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Tema 3.2: El valor del lenguaje en su relación con el pensamiento y la realidad
Saber distinguir entre el contenido del pensar y el modo cómo el lenguaje condiciona y potencia ese pensar


Por: P. Alfonso Aguilar | Fuente: Catholic.net



Tema 3.2:
El valor del lenguaje en su relación con el pensamiento y la realidad

Objetivos


1. Comprender el valor trascendental del lenguaje en la formación y expresión del pensamiento y en la manifestación de la realidad para el hombre.
2. Saber distinguir entre el contenido del pensar y el modo cómo el lenguaje condiciona y potencia ese pensar.
3. Saber discernir entre manifestación del ser para el hombre e inteligibilidad trascedental del ser en relación con la Verdad misma.



A. El valor del lenguaje en relación con el pensamiento y la realidad

1. La cuestión fundamental: ¿cuál es el valor del lenguaje: instrumental o «existencial»?

Las relaciones lenguaje-pensamiento y lenguaje-realidad constituyen dos de los problemas más complejos e importantes de la filosofía. Nos preguntamos cuál es el valor del lenguaje, o sea, de qué modo el lenguaje condiciona o determina al hombre en su pensamiento y en su percepción de la realidad. Puede ser que tenga un valor instrumental, es decir, que sirva de medio para la formación y expresión del pensamiento y para hacer presente el ser de las cosas al hombre, o puede ser que tenga un valor que nosotros queremos llamar aquí «existencial», en cuanto que determina y es causa principal tanto del pensamiento humano como de la manifestación del ser. A la luz de estas distinciones podemos formular a continuación los problemas de modo específico:

a. ¿Es el lenguaje un instrumento del pensamiento o un artífice del pensamiento? De otro modo, el lenguaje, ¿refleja lo que pensamos o, por el contrario, es nuestro pensamiento quien refleja lo que escuchamos y hablamos? Nuestro pensar, ¿configura y determina el lenguaje, o viceversa?

b. ¿Es el lenguaje una mera expresión de como son las cosas, un signo del ser, o es, en cambio, la necesaria manifestación del ser? ¿No encontrará el hombre, al relacionarse con la realidad, su modelo y su sostén en el lenguaje?

2. Importancia de los problemas

a. En relación con nuestra visión de la vida

La solución que se dé a estos interrogantes determinará, en el fondo, el tipo de filosofía del conocimiento que se tenga – si el hombre es capaz de conocer la verdad y hasta qué punto – y determinará también, por lo mismo, la propia concepción del hombre y de la realidad. Contribuirá, pues, de modo decisivo, a dar este o el otro sentido a la vida.

b. En relación con la fe cristiana

La solución condicionará también la posibilidad de aceptar o no la fe cristiana, la cual, como afirma Juan Pablo II, presupone que el lenguaje humano es capaz de expresar la realidad divina y trascendente, aunque sea analógico (cf. Fides et ratio, n. 84).

c. En relación con la cultura y mentalidad de nuestra época

Finalmente, como dijimos, la filosofía contemporánea (hermenéutica, filosofía analítica, estructuralismo, deconstruccionismo....) se polariza en torno a los problemas del lenguaje. Debemos, pues, afrontar estos temas también para comprender y evangelizar mejor la cultura de nuestro tiempo.

B. Las dos posturas acerca de la relación entre el pensamiento y el lenguaje

1. La posición «tradicional»

Llamamos «tradicional» a la idea central, intuición fundamental o núcleo doctrinal sobre el lenguaje, que ha prevalecido en la mayor parte de los autores a lo largo de la historia de la filosofía, sin tener en cuenta las diferencias específicas entre sus corrientes.

