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Los Santos están de moda
¿Eres de las que les encantan usar miles de pulseras? ¿Y además que estén repletas de medallitas de santos?.


Por: José Alberto Terán | Fuente: Catholic.net



¿Eres de las que les encantan usar miles de pulseras? ¿Y además que estén repletas de medallitas de santos? ¡Sí! ¡Esas que vemos por todos lados, en los antros, universidades, en la calle, en puestitos, en tiendas! Pero, ¿Sabes el significado que tienen estas medallas? ¿Quiénes son y para qué sirven esos personajes que están grabados en ellas?

Sin ponernos muy teológicos, podemos decir que los santos son personas que vivieron su vida ordinaria de una manera extraordinaria. El concepto de "santo" existe en muchas religiones, pero la religión católica es la única que posee un mecanismo formal para investigar a fondo la vida de un individuo y decidir si efectivamente puede ser declarado santo.

Es lo que se conoce como “el proceso de canonización” de una persona. En este proceso, se nombra a un “abogado del Diablo”, cuya labor es tratar de demostrar que esa persona no fue un santo. Si las pruebas demuestran lo contrario, a pesar de todo lo que haga y diga el abogado del Diablo, entonces, después de muchas investigaciones, es cuando se canoniza a la persona.

“Canonizar” significa declarar solemnemente que, con toda certeza, una persona está con Dios y que, por la manera en que vivió, es digna de ser admirada e imitada.

Es cierto que algunos escritores de vidas de santos, los han puesto con figuras tan distantes de nosotros, que lo único que podemos hacer es admirarlos. Nos los presentan tan cubiertos de ropajes incómodos y ostentosos, tan desligados de todo lo nuestro, que no hay forma de imitarlos. Estos escritores parece que tratan de convencernos de que la santidad es algo muy difícil de conseguir y, por lo tanto, no es para nosotros.

Pero las verdaderas biografías de los héroes cristianos son muy parecidas a nuestras vidas: ellos luchaban y ganaban, luchaban y perdían y entonces volvían a la lucha. Lo que los hizo santos fue el amor con que vivieron en su vida ordinaria, en todos los días, los meses, los años en los que no hubo cosas extraordinarias.

La santidad no consiste en subirse a una columna con una palma en la mano y un crucifijo en el pecho. Los santos existen hoy en día, están cerca de ti y no son inactivos, siempre se mueven haciendo cosas tan simples como preocuparse por la enfermedad de un hermano, dar de comer al perro, cumplir con su trabajo y hacer con alegría los encargos que les piden.

Estos son los santos de hoy, los que van en el metro, rezan a la Virgen, trabajan en el campo, escriben a máquina, descansan el fin de semana y vuelven todos los lunes al mismo trabajo, preocupándose sólo de hacer extraordinariamente bien, aquello que les ha tocado hacer.

El recuerdo de los santos nos lo encontramos en muchas partes. Por ejemplo, en el nombre de algunas ciudades: San Diego, San Francisco, San Miguel, San Antonio, etcétera. Lo encontramos también en las fiestas populares, como la Feria de San Marcos, que es patrono – protector – de la ciudad de Aguascalientes. Para los que les gustan los toros seguro saben que la feria más importante dentro de la tauromaquia es la de San Isidro, quien es patrono de Madrid.

A todos nos gusta tener palancas en algún lado. Una palanca en la cadena del antro, para que te dejen entrar a la primera; una palanca en la escuela, para que te perdonen las faltas; una palanca en el gobierno, que te facilite los trámites para tal o cual cosa. Eso son los santos: una palanca en el cielo, hombres y mujeres como tú y yo, que con su ejemplo nos han demostrado que sí se puede ser santo, o lo que es lo mismo, unos tipazos dignos de admirar e imitar.

Algunos santos son muy “taquilleros” por su fama milagrosa y encontramos imágenes suyas por todos lados, principalmente en los pueblos. Por ejemplo, hay quienes creen que San Antonio, puesto de cabeza, es bueno para que los solterones encuentren pareja; Santa Rita y San Judas Tadeo, son famosos abogados para las causas difíciles y desesperadas.

Ahora, los santos se han puesto de moda y nos los encontramos colgados en los cuellos y muñecas de todos los amigos, aunque no tengan idea de quién es el señor que está grabado en la medalla.

Si tú tienes una de esas pulseras con medallitas de santos, averigua quiénes son y lo que hicieron en su vida. Verás que te llevarás buenas sorpresas.

 


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