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Introducción: ¿Qué es la Gnoseología?
Introducción al curso Esperamos que este curso sirva de estímulo al estudiante para filosofar sobre temas tan trascendentales para el hombre, para la civilización y para la fe cristiana


Por: P. Alfonso Aguilar | Fuente: Catholic.net



Introducción

A. ¿Qué significa conocer la verdad?


1. Importancia vital de la cuestión

El viento azotaba las gélidas montañas suizas, pero ellos no se percataban. En una pequeña cueva de hielo los dos se miraban uno al otro con odio, con aire desafiante, con cierta compasión. Uno de ellos se había doctorado en medicina en la universidad de Ingolstadt, Alemania. Había trabajado durante años para «crear» un ser humano con vida, para inmortalizar al hombre en este mundo. Se llamaba Viktor Frankenstein. Ahora estaba frente a su monstruo, un homínide fuerte, alto, horrendo, que le miraba desesperadamente, como si buscara en su hacedor el elixir de la vida. El monstruo le preguntó con ansiedad: «¿Quién soy yo?» Viktor fue sincero: «No lo sé».

En esta escena de la película El Frankenstein de Mary Shelly podemos encontrar un símbolo de nuestra condición humana. Nosotros, cierto, somos seres humanos, no monstruos. Sin embargo, como el homínide de la novela, fuimos creados y aparecimos en este mundo sin escoger nuestra condición ni estado de vida. A nosotros nos corresponde averiguar quiénes somos y en qué consiste esta hermosa, dolorosa y misteriosa tarea de vivir. Nos acucian las eternas preguntas de la humanidad: ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos? ¿Hay algo después de la muerte? ¿Cómo debemos vivir? ¿Qué es el mundo? ¿Quién es Dios y cómo se relaciona con nosotros?...

No sólo de pan vive el hombre. Para ser felices y cumplir nuestra misión en esta vida necesitamos saber las respuestas. Para ayudar a los demás a encontrar el sentido de la propia vida y para evangelizarles necesitamos saber dar respuesta a todo el que nos pida razón de nuestra esperanza (cf. 1 Pe 3, 15), pues Dios «quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad» (1 Tim 2, 4).

Todo esto presupone que sepamos lo que significa saber. La pregunta «¿qué conozco?» o «¿qué puedo conocer?» viene metodológicamente primero. ¿Puedo conocer la verdad? Y si puedo, ¿qué tipo de verdad y hasta qué grado? De la repuesta a esta pregunta dependerá de qué modo y hastá qué punto podremos responder a los demás interrogantes del hombre.

El problema de saber es saber qué significa saber. De modo espontáneo, todos pensamos que sabemos, pero no sabemos porqué, qué, cómo, con qué, hasta qué punto... conocemos. Se requiere, pues, hacer un esfuerzo racional, metódico, sistemático y profundo acerca de este problema. Necesitamos desarrollar una filosofía del conocimiento.

2. Actualidad del problema

Muchos pensadores y, en nuestra sociedad contemporánea, un número de personas cada vez más elevado están convencidos teórica y/o prácticamente de que no podemos conocer la verdad, o, mejor dicho, de que no hay ninguna verdad. El relativismo está constituyendo el eje de la cultura postmoderna: «Todo es igual», «cada quien tiene “su” verdad», «nadie tiene derecho a imponer su posición sobre los demás», «la verdad está por igual en todas las religiones y filosofías»... De ahí que se vaya diluyendo o desapareciendo en tantas personas el sentido de la vida, la dignidad de la persona humana, los valores humanos y espirituales, la capacidad de hacer juicios morales sobre los propios actos, sobre los cambios culturales y las leyes del Estado, la fe en la verdad revelada... ¿Qué fe, qué civilización, qué felicidad podemos lograr sin una sabiduría acerca de la vida? ¿Cómo lograr esta sabiduría si no reconocemos y fundamentamos el hecho de que somos capaces de conocer la realidad? La filosofía del conocimiento resulta, pues, decisiva para restaurar en nuestros contemporáneos una genuina confianza en su capacidad para conocer la verdad y ofrecer el reto a la filosofía de redescubrir y desarrollar su dignidad en pleno (cf. Juan Pablo II, Fides et ratio, 6).