Según esta postura, el pensamiento es independiente y anterior a su expresión verbal. El lenguaje, por tanto, está subordinado y es secundario, instrumento del pensamiento. Las ideas tienen una cierta substancia en sí mismas y usan palabra como vehículos para expresarse a sí mismas. El pensamiento se conecta, pues, directamente con la realidad, mientras que el lenguaje lo hace sólo indirectamente, a través del pensamiento, y sirve para dar cierta forma sensible a las ideas. El verbum oris permanece, entonces, subordinado ontológica y cronológicamente al verbum mentis. Así, una vez que, después de haber visto, pienso: «El libro de gnoseología está sobre mi escritorio», expreso a continuación este juicio en palabras, oralmente o por escrito. El esquema básico gnoseológico sería, en pocas palabras, el siguiente: «De las cosas al pensamiento, del pensamiento al lenguaje». Los filósofos de esta tradición no están de acuerdo, con todo, sobre el modo de explicar la prioridad del pensamiento: (1) Para algunos el lenguaje ha sido causado por el pensamiento con el propósito de comunicar (postura empírica). (2) Para otros, en cambio, el lenguaje es la aparición completamente adecuada del pensamiento mismo (postura idealística).

2. La posición «contemporánea»

Algunos pensadores de la antigüedad, como los sofistas, y la mayor parte de los filósofos de nuestra época invierten el orden de los términos. Llamamos «contemporánea» a la idea central, intuición fundamental o núcleo doctrinal sobre el lenguaje, que prevalece indistintamente en casi todas las corrientes filosóficas de nuestra época.

Según esta postura, el pensamiento es absorbido por el lenguaje (G. Ipsen) o nace del lenguaje mismo (J. Stenzel). La palabra, entonces, no permanece al servicio del pensamiento, sino que éste depende de ella y para ella se actualiza. Nosotros no pensamos primero y luego hablamos; escuchamos y hablamos primero, dado que hemos nacido en una cultura determinada con un lenguaje particular, y luego, a partir de ese lenguaje heredado, comenzamos a pensar. Entonces no es el pensamiento quien condiciona el lenguaje, sino al revés. El lenguaje determina y configura mi modo de ver la vida, de entender el mundo, al hombre y a Dios mismo. El lenguaje sería una especie de telescopio: puedo ver tanto y tan lejos como me lo permita el lenguaje. Mi capacidad de distinguir entre el valor de una planta y una roca no se debe al hecho de que mi mente haya captado la distinción ontológica primero, sino al hecho de que el lenguaje que me enseñaron me ha presentado tal distinción. De lo contrario, no la hubiera pensado. Soy capaz de pensar lo que el lenguaje me enseña. El esquema básico gnoseológico sería, entonces, este otro: «Del lenguaje al pensamiento y del pensamiento a las cosas».

Esta postura, considerada radicalmente, conduce inevitablemente al relativismo. No se pretende que el pensamiento se conforme a la realidad y que luego trate de expresarla del mejor modo posible. Dado que el pensamiento no capta la realidad ni el lenguaje la expresa, se busca, más bien, crear el lenguaje que más nos convenga para alcanzar los fines que nos proponemos. Nosotros determinamos, transformando el lenguaje, qué ideas y qué valores tiene la sociedad. Somos nosotros quienes establecemos las reglas del juego de la vida fijando las palabras que vamos a usar. Pongamos un ejemplo: actualmente pensamos en Dios como un ser personal, porque nuestro lenguaje (cristiano) nos ha enseñado a pensar así de la divinidad. Si cambiamos nuestras palabras acerca de Dios y lo llamamos «energía» o «fuerza de la naturaleza», nuestra idea de Dios cambiará (términos impersonales e inmanentísticos nos darán la idea de un dios impersonal e inmanentístico). Si dejamos de hablar de Dios, la idea que de Él tenemos simplemente desaparecerá. El lenguaje, como el pensamiento, son arbitrarios, convencionales, mudables. Dependen totalmente de nosotros.


C. Las dos posturas acerca de la relación entre el lenguaje y la realidad

1. La posición «tradicional»

Según el pensar de la philosophia perennis, el lenguaje tiene un valor semántico: su misión consiste en indicar, señalar, servir de signo a la realidad. Nos dice cómo son las cosas. Expresa el ser extramental. Las frases «hoy hace sol» y «este libro es aburrido» manifiestan verbalmente dos hechos reales. El lenguaje tiene, pues, un valor instrumental con relación a la realidad que trata de manifestar, aunque sea de modo imperfecto y limitado.

