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¿Es pecado masturbarse?
El fenómeno de la masturbación es un fenómeno común, estadísticamente común, que no es lo mismo que normal


Por: . | Fuente: almas ac



El Catecismo de la Iglesia Católica nos dice que la masturbación “es la excitación voluntaria de los órganos genitales a fin de obtener un placer venéreo, incluso sin llegar al orgasmo”.

El fenómeno de la masturbación es un fenómeno común, estadísticamente común, que no es lo mismo que normal o frecuente desde el punto de vista estadístico, por lo que en muchos libros científicos se dice que es normal, pero esto no quiere decir que sea algo propio de correspondiente a la naturaleza humana. La masturbación suele tener el significado de fenómeno sustitutivo, intentando satisfacer así sus estímulos sexuales.

Desde el punto de vista médico, generalmente no tiene consecuencias físicas, sin embargo, debido a la angustia o ansiedad que se presenta en algunas de las personas que la practican se ha comprobado que pueden presentar algunos síntomas o malestares que sí tienen repercusiones físicas, como eyaculación precoz, impotencia o frigidez, entre otros. La masturbación genera en la persona una sexualidad egocéntrica, si la persona se masturba frecuentemente, disminuye su incentivo para salir al exterior, es decir, va perdiendo habilidad para relacionarse con otros y de diálogo.

Algunos psicólogos señalan que cuando la masturbación se convierte en un hábito tiene algunos riesgos como: el riesgo de quedarse en un estadio narcisista, excesiva genitalización del sexo, utilizarlo como evasión. Aclarando que es una acción desordenada, ya que al ser un acto individual y egocéntrico no corresponde a los requisitos de la sexualidad humana. La masturbación genera en la persona una sexualidad egocéntrica, si la persona se masturba frecuentemente, disminuye su incentivo para salir al exterior, es decir, va perdiendo habilidad para relacionarse con otros y de diálogo. Se le llama también vicio solitario. Es un vicio que se adquiere y llega a ser esclavizante.

Produce seres replegados sobre sí mismos. Daña el carácter, conlleva distracción de espíritu, inconstancia, apatía, complejo de culpa, sentimiento de derrota y debilita la voluntad. Puede incluso llevar a una obsesión erótica, a estar pensando y deseando lo sensual, y esto va llenando a la persona de un amargo sentimiento de insatisfacción y de vacío; además se va volviendo una persona cada vez más egoísta, encerrada dentro de sí misma en una sensación de fracaso e incapacidad para dominar sus instintos sensuales.



De acuerdo al Catecismo de la Iglesia Católica, la masturbación es un acto intrínseca y gravemente desordenado. El uso deliberado de la facultad sexual fuera de las relaciones conyugales normales contradice a su finalidad, se cual fuere el motivo que lo determine. Así, el goce moral es buscado aquí al margen de la relación sexual requerida por el orden moral. Para emitir un juicio justo acerca de la responsabilidad moral de los sujetos ya para orientar la acción pastoral, ha de tenerse en cuenta la inmadurez afectiva, la fuerza de los hábitos contraídos, el estado de angustia u otros factores psíquicos o sociales que pueden atenuar o tal vez reducir al mínimo la culpabilidad moral.



a) Para conocer su cuerpo: sobre todo en varones después de presentarse la polución nocturna. Psicológicamente no pasa nada. Y es por corto tiempo. Es decir, la misma adolescencia o impulso sexual empuja a tales actos.



b) Por ansiedad: Bajo estrés, presión, exceso de estímulos visuales, ante pérdida afectiva. Además, el influjo del ambiente social y de los compañeros, es decir, los libros, revistas, películas, espectáculos e informaciones sexuales que les llega por todos lados.



c) Por angustia y poco conocimiento de su propia dignidad: es decir, carencias afectivas, los fracasos escolares, el intento de conjurar la soledad y, naturalmente el egoísmo.



d) Por un trastorno psicológico: que en realidad la masturbación es el síntoma y no el problema. Como en el caso de las parafilias. En consecuencia de lo visto anteriormente, se puede concluir, que la masturbación es un pecado en sí, una falta moral grave. Es evidente que en la evolución sexual del hombre, y de modo más decisivo en la pubertad, una serie de influjos de orden físico y psicológico juegan un papel complejo en las fuerzas sexuales de la persona, que en ocasiones afectan seriamente a la advertencia y a la voluntariedad del acto

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