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Los límites y cómo establecerlos
La manera de comenzar a establecer o reconstruir nuestros límites emocionales es prestarles atención a nuestros sentimientos de verguenza


Por: . | Fuente: vidahumana.org



Los límites emocionales nos capacitan para protegernos y nos permiten conocernos mejor a nosotros mismos. Por lo tanto, nos ayudan a relacionarnos con los demás. El poner límites nos ayuda a asegurarnos de que nuestro comportamiento es apropiado e impide que ofendamos a los demás o seamos abusados. Si hemos establecido límites normales, nos damos cuenta cuando estamos siendo maltratados. La persona que no ha puesto límites no se da cuenta de que está siendo abusada física, emocional o intelectualmente. Lamentablemente, los codependientes y especialmente los hijos de alcohólicos adultos y las personas que están siendo abusadas, permanecen en relaciones abusivas porque no han establecido límites a su comportamiento o al de los demás. Para poder recuperarse y recobrar su identidad y su autorespeto, estas personas necesitan establecerlos.

Los padres deben de ayudar a sus hijos a aprender a establecer límites desde que son pequeños. La forma en que un niño aprende es diciendo que no a veces, lo cual le ayuda a establecer su identidad personal. Los padres normales comprenden que las necesidades y los sentimientos de sus hijos deben de ser respetados. Sin embargo, en las familias disfuncionales (como por ejemplo cuando hay adicción), la atención la recibe la persona enferma o adicta y sus hijos amoldan su comportamiento para complacer a esa persona o para evitar disgustarle. Cuando los niños se enfocan en sus padres, pasando por alto sus necesidades y sentimientos, no adquieren los recursos necesarios para poder reconocer sus propios sentimientos, saber lo que piensan, quienes son, o para aprender a comportarse en ciertas ocasiones. Esto es precisamente lo que hace que la persona no tenga o ponga límites y se convierta en una codependiente.

En muchos casos los hijos de los alcohólicos temen las consecuencias si se niegan a hacer algo que ellos consideran injusto o inapropiado. Debido a esto quizás jamás aprendan donde terminan sus límites y comienzan los de los demás.

Los padres y las madres no violan deliberadamente los límites de sus hijos; lo hacen porque no tienen un claro sentido de su propia identidad o no comprenden la importancia de enseñar a sus hijos a poner límites. Cuando nuestros límites emocionales son violados, nos sentimos devaluados como personas y no podemos aceptar o dar amor de una forma normal y adecuada. Construimos muros en lugar de límites, e inclusive rechazamos los halagos que nos hacen y dudamos de cualquier persona que esté tratando de acercarse a nosotros.

La manera de comenzar a establecer o reconstruir nuestros límites emocionales es prestarles atención a nuestros sentimientos de verguenza. Si la sentimos con ciertas personas, nos debemos de preguntar si nuestros límites están siendo violados y examinar nuestros sentimientos para poder saberlo. Si nos damos cuenta de que alguien los ha violado, debemos de decirle a esa persona que no podemos relacionarnos con ella porque nos sentimos mal, aunque en ese momento todavía no sepamos el por qué.

Si los sentimientos de temor, ira o dolor nos agobian, debemos de buscar ayuda profesional. De ese modo conoceremos su origen y aprenderemos a establecer límites. Escribir en un diario por ejemplo, puede ayudar a las personas a conocerse mejor y saber lo que les gusta o disgusta y lo que desean llegar a ser.

A veces los límites espirituales han sido violados por padres que hacían afirmaciones a sus hijos tales como:

"Te vas a ir al infierno por pensar de esa manera."
"Dios te va a castigar por haber hecho eso."

Afirmaciones como estas ponen una idea errónea de Dios en la mente del niño, y le inspiran un temor que le impide crecer espiritualmente. Los padres son la imagen de Dios para sus hijos. Si los rechazan o los maltratan, les será muy difícil a estos creer que Dios es amoroso y bueno, puesto que aprendieron muy poco de sus padres sobre lo que es el amor, la bondad o el consuelo. El niño necesita todos estos para poder crecer y madurar normalmente.

Establecer o reparar los límites espirituales toma tiempo y paciencia, pero con la ayuda de Dios todo es posible. Recordemos siempre estas afirmaciones:

"Soy un hijo (o hija) amado(a) por Dios."
"Me está permitido equivocarme."
"Estoy protegido(a) y apoyado(a) por las amorosas manos de Dios."


Cuando comenzamos a establecer límites a veces encontramos oposición en los que están más cerca de nosotros, especialmente aquellos que violaron nuestros límites. Quizás hasta nuestra relación con ellos se deteriore temporalmente. Sin embargo, con el tiempo, según vayamos sanándonos, probablemente nuestras relaciones mejorarán.

Nadie más que nosotros mismos puede establecer los límites que necesitamos tener. El hacerlo quizás requiera ayuda o guía profesional; pero la responsabilidad total por hacerlo la tenemos cada uno de nosotros, individualmente.

Nota:

Este escrito se basó en la información obtenida del folleto "Boundaries for Codependents" publicado por Hazelden, cuya autora es Rokelle Lerner. Ella es miembro de la Organización nacional de hijos adultos de alcohólicos y da conferencias internacionales sobre cómo ayudar a las familias en las cuales existe el alcoholismo.

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