B. El primer problema de la filosofía del conocimiento

¿Qué es filosofía del conocimiento?


El primer problema de la gnoseología consiste en saber, precisamente, de qué se trata la gnoseología. Hay muchas razones por las cuales este interrogante es difícil de resolver.

1. La dificultad intrínseca de determinar la materia del problema

Para la mayor parte de las ciencias resulta fácil definir el propio objeto: la astronomía estudia los astros, la aritmética los números, la botánica las plantas... Para la gnoseología, en cambio, la materia es oscura; sí, estudiamos el conocimiento, pero ¿qué tema del conocimiento en particular?: ¿la posibilidad de conocer algo? ¿el modo y el mejor método para conocerlo? ¿los elementos que intervienen e influyen? ¿el origen, la estructura, el valor, los límites del conocimiento? No hay un consentimiento general en la respuesta.

2. La naturaleza del objeto

Conocer nuestro mismo conocer es dificultoso, porque aquí no estamos dirigiéndonos a un objeto externo, distinto de nosotros, sino a algo interno, que forma parte esencial de lo que somos. Necesitamos una reflexión completa, proyectarnos a nosotros mismos como objetos de nuestro conocimiento. Cabe el peligro, casi inevitable, del subjetivismo.

3. La vaguedad del significado de «verdad»

Si alguien nos preguntara ahora mismo, como lo hizo Poncio Pilato, «¿qué es la verdad?», ¿qué responderíamos? ¡Qué difícil es dar una respuesta precisa! En el lenguaje ordinario usamos el término «verdad» continuamente, de muchos modos, con muchos sentidos. Además, a lo largo de la historia se dan entre los filósofos muchas concepciones diversas de «verdad». Destaquemos las tres más tradicionales:
(1) la teoría de la correspondencia, que concibe la verdad como una relación de semejanza entre una idea o un juicio y su objeto;
(2) la teoría de la coherencia, que adopta como criterio de verdad la coherencia lógica de una proposición con un sistema más amplio de proposiciones;
(3) la teoría intrínseca, que ve la verdad como una propiedad intrínseca de la proposición verdadera.

4. La historia de la filosofía del conocimiento

Iniciada con los griegos, la historia nos ofrece, como veremos en la parte sexta del curso, una gran variedad de escuelas de pensamiento y de modos de entender la gnoseología, a veces en profunda contradicción entre sí.

5. La íntima unión existente entre la teoría del conocimiento y la vida moral

La propia teoría del conocimiento determina en buena parte el modo de concebir al hombre, la cultura, la ética y la religiosidad. Por eso, la propia libertad, los propios deseos, intereses y hábitos morales suelen jugar un papel muy importante, a veces decisivo, en nuestro modo de concebir el conocimiento humano. Sucede, por ejemplo, que una persona o un grupo social, con el fin de justificar su modus vivendi o sus intereses ideológicos, se dedique a defender una teoría relativista del conocimiento y a tildar de «intolerante» y de «dogmático» cualquier postura que defienda la capacidad natural del hombre para conformarse a la verdad objetiva.


C. Objeto de la gnoseología

Para comenzar este curso debemos, pues, resolver este primer problema fundamental: ¿de qué trata la gnoseología? O, si se prefiere: ¿cuál es su objeto?

1. Las dos funciones de la inteligencia humana

Con el fin de delimitar nuestro objeto de estudio, distingamos ante todo los dos usos generales que hacemos de nuestra inteligencia. Cuando busca contemplar un objeto, la mente ejerce una función especulativa; verdad, en este caso, quiere decir «conocer». Cuando busca hacer algo – una acción cualquiera o un acto moral –, ejerce una función práctica; la verdad aquí consiste en «dirigir». Nuestro curso se concentrará, desde luego, en la función especulativa de la razón.

