Menu



4. ¿Quiénes formamos la Iglesia?
La Iglesia,es como una gran familia formada por miles de miembros unidos entre sí, por estar cada uno de ellos unido a Dios.


Por: Lucrecia Rego de Planas | Fuente: Centro de Actualización Pedagógica





La Iglesia, más que una sociedad, podría compararse con una gran familia formada por miles de miembros unidos entre sí, por estar cada uno de ellos unido a Dios.

En una familia cada miembro es diferente de los otros: tu hermana no es igual a tu hermano ni éste igual a tu primo. Tu padre y tu madre son diferentes de tus abuelos y tíos.

Cada miembro de una familia tiene una tarea que cumplir y también una personalidad diferente: tu mamá, encargada de la casa, cuida a los hijos; tu papá, responsable de trabajar para proveer lo necesario, los protege; tu abuela consiente a los nietos; tu tía los regaña; tu hermano hace reír a todos; el pequeño llora todo el día y tu hermana es maravillosa haciendo galletas. Cada uno es importante para el resto de la familia y su ausencia se siente cuando por cualquier razón no está en la casa.

Dentro de la Iglesia sucede lo mismo: tiene muchos miembros diferentes y tú eres uno de ellos. En ella encontramos sacerdotes, religiosos y laicos, cada uno con una misión diferente que cumplir y todos igual de importantes y necesarios dentro de la vida de la Iglesia.

Para explicar la importancia de cada miembro dentro de la Iglesia, podemos compararla con tu cuerpo, formado por diferentes miembros: manos, pies, cabeza, dedos, corazón, pulmones, estómago...

Cada miembro de tu cuerpo desempeña una función específica y si falla, te afecta en toda tu persona. Si te duele la cabeza, no dices: “mi cabeza se siente mal”, sino “yo me siento mal”. Si te hieres en el dedo, no dices “le duele a mi dedo”, sino “me duele el dedo”.

La Iglesia es también un cuerpo: el Cuerpo místico de Cristo, y también está formado por miembros diversos entre sí. Entonces, lo que hagas dentro de la Iglesia afecta a todo el cuerpo en general. Si haces obras buenas, la Iglesia entera se fortalece. En cambio, si algún miembro pierde la vida de gracia, la Iglesia entera se debilita pues es como si le amputaran un dedo, una mano o un pie.

En la Iglesia encontramos miembros sanos. Son aquellos que viven unidos a Dios por la vida de la gracia y hacen crecer esa unión a través de los sacramentos. Cumplen con su función a través del testimonio y el apostolado. Son ojos que ven, oídos que oyen, piernas que caminan y manos que escriben.

También encontramos miembros atrofiados. Son aquellos que están ahí porque no han perdido la vida de gracia, pero que no sirven para nada, pues ni se preocupan por fortalecerse ni hacen algo para que la Iglesia crezca y se fortalezca. Son todos aquellos cristianos que se conforman con “no pecar” y se olvidan de hacer el bien.

Existen también en la Iglesia miembros débiles por falta de ejercicio. Son aquellos llenos de buenos propósitos que nunca llevan a cabo porque su fuerza de voluntad no les alcanza. Tienen grandes planes, son piernas que quieren correr en un maratón pero que se niegan a entrenar todos los días. Por supuesto, cuando llegan a la competencia, se quedan a mitad del camino por falta de fuerzas.

La Iglesia también tiene miembros enfermos, heridos y pisoteados. Son aquellos cristianos que conviven con los pecados veniales todos los días. Su unión con Dios es muy débil; son incapaces de trabajar en las virtudes porque están enfermos. Son como unos pulmones con cáncer, una rodilla con el menisco roto o una espalda con la columna desviada. El dolor que causan estas enfermedades los incapacita para desarrollar su función: los pulmones duelen al respirar, la rodilla duele al caminar y la espalda es incapaz de cargar peso.

Los miembros amputados son aquellos que han perdido la unión con Dios debido al pecado mortal. Así como quien ha sufrido la amputación de una pierna o un brazo dice que sigue “sintiendo” su pierna o su brazo, de la misma manera en la Iglesia se “siente” la ausencia de esos miembros que la han abandonado por el pecado mortal.

Hay otros miembros a los que podríamos llamar miembros desertores o mutilados; son aquellos que, al ver problemas o errores dentro de la Iglesia, deciden abandonarla y unirse a grupos sectarios. Son débiles; en vez de defender y fortalecer el Cuerpo al que pertenecen, prefieren huir e irse a otro lugar donde se requiera menos esfuerzo. Es como si un riñón decidiera por sí mismo donarse a otro cuerpo porque no le gusta la nariz del cuerpo al que pertenece. Eso no sucede en el cuerpo humano, pero sí en la Iglesia, pues cada uno de sus miembros es libre.





 

Reportar anuncio inapropiado |


Compartir en Google+
Publicar un comentario sobre este artículo



(no será publicado)








* Gracias por su comentario. El número de mensajes que pueden estar en línea es limitado. La longitud de los comentarios no debe exceder los 500 caracteres. Catholic.net se reserva el derecho de publicación de los mensajes según su contenido y tenor. Catholic.net no se solidariza necesariamente con los comentarios ni las opiniones expresadas por sus usuarios. Catholic.net no publicará comentarios que contengan insultos o ataques y se reserva el derecho de publicar direcciones de correo o enlaces (links) a otras páginas.


Ver Comentarios


Consultorios
Mauricio I. Pérez
Liturgia, Sagrada Escritura, Teología y Mariología
Carlos Gustavo Mejía Medina
Filosofía, Teología, Cristología, Mariología y Sagrada Escritura
Luis García Pimentel
Apologética desde la ciencia y la economía
P. Carlos Skertchly L.C.
Formaciòn y Espiritualidad del Sacerdote
José Miguel Arráiz
Concilio Vaticano II y apologética
Xavier R. Villalta Andrade
Sagradas Escrituras, Apologética
P. Pedro Mendoza
Sagrada Escritura
Alberto Miguel Dib
El Fenómeno sectario y los jóvenes. Iglesia disidente y falsos sacerdotes.
[+] Ver más consultores
Reportar anuncio inapropiado |