Menu


Tema 6.5: La crítica Kantiana
Conocer la doctrina fundamental del kantismo y sus motivos de fondo


Por: P. Alfonso Aguilar | Fuente: catholic.net



Tema 6.5: La crítica Kantiana

Objetivos

1. Conocer la doctrina fundamental del kantismo y sus motivos de fondo.
2. Apreciar y aprender las exigencias positivas que tiene.
3. Mostrar críticamente sus deficiencias en relación con la teoría del conocimiento.


A. Información histórica

El empirismo clásico inglés concluía de modo escéptico: lo que llamamos conocimiento consiste sólo en el modo como los seres humanos organizamos las experiencias que recibimos. Sin embargo, fue capaz de despertar a Immanuel Kant (1724-1804) de su «sueño dogmático». Kant, entre otros, intentará desarrollar una teoría del conocimiento que evite las exageraciones del racionalismo continental y los resultados devastadores del empirismo inglés. Todo su interés filosófico se reduce a descubrir cuáles son las posibilidades y los límites del conocimiento en estrecha conexión con el problema de la ciencia de la naturaleza.

Durante la segunda mitad del siglo XIX se asiste a una recuperación y desarrollo del pensamiento de Kant por obra de Friedrich A. Lange (1828-75) y Otto Liebmann (1840-1912); la escuela logicista de Manburgo: Hermann Cohen (1842-1918), Paul Natorp (1854-1924), Ernst Cassirer (1874-1945); la escuela de Baden: Wilhelm Windelband (1848-1915), Heinrich Rickert (1863-1936), Emil Lask (1875-1915). Queriéndolo o no, el esfuerzo especulativo de Kant, caracterizado por su gran rigor, se convertirá en un punto de referencia imprescindible para la filosofía sucesiva.


B. Doctrina

Es un hecho que la ciencia progresa. Ahora, ¿cómo es posible el conocimiento científico? La ciencia se construye a base de juicios sintéticos a priori: son sintéticos, porque su predicado añade algo nuevo al sujeto, que no está implicado en él (ej: 7 + 5 = 12; el «12» no está incluido en los números 7 y 5); son a priori, porque tratan de materia universal y necesaria, que no deriva de la experiencia. La pregunta sobre la posibilidad de la ciencia se identifica, entonces, con esta otra: ¿cómo podemos hacer juicios sintéticos a priori? He aquí la respuesta kantiana: gracias a elementos a priori que ordenan las impresiones.

El objeto de la experiencia (por ejemplo, este libro), que Kant llama fenómeno, resulta de una síntesis entre datos caóticos que recibimos de la sensibilidad y los dos elementos a priori de la sensibilidad que ordenan esos datos: las intuiciones puras de espacio y tiempo. Espacio y tiempo, entonces, no están en las cosas; son modos intuitivos nuestros de organizar las sensaciones.

El intelecto se encarga de formar los conceptos y los juicios. El intelecto juzga según clases (cantidad, calidad, relación, modalidad) que se articulan en funciones intelectuales (las 12 categorías kantianas: por ejemplo, unidad, multiplicidad; realidad, negación; causalidad, acción recíproca). Todos estos son también elementos a priori del intelecto.

Ahora bien, ¿quién organiza en el tiempo el material ofrecido por la sensibilidad (la «materia») según las diversas categorías del intelecto (la «forma» del conocimiento)? El esquema trascendental de la imaginación. Por medio de él los datos de la sensibilidad se ordenan según esta o la otra categoría y modalidad. Al final sólo conocemos las cosas como aparecen. Así, el libro de mi mente es el resultado de datos caóticos de la sensibilidad organizados por los elementos a priori del conocimiento – formas de espacio y tiempo, modalidades, categorías – por medio de la imaginación. No conocemos las cosas en sí, que Kant llama númenos (el libro como es en la realidad).

