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Mito 24

El dogma de la Transubstanciación fue decretado por el Papa Inocencio III, en el año 1215 A. D.
Nos enseña la santa fe católica que Nuestro Señor Jesucristo está verdadera, real y sustancialmente presente, en el Santísimo Sacramento del altar.


Por: Catholic,net | Fuente: Catholic.net



Mito 24: El dogma de la Transubstanciación fue decretado por el Papa Inocencio III, en el año 1215 A.D.

En esta doctrina el sacerdote finge realizar un milagro diario cambiando una hostia en el cuerpo de Cristo, y entonces él finge comerlo vivo en la presencia de la gente durante misa. La Biblia condena tales absurdidades; La participación de la Santa Cena es un recordatorio del sacrificio de Cristo. La presencia espiritual de Cristo se implica en la Santa Cena. (Lucas 22:19-20; Juan 6:35; I Cor 11:26)

Refutación y Argumentos Católicos

Lo primero que quisiera saber es de cuál documento de la Iglesia católica ha obtenido el autor del mito siguiente para lo que se ha escrito aquí acerca de la transustanciación: "En esta doctrina el sacerdote finge realizar un milagro diario cambiando una hostia en el cuerpo de Cristo, y entonces él finge comerlo vivo en la presencia de la gente durante misa". Repito, que el autor de este escrito nos cite en qué parte del magisterio se ha enseñado esto. De lo contrario, se confirmaría que estamos ante un mito protestante más.

Por otro lado, el enunciado que dice lo siguiente, no es bíblico: "La Biblia condena tales absurdidades; La participación de la Santa Cena es un recordatorio del sacrificio de Cristo. La presencia espiritual de Cristo se implica en la Santa Cena. (Lucas 22:19-20; Juan 6:35; I Cor 11:26)". Primero, porque la expresión "santa cena" como recordatorio del sacrificio de Cristo no está en la Biblia. Segundo la Eucaristía no es presencia espiritual de Cristo solamente, sino que Cristo está presente en la hostia consagrada real y verdaderamente, cuerpo, alma y divinidad. Lo único en lo hay razón es que este mito protestante es absurdo.

En las citas bíblicas que se han colocado no se habla de la santa cena protestante como recordatorio del sacrificio de Cristo. De lo contrario, ¿cómo explica el protestantismo que Cristo pudo celebrar un recordatorio de su sacrificio si aún no había tenido lugar dicho sacrificio? Un recordatorio de algo futuro ¿qué recordatorio es?

Pasemos a las citas:

Lc 22,19-20: "Y tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí. De igual manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama".

Jn 6,35: "Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás".

1Cor 11,26: "Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga".

Que el lector mismo constate si se habla ahí de la cena protestante como un recordatorio del sacrificio de Cristo. Por otro lado, en Jn 6,11 y 6,23 aparece el verbo "eucharistein" (también en Mt 26,27; Mc 14,23; Lc 22,19; 1Cor 11,24. ¿A qué se acerca más el término: a la "Eucaristía" católica o a la así llamada "santa cena" protesante?

Esto es lo que enseña la Iglesia católica sobre la transustanciación (cito el Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica):

1376 El Concilio de Trento resume la fe católica cuando afirma: "Porque Cristo, nuestro Redentor, dijo que lo que ofrecía bajo la especie de pan era verdaderamente su Cuerpo, se ha mantenido siempre en la Iglesia esta convicción, que declara de nuevo el Santo Concilio: por la consagración del pan y del vino se opera el cambio de toda la substancia del pan en la substancia del Cuerpo de Cristo nuestro Señor y de toda la substancia del vino en la substancia de su sangre; la Iglesia católica ha llamado justa y apropiadamente a este cambio transubstanciación" (DS 1642).

1412 Los signos esenciales del sacramento eucarístico son pan de trigo y vino de vid, sobre los cuales es invocada la bendición del Espíritu Santo y el presbítero pronuncia las palabras de la consagración dichas por Jesús en la última cena: "Esto es mi Cuerpo entregado por vosotros...Este es el cáliz de mi Sangre..."

1413 Por la consagración se realiza la transubstanciación del pan y del vino en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Bajo las especies consagradas del pan y del vino, Cristo mismo, vivo y glorioso, está presente de manera verdadera, real y substancial, con su Cuerpo, su Sangre, su alma y su divinidad (cf Cc. de Trento: DS 1640; 1651).

Ahora pasemos a la explicación de lo que es la "transubstanciación con las debidas acotaciones históricas".

Inocencio III fue Papa de 1198 a 1216. Fue autor, antes de ocupar el solio, de diversos ensayos de carácter místico como "Las miserias de la condición humana y los misterios de la Eucaristía". Se los considera eruditos pero carentes de originalidad. Durante su mandato tuvo lugar el IV concilio de Letrán, en noviembre de 1215. Entre sus 70 decretos se ofrece una definición de la Eucaristía en que aparece la expresión no transustanciación ("transubstantiatio"), sino el verbo "transsubstantis"; pero ello no significa que sólo a partir de entonces se creyera en la presencia real de Cristo en la Eucaristía permaneciendo las apariencias del pan y del vino. Este concilio es testimonio de cómo la Iglesia ha ido creciendo en su comprensión de la doctrina eucarística, y no es ninguna invención, sino fruto del esfuerzo por entender mejor qué es lo que ocurre en la consagración. Ciertos cátaros sostenían que Cristo cambió el pan en su cuerpo, pero que sólo lo hizo él, mientras que otros dicen que la Eucaristía no es nad

Este concilio no se comprendería sin las controversias que le preceden.