2. El problema crucial del conocimiento

A nuestro modo de ver, el problema central y más urgente consiste en la validez del conocimiento, es decir, en averiguar si somos capaces por naturaleza de conocer las cosas como son, de conformar nuestro pensamiento con la realidad. En efecto, si no podemos conocer la realidad, ¿para qué investigar las demás cuestiones acerca del conocimiento y acerca de la vida? Dejemos que cada quien piense lo que quiera, o sea, construya su propia visión de las cosas. Todos los demás problemas gnoseológicos, filosóficos, éticos y religiosos están, pues, condicionados por este primero, al que solemos llamar «problema crítico». Centraremos nuestro curso, por tanto, en torno a él y trataremos de ir respondiendo a otras preguntas – ¿cuál es el origen, la estructura, los elementos, el modo... del conocimiento? – en función y a la luz de nuestro primer interrogante.

3. El objeto material y los objetos formales de la gnoseología

Toda ciencia estudia un sector particular de la realidad desde un punto de vista singular, dejando de lado otros sectores y puntos de vista. El objeto, pues, define a cada una como «tal» ciencia, confiriéndole unidad y marcando su diferencia específica.

a. El objeto material

Es el contenido de la ciencia, el sector de la realidad que se examina, la materia de investigación. Lo que estudiamos en gnoseología es el ser conocido, el ente de razón, el objeto de nuestros pensamientos o conocimientos.

b. El objeto formal quod («el cual»)

Es el aspecto o la perspectiva bajo la cual se estudia el contenido u objeto material. Marca la diferencia específica de una ciencia. En nuestro caso estudiaremos el ser conocido sobre todo a la luz de la validez o efectividad del conocimiento, es decir, a la luz de su conformidad o adecuación con el ente real: ¿puede la inteligencia conocer, identificarse mentalmente con la realidad exterior?

c. El objeto formal quo («por el cual»)

Consiste en el modo, la fuente, el método o los instrumentos del conocimiento científico con los cuales estudiamos el objeto material. En gnoseología usaremos la luz natural de la razón. No nos basaremos directamente, por tanto, ni en la tradición ni en la fe, aunque los presupongamos y tengamos presentes en todo momento. El valor de nuestra investigación dependerá de la calidad de nuestros argumentos racionales.

4. Los tres tipos de «verdad»

a. La verdad trascendental u ontológica

Se identifica materialmente con el ser en cuanto ser, o sea, con toda la realidad. Considera todas las cosas existentes en cuanto que son inteligibles, es decir, en cuanto que tienen la capacidad de ser conocidas por una mente. Dado que todos los entes son conocidos por Dios, se adecúan a su mente, «todo ente es verdadero», cognoscible. Se trata del tipo de verdad de que se ocupa principalmente la metafísica. Un ejemplo concreto de verdad ontológica es el libro de gnoseología existente fuera de mi mente.

b. La verdad formal o lógica

Es la conformidad mental de la inteligencia con la realidad. Por ejemplo, cuando recibo el libro de gnoseología, mi mente establece con él una relación de adecuación ideal: «crea», por decirlo así, una idea, un concepto, un juicio, a través del cual conoce el libro presentado. Se trata, pues, del significado de «verdad» según la teoría de la «correspondencia», que señalamos anteriormente y al cual nos adscribimos en este curso. Sobre este significado fundamental basaremos, de hecho, todo nuestro esfuerzo de investigación filosófica. Alcanzo, en efecto, la verdad formal o lógica cuando el libro de mi mente «corresponde» exactamente con el libro real fuera de mí. Es el tipo de verdad que estudia la gnoseología, ya que se interesa principalmente por la validez del conocimiento, es decir, por la correspondencia entre la mente y la cosa.

c. La verdad fenoménica

Se refiere al resultado de la adecuación, al fruto del acto de conocimiento: lo que se sabe. La llamamos «fenoménica» (del griego,[faínomai] = «manifestarse, aparecer»), porque la realidad se «manifiesta» a la inteligencia y ésta la «asimila» a través del proceso de conformidad mental. Así, por ejemplo, está el libro de gnoseología (verdad trascendental u ontológica); una vez que he establecido el contacto cognoscitivo o relación de adecuación con él (verdad formal o lógica), lo conozco, incluso sin mirarlo (verdad fenoménica).

