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El Gobierno de Sebastián Lerdo de Tejada
Historia de la Iglesia. Iglesia México Independiente. Eclesiología
... comenzaba a surgir la leyenda del hombre que habría de poner las bases del México Porfirio Díaz Mori, cuya dictadura marcaría toda una época de nuestra Historia...


Por: Carlos A. Sarabia Barrera | Fuente: Catholic.net



Sebastián Lerdo de Tejada terminó el período presidencial de Juárez y se reeligió como presidente constitucional para el período 1872-1876, tomando posesión el 1º de diciembre. Al comenzar su gobierno, decretó una amnistía general por todos los crímenes políticos cometidos, siempre y cuando los acusados se presentasen ante las autoridades en un tiempo máximo de quince días.

Porfirio Díaz decidió acogerse a esta amnistía y se presentó en Chihuahua, desde donde partió a la Cd. de México para visitar al nuevo presidente.

Tres amigos aconsejaban a don Porfirio en la formulación de su proyecto político: Justo Benítez, Manuel Zamacona y Protasio Tagle. Este último, conocido por su prudencia, aconsejó al Gral. Díaz que moderase sus ímpetus y que le diera tiempo al tiempo; ya Lerdo comenzaría a cometer errores que serían aprovechados por el general. Don Porfirio, convencido por Tagle, decidió irse a vivir a Tuxtepec, donde puso una fábrica de muebles, aunque fue elegido miembro del Congreso en 1874.

La administración de Lerdo de Tejada estaba dando mucho de qué hablar. El presidente era un aristócrata, a quien la vida lujosa y fácil le gustaba demasiado. Como hombre soltero, era conocida su debilidad por las damas de la alta sociedad mexicana. Vivía en un mundo de fantasía sin darse cuenta de la precaria situación del pueblo que gobernaba.

Durante su mandato, aplicó enérgicamente las leyes anticlericales de Juárez, desterró a los jesuitas y a muchos sacerdotes, expulsó a las Hermanas de la Caridad, congregación muy estimada en México, que ni Juárez se atrevió a maltratar.

A pesar de que la agricultura era una de las actividades más afectadas por las confiscaciones de bienes eclesiásticos, Lerdo no hacía nada para restablecer el crédito agrícola y, en cambio, autorizaba pésimas concesiones a los constructores de vías férreas, ofreciéndoles 4 mil hectáreas de terrenos por cada kilómetro de vía férrea construida.

A causa de su enorme arrogancia, Lerdo de Tejada no pudo reconciliarse con sus enemigos políticos, especialmente los militares, lo que a la postre influiría en su caída.

El 10 de enero de 1876 - con el Plan de Tuxtepec -, Porfirio Díaz encabezaba una nueva revolución, la cual anunciaba el desconocimiento de Lerdo de Tejada como presidente.

Sin embargo, la suerte no estaba del lado de Díaz quien, en la batalla de Icamole, Nuevo León, fue derrotado totalmente. Huyó a los E.U. y en Nueva York se embarcó hacia Veracruz, donde el Cnel. Luz Enríquez, amigo suyo, le facilitó la huída hacia Oaxaca, donde encontró protección entre amigos.

Pero nuevas dificultades surgieron para Lerdo. Como en aquel año terminaba su cuatrenio, logró reelegirse para el período 1876-1880. No obstante, el presidente de la Suprema Corte, José María Iglesias, anunció que la votación por la que Lerdo había sido electo era fraudulenta y por ende nula; por lo que Iglesias se consideraba con derecho a ocupar la presidencia.

Siendo que Lerdo ya había sido abandonado por la mayoría de sus partidarios a causa de sus leyes anti católicas y la expulsión de las Hnas. de la Caridad, no tuvo la fuerza para imponerse a Iglesias en la Cámara.

El 16 de noviembre de 1876, en la batalla de Tecoac, se decidió la caída del régimen lerdista cuando el Gral. Manuel González derrotó al Gral. Alatorre y a las tropas de Lerdo. Dos días después, el 18 de noviembre, Sebastián Lerdo de Tejada, Presidente de México, después de saquear las arcas de la tesorería junto con un grupo de sus partidarios; huyó de la Cd. de México rumbo al exilio en Nueva York.

Terminaba de esa forma, el período negro y turbulento de inestabilidad social, política y religiosa en que habían vivido los mexicanos desde la independencia. Al mismo tiempo, comenzaba a surgir la leyenda del hombre que habría de poner las bases del México moderno y con el que empezaría a gestarse el concepto de nación: el Gral. don Porfirio Díaz Mori, cuya dictadura marcaría toda una época de nuestra Historia.


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