A raíz de la herejía de Berengario de Tours tiene lugar un estudio más profundo sobre el misterio eucarístico [a partir de 1059 se aprecia en Berengario la tendencia a negar la presencia del cuerpo de Cristo en la Eucaristía, de suerte que parece defender una presencia más bien figurativa (F. Vernet Bérenger de Tours DTC 2,729; la obra de Berengario se llama "De sacra coena", cf 100, 248)]. Fulberto de Chartres fue de hecho el que primero utilizó la expresión "mutare in corpus substantiam", así como se aprecia algo similar en las obras de Lanfranco y Guitmundo de Aversa: Lanfranco ya habla de un cambio sustancial: "las sustancias terrenas se convierten en la esencia del cuerpo de Cristo, mientras que permanece la forma exterior, las especies: de hecho nos introduce en la terminología "substantia"/"species" [Lanfranco, De corpore et sanguine... PL 150, 430; ]. Guitmundo de Aversa habla también de "substantialiter transmutari" y distingue claramente entre la sustancia que cambia y los accidentes que permanecen

Según la narración de los sinópticos y de Pablo, Jesús tomó el pan y el vino y, se los distribuyó a los suyos. Les dijo: «Esto es mi cuerpo... éste es el cáliz de mi sangre».

Para que estas expresiones sean verdaderas, hay que admitir que el pan ya no es simplemente pan y que el vino ya no es simplemente vino.

Algunas citas de los santos Padres nos harán comprender que la Iglesia de los orígenes creía en la presencia real de Cristo en la Eucaristía y que no es ninguna invención lo que la Iglesia enseña, sino que lo ha hecho siempre.



Ignacio de Antioquía escribe contra los que no creen que Cristo haya asumido la carne humana, por ello es que niegan asimismo la Eucaristía, pues no confiesan que la Eucaristía es la carne de nuestro salvador Jesucristo, la misma que padeció por nuestros pecados, la que por su benignidad resucitó el Padre. "Los que contradicen el don de Dios, litigando, mueren. Más les convendría amar para que resucitaran" (Ad Smirniotas c.7, No. 1 PG 5,731).

Justino hablando de la Eucaristía dice: "Este alimento se llama entre nostros ´Eucaristía´, del cual a ningún otro es lícito participar, sino al que cree que nuestra doctrina es verdadera, ya que ha sido purificado por el bautismo para el perdón de los pecados y para la regeneración; y que vive como Cristo enseñó. Estas cosas no las tomamos como pan ordinario ni como bebida ordinaria, sino que así como por el Verbo de Dios, que se encarnó, tomó carne y sangre para nuestra salvación, así también se nos ha enseñado que el alimento eucaristizado mediante la palabra de oración que procede de él (alimento con el que nuestra carne y nuestra sangre se nutren con arreglo a nuestra transformación) es la carne y la sangre de aquel Jesús que se encarnó" (Apología 1,65,ss).

Ireneo dice: ¿Cómo, pues, les constará que este pan en el que han sido dadas las gracias, es el cuerpo del Señor y el cáliz de su sangre, si no dicen que él es el Hijo del hacedor del mundo, su Verbo, por el que el leño fructifica y las fuentes manan, y la tierra da primero tallo y despues espiga y finalmente trigo pleno en la espiga? (Adv. Haer 4,18; PG 7,1027). También contra los herejes se pregunta cómo ellos no admiten la resurrección de la carnes, siendo que en la Eucaristía nos alimentamos de la carne resucitada de Cristo (Adv. Haer 4,18; PG 7,1027).

Hay muchos testimonios más, que no es el caso reproducir: Tertuliano, Cipriano, Clemente de Alejandría, Orígenes, Atanasio, Cirilo de Jerusalén, Gregorio de Nisa, Juan Crisóstomo, Teodoro de Mopsuestia, Cirilo de Alejandría, Teodoreto de Ciro, Juan de Damasco, Ambrosio. Ponemos a continuación la sola enseñanza de san Agustín:

Dice san Agustín: "Lo que veis, queridos hermanos, en la mesa del Señor es pan y vino, pero este pan y este vino, al añadírseles la palabra, se convierten en cuerpo y sangre de Cristo. Si quitas la palabra, es pan y vino; añades la palabra, y ya son otra cosa. Y esta otra cosa es el cuerpo y la sangre de Cristo. Quita la palabra, y es pan y vino; añade la palabra, y se hace sacramento. A todo esto decís: ¡Amén! Decir amén es suscribirlo. Amén significa que es es verdadero" (Sermón 6,3).

Pero es que también la liturgia antigua es testimonio de la presencia real de Cristo en la Eucaristía: las plegarias antiguas, las liturgias alejandrinas, antioquenas, antioquenoconstantinopolitanas

Pues bien, concluyendo, cabe decir que se rinde a la eucaristía el culto de adoración, ya que el Señor sigue estando presente desde la consagración hasta que dejan de perdurar las especies, aun después que haya acabado la misa, y se reserva la eucaristía.




 

 

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