2. La posición «contemporánea»

También en los últimos decenios buena parte de la filosofía, a partir del «segundo» Heidegger, ha cambiado radicalmente este punto de vista, atribuyendo al lenguaje una densidad ontológica mucho más profunda. Esta doctrina resulta bien extraña y bien difícil de entender para quien no esté familiarizado con ella. La palabra, según Heidegger, más que orientarse a descubrir el ser, lo acompaña, lo conmemora, lo festeja, sin pretender explicarlo. El ser escapa a los entes particulares y se instala ontológicamente en una trascendencia inaprensible, que destella únicamente en el hombre, sobre todo en su palabra poética de resonancias místicas. ¿Por qué? Porque únicamente el hombre puede preguntarse por el ser, por su sentido, desde una ininterrumpida sucesión de interrogantes a lo largo de su historia. El hombre, en fin, con su naturaleza esencialmente histórica y creativa (poética) manifiesta, sin descubrir, el ser oculto en lo íntimo de las cosas y del todo. En efecto, la palabra, en primer lugar, lleva a la cosa a aparecer en su aspecto ontológico en cuanto cosa, como el horizonte de manifestación del ser. En segundo lugar, se pone sobre las huellas del ser que, por la diferencia ontológica, no aparece jamás en su plenitud, sino que se muestra poco a poco en un juego de presencia y ausencia como alteridad insondable y desconocida. Pero la «diferencia» es una continua manifestación de sentido jamás definitiva, siempre «en camino». Por esto la filosofía sólo puede ser hermenéutica, o sea, interpretación de la palabra y de los lugares históricos en que el ser se muestra y se reserva.


D. Pistas para una solución de los problemas


¿Cuál es el valor del lenguaje en relación con el pensamiento y la realidad?: ¿meramente instrumental? ¿o fundamental y existencial? Sin pretender decir una palabra definitiva acerca de una cuestión tan compleja, esperamos ofrecer algunas pistas o directrices como respuesta.

1. El valor del lenguaje en relación con el pensamiento

a. Valor instrumental

No cabe duda que el lenguaje es el mejor instrumento del hombre para expresar y transmitir su pensamiento, y realizar, de este modo, las tres funciones que comentamos en el tema anterior: descubrir, comunicar y revelar la propia personalidad. Nuestra experiencia nos enseña que el proceso realidadpensamientolenguaje funciona ordinariamente. Nuestra teoría realista del conocimiento, argumentada con rigor en las dos primeras unidades, no ha mostrado la validez del conocimiento. Somos capaces de aprehender las cosas como son. Por tanto, cuando veo el libro de «gnoseología» sobre mi escritorio, mi mente capta este hecho y en su juicio «el libro de gnoseología está sobre mi escritorio» se conforma con la realidad externa. El juicio interior, que puedo después pronunciar oralmente o transmitir por escrito (como lo está haciendo ahora quien escribe estas líneas), expresa, efectivamente, lo que he pensado, y expresa por tanto, últimamente, cómo son las cosas: que el libro está realmente sobre mi escritorio.

b. Valor «existencial»

Por otro lado, es cierto que el lenguaje no es simplemente un mero instrumento, neutro, del pensamiento. También es capaz, hasta cierto punto, de condicionarlo y modelarlo. Analicemos la experiencia. Nosotros no nacimos y aprendimos a pensar por nosotros mismos, en abstracto, sin un lenguaje y una cultura determinadas. Al nacer, nos encontramos, por decirlo así, en medio de una conversación que ya muchos hombres estaban entablando antes de mí (mis padres y parientes, mis amigos y vecinos, mis educadores, la gente del pasado y del presente, los medios de comunicación social, los libros, la cultura y la sociedad en general). Esta «conversación» influye necesariamente en mi modo de pensar, de apreciar la vida, de entender el mundo, al hombre y a Dios.

Una persona de habla hispana, por ejemplo, forma con naturalidad en su mente el concepto «hogar», porque su lengua le ha dado esta palabra, que no tiene un correspondiente exacto quizás en otras lenguas; así, la palabra inglesa home carece del sentido peculiar y entrañable de «intimidad» implícito en el término «hogar». Del mismo modo, hay palabras en inglés que carecen de un correspondiente exacto en español; por ejemplo, watershed significa, metafóricamente, «un momento crucial que inicia un cambio radical». En español nos cuesta captar el concepto, porque no tenemos un vocablo para él. El vocabulario, pues, influye en la formación (o no formación) de mis conceptos.