Para comprender mejor la teoría kantiana, pongamos una analogía. El agua, en sí, carece de figura, sabor y color. Toma la figura aquello que la contiene, y el sabor y el color de aquello con que se mezcla. Supongamos que metemos agua en una jarra que tiene vino tinto hasta la mitad. Para Kant el «agua» sería la «materia» del conocimiento, es decir, los datos recibidos en la sensibilidad. La «jarra de vino tinto» sería el intelecto que recibe el agua y le da su «forma» (figura, sabor y color). Al final, pues, ignoramos cómo era la cosa en sí (el «agua»); sólo la conocemos como se nos presenta mezclada en nuestra «jarra» (intelecto).

Finalmente, según Kant, la razón tiende a unificar los datos internos a través de tres «ideas» regulativas: el alma, el mundo y Dios. Como van más allá de la experiencia, esas «ideas» no son entes, o sea objetos de conocimiento. La metafísica tradicional es, pues, ilusoria, porque resulta imposible de realizar.


C. Razones más importantes

1. Explicar cómo el conocimiento científico es posible

Fascinado por el progreso del conocimiento científico, sobre todo por obra de Newton, Kant desea comprender cómo es posible describir los fenómenos sin recurrir a causas puramente hipotéticas.

<2. Método filosófico riguroso que reconcilie el racionalismo y el empirismo eliminando sus excesos

Pretende garantizar la certeza de lo que conocemos (racionalismo) aceptando al mismo tiempo el valor del escepticismo humiano (empirismo). Desea una filosofía rigurosa basada en un método filosófico riguroso que desemboque en una certeza sobre lo que podemos conocer. En esto consiste su filosofía trascendental, que es la ciencia de los límites y posibilidades de la razón.


D. Exigencias positivas

1. El rigor filosófico sobre el tema central de la capacidad humana de conocer

De Kant podemos aprender a ser cautos y rigurosos en el análisis de los límites y posibilidades del conocimiento humano para no caer en la vana pretensión de querer conocer más de lo que podemos (racionalismo), midiendo lo que resulta posible e imposible a la razón humana. De hecho, la conciencia de nuestras limitaciones cognoscitivas puede abrir la puerta del alma a la expectativa de una revelación divina que complete y perfeccione nuestro conocimiento sobre las verdades últimas de Dios, del hombre y del mundo.

2. El intento de reconciliar el valor de la experiencia sensible con la actividad dinámica del intelecto

El conocimiento humano proviene, en efecto, como resultado de la aportación de la percepción y de la intelección, al contrario de lo que pensaban los racionalistas, que despreciaban el papel de la experiencia, y los empiristas, que minusvaloraban el papel de la inteligencia. Kant, sin embargo, fracasa en su intento de reconciliar ambas partes.


E. Deficiencias estructurales y refutación del kantismo

1. Injustificada explicación de la universalidad y la necesidad en las cosas y, por tanto, del conocimiento ordinario y de la ciencia misma

Si el esquema trascendental de la imaginación actúa arbitrariamente combinando sensibles, elementos a priori de la sensibilidad y categorías a priori, entonces el conocimiento resulta ser en sí mismo arbitrario. Como eje del conocimiento ordinario y científico se encontraría, de hecho, un factor meramente temporal y contingente. Esta teoría, más que explicar la experiencia del conocimiento, la reduce a un juego de asociaciones psicológicas, al estilo humiano. Ignora la posibilidad de considerar que todo lo universal y necesario de las cosas, o sea, las esencias, sean reales, informen a los sujetos subsistentes, y que la mente humana sea capaz de descubrirlas y aprehenderlas. En esta posibilidad encontramos, sin embargo, la mejor explicación de nuestra experiencia cognoscitiva y la mejor justificación del saber científico, ya que ofrece un fundamento ontológico a la necesidad y universalidad, que encontramos – no proyectamos – en los seres, siempre determinados por un modo de ser específico, con una naturaleza propia. La ciencia, en fin, puede lograr un conocimiento parcial, limitado, de las cosas, mas no por ello inauténtico.