La realidad (verdad trascendental) mide o determina el contenido del conocimiento, pues el hombre no «crea» las cosas que conoce, sólo las «reconoce» como son. A través de la actividad de la mente por conformarse con o asimilar esa realidad (verdad formal), el hombre conoce, posee la verdad (fenoménica). El problema-clave del conocer consiste, por eso, en la relación mente-cosa: ¿es en verdad una relación de adecuación o no? ¿El hombre conoce las cosas como son o sólo lo que él proyecta en su interior con su inteligencia? Por este motivo, la verdad formal o lógica constituye el objeto directo de la filosofía del conocimiento.


D. Finalidad e itinerario de la gnoseología

1. Finalidad fundamental de la gnoseología

Mucha gente sabe que sabe, pero no sabe porqué. Hoy en día, sin embargo, no basta saber que se sabe. Careciendo de razones o argumentos sobre la validez del propio conocimiento, el hombre contemporáneo corre fácilmente el riesgo de dejarse absorber por la avalancha de la mentalidad relativista y agnóstica que invade nuestra cultura actual hasta el punto de minar de modo sutil y subrepticio, no sólo los valores humanos y espirituales que regían y daban sentido a la propia vida, sino también la propia fe, que presupone un reconocimiento de la capacidad natural de la mente para alcanzar la verdad.

No dudamos en la práctica de que podamos conocer, pues, a la hora de investigar nuestro capacidad cognoscitiva, presuponemos que conocemos. Nos cuestionamos, de todos modos, si podemos o no conocer la verdad para encontrar razones sólidas, argumentos firmes, con qué fundar nuestra convicción espontánea. De esta manera sabremos defendernos racionalmente del relativismo y de toda otra doctrina que niegue o tergirverse este hecho fundamental – que el hombre fue creado para conocer la verdad –, del cual depende el sentido de la vida, la conservación o la destrucción de los valores, el éxito o la ruina de la cultura, la vida o la muerte de la fe cristiana.

2. Itinerario de la gnoseología

Nuestro curso, pues, partirá de esta convicción espontánea, carente de argumentos, que llamaremos dóxa ( en griego, significa «opinión», y puede interpretarse como «una idea no razonada»). Después afrontaremos con decisión el problema crítico, dando la palabra a los argumentos pro y contra la validez del conocimiento, quedándonos así, temporalmente, en un estado de aporía ( «perplejidad, duda, callejón sin salida»). Así vendremos estimulados a ir a fondo, o sea, a la búsqueda o investigación racional: exétasis ( «examen, investigación»). ¿Con qué proposito? Con el fin de alcanzar el conocimiento sistemático, argumentado, filosófico, propio del sabio, acerca del porqué sabemos que conocemos las cosas como son: epistéme («conocimiento por causas»).
He aquí la trayectoria y el fin de nuestro curso sintetizados en estas cuatro palabras griegas

E. El curso

1. Título del curso

Con las distinciones anteriores sobre el objeto y el fin de nuestra asignatura podremos comprender el significado del título que hemos escogido para este libro: «conocer la verdad». «Conocer» es la actividad espiritual a través de la cual un sujeto «asimila» o «posee» mentalmente un objeto. «Verdad», en esta proposición, se refiere al ser de las cosas, o sea, a la verdad trascendental u ontológica.

Ahora bien, lo que en el fondo buscamos es, valga la redundancia, conocer la verdad del «conocer la verdad». ¿Qué significa este juego de palabras? Nos proponemos como fin descubrir, precisamente, la respuesta verdadera al interrogante ¿qué es «conocer la verdad»?: ¿es conformar la mente con la realidad o crear objetos en la mente? Y si la inteligencia se adecúa a las cosas, ¿cómo lo hace, hasta qué grado, con qué intensidad, elementos, medios, a partir de qué, qué estados se provocan en la mente...? Conozcamos, pues, la verdad acerca del «conocer la verdad».