Pero hay algo más profundo. La filosofía de la vida de una cultura se expresa en su lenguaje y se asimila al heredar tal lenguaje. Así, por ejemplo, una persona educada en una cultura religiosa politeísta, que sólo habla de «dioses» y nunca de «Dios» en sentido personal y monoteísta, pensará con toda probabilidad que hay «dioses» y no un Dios personal único. Es cierto, pues, que, de algún modo, primero escuchamos y hablamos, y luego pensamos.

c.Una distinción fundamental

Ahora bien, ¿cómo escapar del relativismo? ¿Cómo conjugar el valor instrumental con el existencial? Pienso que aquí debemos retornar a la distinción fundamental que hicimos sobre todo en la 1ª unidad, tema 4. Una cosa es lo que conocemos, otra es el modo como lo conocemos. El contenido del pensamiento es en sí absoluto, objetivo, estable, pues, en caso de que no se equivoque, se adecúa a la realidad misma, como acontece con el contenido o la verdad de esta frase: «El libro de gnoseología está sobre mi escritorio».

El modo de conocer, en cambio, es siempre relativo, subjetivo, cambiable, pues subyace a las constantes variables o condiciones subjetivas del cognoscente: edad, madurez, cultura, educación, estado de ánimo, temperamento, carácter, pasión, acumen intelectual, pasado personal, etc. Todo ello determina de qué manera se capta la realidad, con qué grado de penetración y de emotividad, desde qué punto de vista, qué énfasis se le da a tal o cual aspecto, etc., pero no determina la verdad en sí del juicio. De esta manera, puedo captar que «el libro de gnoseología está sobre mi escritorio» como una verdad desagradable (quizás me parece aburrido, tal vez no tengo ganas de estudiar...) o como un hecho agradable (quizás me gusta la gnoseología, a lo mejor tengo ilusión de aprender...) Fuere como fuere el modo como hago el juicio, su contenido es el mismo.

¿Y el lenguaje? Desde luego, el lenguaje pertenece al grupo de las variables o condiciones subjetivas del cognoscente. Posiblemente sea la más importante e influyente de todas ellas. No importa que ejerza un influjo del 100%. Siempre condicionará el modo de pensar y conocer, y no tanto lo que se piensa y conoce. Esto explica que seamos capaces de conocer nuevos conceptos al enriquecer nuestro vocabulario o al aprender otros idiomas, que tengamos la habilidad de juzgar el lenguaje, de cambiarlo y de perfeccionarlo. Con nuestro pensamiento somos, en definitiva, capaces de trascender nuestro lenguaje. Si éste determinara el pensamiento, no podríamos.

Esta tesis tiene consecuencias decisivas para el sentido de la vida, pues, si nos conformamos a la verdad de la vida, por medio del pensamiento y del lenguaje, podremos realizarnos como seres humanos. Tiene, también, una importancia crucial para la fe cristiana que, como sabemos, es fe en la palabra divina expresada en palabras humanas (Biblia y Tradición), palabras que, por tanto, son capaces de decirnos la verdad acerca de Dios y la verdad que Dios ha pensado y querido revelar.

2. El valor del lenguaje en relación con la realidad

a. Valor instrumental

Es evidente que el lenguaje es un medio, aunque imperfecto y limitado, para indicar la realidad. Como veremos en el tema siguiente acerca del «testimonio humano», gracias a este valor instrumental podemos conocer las cosas como son a través del lenguaje de otras personas,. La frase que pronuncio: «El libro de gnoseología está sobre mi escritorio» puede ser perfectamente comprendida por quien la está leyendo o escuchando. Mi interlocutor puede conocer este hecho real.

b. Valor «existencial»

También es verdad que, de algún modo, el lenguaje humano manifiesta,«festeja»,
«conmemora» el ser. El hombre, en efecto, no sólo se encuentra entre las cosas como los demás seres, sino que es, además, el único ser que se pregunta por el sentido último de toda la realidad. Su pregunta y su búsqueda empezó, se desarrolló y continuará a lo largo de la Historia por medio del lenguaje humano, por el cual, en el cual y con el cual el hombre crea cultura, es decir, expresa el misterio del ser, de todo lo que es, y, al mismo tiempo, es capaz de cuestionarse sobre este mismo misterio.

