de la carne»? (Gál 5, 17). Esta pregunta parece importante, más aún, fundamental en el contexto de nuestras reflexion

53. La pureza de corazón evangélica
San Pablo escribe en la Carta a los Gálatas: «Vosotros, hermanos habéis sido llamados a la libertad; pero cuidado con tomar la libertad por pretexto para servir a la carne, antes servíos unos a otros por la caridad.

54. El respeto al cuerpo según San Pablo
. Escribe San Pablo en la primera Carta a los Tesalonicenses: «...Esta es la voluntad de Dios, vuestra santificación; que Os abstengáis de la fornificación; que cada uno sepa mantener su propio cuerpo en santidad y respeto, no con afecto libidinoso

55. La pureza del corazón según San Pablo
En nuestras consideraciones del capítulo anterior sobre la pureza, según la enseñanza de San Pablo, hemos llamado la atención sobre el texto de la primera Carta a los Corintios.

56. La pureza y la vida según el Espíritu
En los capítulos inmediatamente precedentes hemos analizado dos pasajes tomados de la primera Carta a los Tesalonicenses (4, 3-5) y de la primera Carta a los Corintios (12, 18-25), con el fin de mostrar lo que parece ser esencial en la doctrina de San Pab

57. La doctrina paulina sobre la pureza
El Apóstol señala el misterio de la «redención del cuerpo», realizado por Cristo, como fuente de un particular deber moral, que compromete a los cristianos a la pureza, a ésa que el mismo Pablo define en otro lugar como la exigencia de «mantener el propio

58. Función positiva de la pureza del corazón
Antes de concluir el ciclo de consideraciones concernientes a las palabras pronunciadas por Jesucristo en el sermón de la montaña, es necesario recordar una vez más estas palabras y volver a tomar sumaríamente el hilo de las ideas, del cual constituyen la

59. La dignidad del matrimonio y de la familia
Nos conviene concluir ya las reflexiones y los análisis basados en las palabras pronunciadas por Cristo en el sermón de la montaña, con las cuales apeló al corazón humano, exhortándole a la pureza: «Habéis oído que fue dicho: No adulterarás.

60. El cuerpo humano en la obra de arte
No podemos considerar al cuerpo como una realidad objetiva fuera de la subjetividad personal del hombre, de los seres humanos: varones y mujeres.

62. Límites éticos en la obra de arte
. Hemos dedicado ya una serie de reflexiones al significado de las palabras pronunciadas por Cristo en el sermón de la montaña, en el que exhorta a la pureza de corazón, llamando la atención incluso sobre la «mirada concupiscente».

63. Responsabilidad del artista al tratar del cuerpo humano
El problema de la relación entre el ethos de la imagen -o de la descripción- y el ethos de la visión y de la escucha, de la lectura o de otras formas de recepción cognoscitiva, con las cuales se encuentra el contenido d

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