Historia de la Iglesia en América. Eclesiología
Iglesia en México Independiente
Por: Por Carlos A. Sarabia Barrera | Fuente: Catholic.net

Aun en el México de nuestros días, la Iglesia Católica continúa teniendo como enemigos a quienes, a lo largo de casi 200 años, hicieron hasta lo imposible por sacarla del corazón de la mayoría de los mexicanos. Las persecuciones a la Iglesia fueron algo común durante un largo período de nuestra Historia y, sólo terminaron, cuando la tolerancia y el respeto al pueblo por parte del Estado fueron puestos en práctica. No obstante el reconocimiento jurídico que el gobierno les ha concedido, tanto a la Iglesia Católica como a las demás confesiones religiosas; los anticlericales no dudarían, si pudieran, en revertir dicha concesión, en su afán de hacer del pueblo mexicano, un pueblo sin creencias.
El motivo de este trabajo es narrar de una manera somera, las tribulaciones que la Iglesia Católica ha tenido que sufrir durante casi dos centurias que, es el período que abarca esta obra.
Fue en 1813, cuando las logias masónicas del rito escocés empiezan a entrar a la Nueva España con el propósito de introducir las ideas de la Constitución de Cádiz y, no se disolvieron ni siquiera cuando Fernando VII derogó aquella; sino que cambiaron sus métodos de trabajo, divulgando extensamente los libelos burlescos de Voltaire y Rousseau y folletos que ridiculizaban a los sacerdotes y religiosos; comenzando así a minar el respeto que el pueblo les profesaba, con lo que lograron al paso de los años, desencadenar verdaderas persecuciones contra la Iglesia Católica.
A raíz de la independencia y durante el imperio de Iturbide, aumentó la influencia de la masonería y sus tendencias anticlericales.
Después de la caída de Iturbide en 1823; el Congreso de la república quedó dividido en dos partidos: el de los centralistas, formado por masones del rito escocés a los que se unieron los monarquistas, españoles, hacendados y algunos miembros del clero; y el de los federalistas, en donde estaban casi todos los antiguos insurgentes y representantes de clases sociales inferiores. En 1825 llegó a México el ministro plenipotenciario de los E.U., Joel Poinsett; quien ejercería un pernicioso influjo sobre los políticos mexicanos; trayendo con él un nuevo rito masónico: el yorkino, consiguiendo entre los federalistas a la mayoría de sus miembros.
Los del grupo escocés eran moderados, en tanto los yorkinos eran extremistas. El conflicto entre ambos grupos no se hizo esperar con resultados desastrosos para nuestra patria. Los yorkinos llegaron a tener gran influencia en el gobierno de aquella época y, a pesar de sus promesas de mejoras sociales y educativas, su administración degeneró en tumultos y demagogia. En vez de poner en práctica un liberalismo político, se convirtió en descarado liberalismo anticatólico. La persecución de españoles que habían simpatizado con la Independencia se puso a la orden del día, siendo desterrados incluso, los misioneros hispanos de Tejas, Nuevo México y California, dejando que los indígenas de esas zonas recayeran en la barbarie.
En 1829 Vicente Guerrero pidió al presidente de E.U. Andrew Jackson el retiro de Poinsett; pero desgraciadamente, al irse, el ministro plenipotenciario dejaba tras de sí 120 logias yorkinas, que continuarían su mala obra. A fines de ese mismo año cayó el gobierno de Guerrero, asumiendo el poder Anastacio Bustamante. Las conspiraciones inspiradas por los masones brotaban por todos lados y, en 1832, Antonio López de Santa Anna encabezó una insurrección para echar a Bustamante quien renunció el 23 de diciembre de aquel año; ocupando su lugar Manuel Gómez Pedraza quien gobernaría desde el 13 de enero de 1833 hasta el 30 de marzo del mismo año, cediéndole el cargo a Santa Anna como presidente y a Valentín Gómez Farías, como vicepresidente.
Gómez Pedraza había fundado las Logias Antifictiónicas (federales), de las que eran miembros, yorkinos prominentes como Gómez Farías, Lorenzo de Zavala, gobernador del Estado de México y Antonio Mejía. De ellos era conocido su acendrado ánimo antirreligioso.
Zavala pronunció un violento discurso anticatólico ante el Congreso mexiquense y, el 21 de febrero de 1833, confiscó los bienes raíces que constituían el patrimonio que sostenía las misiones de Filipinas. Cuando la Iglesia y el pueblo protestaron, Zavala, por decreto del 27 de febrero de ese año, ordenó la expulsión de todos los religiosos y religiosas del Edo. de México.
El anticlericalismo, la intolerancia religiosa y las persecuciones que habría de sufrir la Iglesia Católica a partir de entonces y hasta bien entrado el siglo XX; se convirtieron en verdaderas convulsiones humanas, en las que existieron terribles abusos y una perenne tragedia para los practicantes del catolicismo.- C.A.S.B.-Mérida, Yucatán- 3 de agosto de 2002.
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