c. Dos distinciones fundamentales

Ahora bien, la filosofía y el pensamiento humano no pueden reducirse a mera hermenéutica o interpretación de la palabra y de los lugares históricos en los cuales el ser se muestra y se reserva; no puede consistir en una interpretación tras otra sin poder jamás afirmar nada de lo que es simplemente verdadero. Por un lado, el ser no se manifiesta exclusivamente al hombre por su lenguaje. Se manifiesta primera, esencial y absolutamente a Dios, que es la Verdad misma. Por eso todo ser es en sí verdadero, inteligible: se adecúa a la mente de Dios, es conocido por Él. Sólo secundaria y, por así decir, accidentalmente, se adecúa a la mente humana, es cognoscible para nosotros por medio del pensamiento y del lenguaje.

En segundo lugar, como vimos, el pensamiento humano puede captar, aunque sea de modo parcial y limitado, el misterio de la realidad, su sentido, la esencia de las cosas, y el lenguaje es capaz, aunque sea de modo imperfecto y contingente, de expresar el pensamiento que ha captado la verdad. Debemos distinguir, en definitiva, entre verdad del ser aprehendida y expresada, y el camino hermenéutico, o sea, el punto de vista, desde el cual esta verdad ha sido captada y expresada.

Conclusión

El lenguaje humano tiene, por un lado, un valor instrumental para el pensamiento (es medio de su expresión) y para la realidad (la indica). Tiene, por otro, un valor «existencial» para el pensamiento, pues condiciona y potencia el modo como pensamos, y para la realidad, dado que manifiesta al hombre el misterio del ser, la pregunta por su sentido y la búsqueda del mismo. Reducir el lenguaje a un mero instrumento significaría empobrecer la esencia de su valor para el hombre. Absolutizar su valor «existencial» conduce a un relativismo inadmisible, que no hace justicia ni a la realidad, ni al pensamiento, ni al lenguaje mismo.

Términos claves

Valor: en el contexto de este tema, valor es la propiedad que hace poderosa a una entidad (en nuestro caso, el lenguaje) por el tipo de influencia que ejerce.

Valor instrumental: el valor de una entidad (del lenguaje) como medio, es decir, el que posee en virtud del valor de las consecuencias que produce. Como instrumento, esta entidad causa, influye o produce el efecto no en virtud de su propia perfección, sino en virtud de la perfección de una causa superior, llamada principal.

Valor «existencial»: expresión original nuestra que usamos en este texto para indicar el significado vital o valor de alguna entidad (el lenguaje) que determina la propia comprensión del hombre, su modo de pensar y de vivir antes de que éste empiece a ejercer su libertad.

Autoevaluación

1. Describa en pocas palabras cuál es el problema de la relación lenguaje-pensamiento y el problema de la relación lenguaje-realidad
2. ¿Por qué tienen tanta importancia estos problemas?
3. ¿Cuál es, en síntesis, la posición «tradicional» y la «contemporánea» acerca del lenguaje en relación con el pensamiento?
4. ¿Qué diferencia hay entre la posición «tradicional» y la «contemporánea» acerca del lenguaje en relación con la realidad?
5. ¿Cuál es la distinción que debemos hacer en el conocimiento para entender el valor del lenguaje? ¿Tiene el lenguaje, en definitiva, valor instrumental y/o «existencial» en relación con el pensamiento?
6. ¿Qué distinciones debemos hacer para entender el valor instrumental y/o «existencial» del lenguaje en relación con la realidad?


Participación en el foro

1. Actualmente, uno de los mejores medios para difundir una ideología y dominar culturamente sobre la gente y los pueblos consiste en la manipulación del lenguaje. Ejemplos: a las relaciones prematrimoniales se les llama «amor libre»; al aborto, «una interrupción voluntaria del embarazo»; al «derecho» a la esterilización y aborto, «derecho de salud reproductiva» o «pro-choice»; se pretende que la palabra «género» sustituya a la de «sexo natural» para defender la igualdad legal de los cinco estados sexuales: heterosexual, homosexual, lesbiana, bisexual y transexual. ¿Cómo cree usted que influyen estos cambios lingüísticos en la mentalidad de la gente? ¿Cuál es la estrategia de los manipuladores?

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