2. Nombre del curso

A lo largo de la historia esta temática de la filosofía ha recibido diversos nombres. La neoescolástica lo llamaba «lógica mayor» o «lógica material» (logica maior o materiale), porque se trataba del contenido de nuestro pensar, en contraposición a la «lógica menor» o «formal» (logica minor o formale), que es la lógica, o sea, el estudio de las relaciones formales del pensamiento sin examinar el contenido. Más tarde recibió otros títulos:
«crítica», «criteriología», «epistemología»,«teoría» o «filosofía del conocimiento»,
«gnoseología». El término «crítica» tiene una connotación negativa en el lenguaje ordinario y en filosofía tiende a identificarse con el kantismo y con la problemática exclusiva de la validez del conocimiento. El rótulo «criteriología» es demasiado restringido y se presta también a equívocos. En español «epistemología» se usa en sentido estricto para referirse al problema del conocimiento científico o filosofía de la ciencia (no así en inglés, que usa la palabra «epistemology» en sentido amplio para significar nuestra materia). Las expresiones más adecuadas parecen ser, pues, «teoría» o «filosofía del conocimiento» y «gnoseología». Éste último término proviene del sustantivo griego gnósis, que significa
«conocimiento», y lógos , que, en términos generales, puede traducirse como «ciencia». El vocablo «gnoseología» es de cuño reciente y no está muy en boga aún entre los filósofos. Sin embargo, por su brevedad y claridad lo usaremos para referirnos a nuestra asignatura.

3. Estructura del curso

El curso está dividido en seis unidades o partes, que incluyen una serie de temas. Cada parte trata de un problema específico del conocimiento y lleva por título un término particular que señala la singularidad de cada problema. Así, la primera unidad trata del problema crítico o la cuestión sobre la validez del conocimiento y se titula crítica (del griego [críno] = «juzgar, cuestionar»). La segunda unidad, que estudia los elementos y fuentes del conocimiento, lleva por título noética [noéma] = «pensamiento, mente»). La tercera unidad se ocupa del misterio y la validez del lenguaje humano; por ello se llama lingüística (del latín lingua = «lengua, idioma»). La cuarta unidad desarrolla el tema de los estados de la mente en relación con la verdad; por referirse a temas de carácter psicológico la hemos titulado «psíquica» (entre comillas para no confundirlo con el término médico; su origen etimológico es [psijé] = «alma»). La quinta unidad se ocupa de la validez del saber científico, problema que, en español, cuenta con un nombre adecuado: epistemología ( [epistéme] = «ciencia, conocimiento por causas»). La sexta unidad desarrolla un estudio crítico de diversas teorías del conocimiento que se han sucedido a lo largo de la historia([historia] = «investigación, información, narración, historia»).

Presentados los temas, podemos sintetizar la lógica del curso del siguiente modo:

Primero debatiremos, en términos generales, la existencia de nuestra capacidad natural para la verdad (1ª unidad), que deberemos defender y entender de modo más preciso en cada una de sus etapas al analizar los elementos y fuentes del conocer – la sensación, los conceptos, los juicios y raciocinios – (2ª unidad), involucrando la problemática del lenguaje, que es a la vez instrumento y causa del conocimiento (3ª unidad). Ahora bien, el hecho de que podamos conocer la verdad no significa que siempre la conozcamos ni que la conozcamos siempre del modo más perfecto; estudiaremos, por eso, los diversos estados subjetivos de la mente en relación con su objeto, es decir, de qué modos posibles asiente a o disiente de la verdad conocida (4ª unidad). Luego afrontaremos el problema específico de la validez de las ciencias naturales y humanas (5ª unidad). Confrontaremos al final nuestras tesis y conclusiones con las teorías que otros filósofos han propuesto en el curso de la historia (6ª unidad).