2. Agnosticismo e idealismo que ignoran nuestra certeza espontánea

Nosotros somos conscientes, natural y espontáneamente, de que conocemos las cosas como son, de que, por ejemplo, «el sol brilla» hoy y «el libro de Metafísica es pesado», realmente. Dado que, para Kant, el númeno o la cosa en sí resulta totalmente incognoscible, nuestra experiencia relacional de conformidad intencional entre el sujeto y el objeto, queda inexplicada. No conocemos el término de la relación, no tenemos acceso a la cosa exterior. No hay conocimiento objetivo. Dos son las posibles consecuencias naturales de la filosofía trascendental: el agnosticismo – no conocemos nada real – y el idealismo – dado que el númeno es incognoscible, su existencia es irrelevante para el conocimiento; más aún, resulta imposible de afirmar; la verdad depende al final sólo del sujeto que conoce.


Conclusión

En su intento de explicar la posibilidad del saber científico y de reconciliar empirismo y racionalismo, Kant propuso una ciencia de los límites y posibilidades del conocimiento: éste es el resultado de los datos caóticos recibidos de la sensibilidad (la materia) y de los elementos a priori de la sensibilidad (espacio y tiempo) y del intelecto (categorías o conceptos puros) que organizan tales impresiones (dan la forma) por medio del esquema trascendental de la imaginación. En conclusión, no podemos conocer las cosas en sí (númenos), sino sólo como aparecen (fenómenos). El hombre no puede, por tanto, hacer metafísica. Dado que la universalidad y la necesidad de los entes no tienen base real, pues son introducidos por la mente, el conocimiento ordinario y la ciencia misma carecen de fundamento gnoseológico. Se termina, en fin, en agnosticismo o en idealismo.


Términos claves
Filosofía trascendental: ciencia que se interesa de las condiciones de cognoscibilidad a priori de los objetos y, por tanto, de la posibilidad de la experiencia y del conocimiento.

Fenómeno: el objeto de la experiencia sensible conocido mediante las formas a priori de la sensibilidad (espacio y tiempo) y del intelecto (las doce categorías).

Númeno o cosa en sí: el objeto como es en su integralidad y como tal incognoscible para el intelecto humano, estructuralmente vinculado a la apariencia fenoménica del objeto en la representación intelectual.

Elementos a priori: anteriores a e independientes de la experiencia.

Juicios sintéticos a priori: juicios cuyos predicados añaden algo novedoso, no implícito en el sujeto (por eso, «sintéticos»), con carácter de necesidad y universalidad, es decir, que no derivan de la experiencia (por eso, «a priori»). Ejemplo: «la suma de los ángulos internos de un triángulo es 180º».
Necesario: aquello que debe ser lo que es.
Universal: lo que es o se piensa que es común a muchos individuos.


Autoevaluación

1. ¿Cuál es el interés principal de Kant? ¿Qué busca saber con su filosofía?
2. ¿Qué son los elementos a priori del conocimiento? ¿Cuáles son?
3. ¿Cuál es la función del esquematismo trascendental de la imaginación?
4. ¿Para qué hace Kant la distinción entre «fenómeno» y «númeno»?
5. ¿Qué es lo que, según Kant, podemos conocer?
6. ¿Cuáles son los dos motivos más importantes que llevaron a Kant a desarrollar su crítica?
7. ¿Qué podemos aprender del esfuerzo kantiano por descubrir las leyes del conocimiento?
8. ¿Cuáles son sus deficiencias estructurales principales?


Participación en el foro

1. Imagínese que a un niño, al nacer, le ponen gafas rojas y ese niño crece con las gafas sin quitárselas en ningún momento. El niño pensaría que todas las cosas son rojas, con más o menos grados de intensidad. ¿Cree que este caso representa bien la teoría del conocimiento de Kant? ¿Cómo podemos saber que nuestra mente percibe las cosas no con gafas impuestas (los elementos a priori de la sensibilidad y del intelecto o categorías), sino con gafas por decir así transparentes?


Si deseas participar en el foro da un click
Foro Tema 6.5: La crítica Kantiana
 

 

 

Si tienes alguna duda, escribe a nuestros Consultores





     







Compartir en Google+




Reportar anuncio inapropiado |