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Institutos de Vida Religiosa
Eclesiología. Vida Consagrada
La vida religiosa se ofrece como un medio para aquellos que buscan el seguimiento más cercano de Cristo.


Por: Germán Sánchez Griese | Fuente: Catholic.net




La vida religiosa

Los institutos de vida religiosa constituyen la forma más conocida dentro de la vida consagrada en la Iglesia católica. Nacidos en Oriente en los primeros siglos del cristianismo y vividos ya en forma como instituto canónicamente erigidos por la Iglesia, la vida religiosa se distingue de las otras formas de vida consagrada por los siguientes aspectos:



  • la profesión pública de los consejos evangélicos
  • la vida fraterna llevada en común
  • el aspecto cultual establecido mediante una regla o forma de vida estable y por el testimonio dado de la unión de Cristo y de la Iglesia.

    La vida religiosa se ofrece como un medio para aquellos que buscan el seguimiento más cercano de Cristo. Y para llevar a cabo este seguimiento eligen para sí mismos la misma vida que siguió Jesucristo, por lo tanto se comprometen a vivir como Cristo vivió: en pobreza, castidad y obediencia, los tres consejos evangélicos. Se unen a Cristo mediante un vínculo estable que se llama voto. El voto no es más que la promesa solemne y pública de ofrecer a Dios una cosa buena y mejor. Al escoger vivir en pobreza, castidad y obediencia, los individuos que pertenecen a la vida religiosa consagran toda su vida a la imitación de Cristo. Mediante la pobreza ponen sus vidas y sus afanes en manos de Dios Padre. Someten su libertad a Dios en la figura de un Superior, mediante el voto de obediencia. Y por último renuncian a los bienes del matrimonio mediante el voto de castidad. Los tres votos no son sino medios para imitar a Cristo pobre, Cristo casto y Cristo obediente.

    Junto a estos tres votos algunos institutos de vida religiosa, añaden otros votos de acuerdo al carisma específico de sus institutos. Así, existe el voto de estabilidad, mediante el cual algunos individuos prometen solemne y públicamente la permanencia en un monasterio o casa de la Congregación. El voto de la hospitalidad para aquellas órdenes que se dedican a la atención de enfermos.

    Todos los institutos religiosos llevan una vida fraterna en comunidad para manifestar de esta manera el amor de Jesucristo a todos los hombres. Buscan llevar a cabo las principales actividades de su vida en común, como puede ser la oración, el trabajo apostólico, las comidas y los tiempos de recreo y descanso.

    Las actividades de los institutos religiosos son guiadas por unas constituciones, reglas o formas de vida, inspiradas por Dios, que les permiten llevar a cabo el fin para el cual se erigió su instituto. Estas reglas de vida constituyen un patrimonio espiritual de la Iglesia que manifiestan de modo admirable la riqueza del Espíritu Santo que ha sabido dotarla a lo largo del tiempo de formas siempre nuevas y admirables de santidad para la alabanza de Dios y el desempeño del apostolado. Muy conocida entre otras, está a regla de San Benito que ha dado origen a muchas órdenes monásticas.

    “La historia da testimonio de los grandes méritos de las familias religiosas en la propagación de la fe y en la formación de las nuevas Iglesias: desde las antiguas instituciones monásticas, las órdenes medievales y hasta las congregaciones modernas” (Juan Pablo II, Redemptoris missio, número 69).



     
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