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El mal uso de facebook puede arruinar amistades
Lo importante es cambiar de conducta. “Primero, preguntarse antes de poner nada: ¿Me gustaría que alguien me dijera esto?”. Y, en un modo positivo, “responder solo a los demás cuando escriben algo interesante, e ignorarlo cuando es algo obvio o detestable


Por: Elisabeth Bernstein | Fuente: sontushijos.org



Se supone que las redes sociales están hechas para acercar a la gente, y la autora reconoce que en ciertos sentidos lo consiguen: “Gracias a Internet, muchos de nosotros hemos vuelto a ponernos en contacto con amigos del colegio y de la universidad, hemos compartido viejas y nuevas fotos, y hemos conocido mejor a gente a la que nunca hubiéramos podido tratar fuera de la red”.

Pero advierte que “si no tenemos cuidado, nuestras interacciones on line pueden dañar nuestras relaciones en la vida real”. “Estoy cansada de amigos que aseguran que están demasiado ocupados para llamar por teléfono, o incluso para escribir un e-mail aceptable, y sin embargo pasan horas en las redes sociales, colgando fotos de sus hijos o de sus fiestas, reenviando adivinanzas estúpidas, colocando dichos extravagantes y absurdos, o utilizando Twitter para comunicar sus últimas andanzas”.

Uno de los problemas es que la comunicación escrita es más imperfecta. Al escribir “se pierden los matices que pueden ser expresados por el lenguaje corporal y las inflexiones de voz”. Además, la misma abundancia de informaciones innecesarias puede infringir la regla cardinal de la camaradería –“no aburrir a los amigos”– y dañar así la amistad. Hay gente que le gusta poner al corriente a los amigos de lo que han comido, de lo que ha hecho su perro o de que tiene una muela picada.

Por otra parte, gente que uno conoce parece a menudo diferente on line, donde se transforma en un ser más atrevido y despliega facetas de su personalidad que uno nunca había conocido. O bien personas que normalmente discuten con cortesía se vuelven mucho más agresivas on line: “De repente, cosas que uno nunca diría en voz alta parecen admisibles porque uno está sentado ante la pantalla del ordenador”.

¿Qué soluciones hay?, se pregunta Bernstein. Una puede ser utilizar las herramientas de Facebook o de Twitter que permiten suspender temporalmente las actualizaciones de los conocidos. Pero lo importante es cambiar de conducta. “Primero, preguntarse a uno mismo antes de poner nada: ¿Me gustaría que alguien me dijera esto?”. Y, en un modo positivo, “responder solo a los demás cuando escriben algo interesante, e ignorarlo cuando es algo obvio o detestable (hacer apreciaciones negativas solo llevaría a empezar una guerra en público)”.





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