4. Características del curso

La problemática particular de cada unidad viene presentada con una introducción y un diagrama estructural (el índice de cada tema de esa unidad). Se ofrece también bibliografía básica para el estudio particular del problema. Cada lección o tema inicia con la presentación de sus objetivos en un cuadro. Se introducen los puntos esenciales o subtemas de cada lección con subtítulos en negrilla precedidos de letras alfabéticas en mayúscula. A su vez, cada subtema está subdividido en ideas particulares introducidos por títulos con números arábigos. Al final de cada lección se presenta la conclusión dentro de un recuadro. Se definen a continuación los términos claves usados a lo largo de la explicación. Se formulan después una serie de preguntas de reflexión – la autoevaluación – que se refieren directamente a la materia explicada para que el alumno pueda cerciorarse objetivamente de la propia asimilación de las ideas propuestas en la lección.

Las actividades que se proponen son opcionales; el estudiante podría escoger las que considere de mayor interés y reservar otras para futuras ocasiones. Estas actividades tienen como primera finalidad invitar al alumno a profundizar e investigar. Se sugieren, por ello, una o varias lecturas de textos breves que ayuden a clarificar, complementar y ahondar en las cuestiones tratadas; por su claridad y profundidad de pensamiento se han escogido textos de filósofos clásicos, particularmente de Platón, Aristóteles y Sto. Tomás de Aquino. Como segunda finalidad las actividades pretenden enseñar al alumno a percibir la conexión y la relevancia de los problemas discutidos en la vida personal y en la vida de la sociedad, tratando de descubrir el impacto que las ideas ejercen en la cultura y en la mentalidad de la gente de nuestra época. Por este motivo muchas de las preguntas se prestan como temas de discusión filosófica para debatir entre compañeros de estudio.

Debo hacer una advertencia al lector. Este curso ha evitado deliberadamente el aparato crítico y las notas a pie de página a lo largo de las explicaciones por diversos motivos: primero, dado que el texto es para iniciantes en filosofía y requiere por su naturaleza que sea breve, conviene no «abrumar» al estudiante con anotaciones marginales de carácter científico, técnico o histórico; segundo, el autor prefiere que las ideas fluyan sin interrupción, evitando así las «distracciones» o
«entorpecimientos» a la hora de seguir el discurso filosófico; tercero, aunque el autor use terminología y razonamientos clásicos, la presentación de los problemas, las definiciones y términos clave han sido elaborados de modo original, sin dependencia estricta de otras fuentes.

5. Originalidad del curso

Señalemos, por último, algunas características singulares que diferencian este texto de otros muchos. Desde el punto de vista del contenido, el curso es original por la riqueza de la temática desarrollada; será muy difícil encontrar otro libro de gnoseología que considere tantas y tan distintas cuestiones. Al mismo tiempo, el texto es novedoso por su estructura, pues distingue la problemática general del conocimiento de un modo muy peculiar y claro, dividiendo los argumentos en unidades con títulos proprios («crítica», «noética», «lingüística»,
«psíquica», «epistemología», «historia»). Se distingue, a la vez, por su lógica interna: no considera los diversos problemas de modo aislado, sino que los entrelaza evidenciando su conexión intrínseca y su puesto en el conjunto orgánico de la temática. Destaca, además, por su capacidad pedagógica: describe con precisión las cuestiones, pone de manifiesto su relevancia, define con rigor los términos usados, evitando que el alumno los maneje sin comprender exactamente su significado. El tipo de actividades propuesto es también original: en ellas se invita al estudiante a leer a los filósofos en sus obras originales, a despertar su interés por encontrar soluciones a cuestiones existenciales, más allá de la asimilación pasiva de un tratado, a filosofar en equipo, a descubrir la conexión entre teoría y sentido de la vida, entre ideas filosóficas y modo de vivir, entre pensamiento y cultura.


Esperamos que este curso sirva de estímulo al estudiante para filosofar sobre temas tan trascendentales para el hombre, para la civilización y para la fe cristiana.

Esperamos tu participación en el foro:


Saludo y comentario antes de empezar el curso


Sobre el estudio de los temas

1. Es responsabilidad del participante:

a)
Revisar permanentemente los materiales del curso, ingresar a los foros y otros medios que la sesión especifique.
b)Cumplir con las actividades propuestas en las fechas indicadas.


Tutoría:

Desde el inicio del curso cada participante contará con el acompañamiento permanente de un tutor, a quien deben elegir personalmente, él lo guiará durante el proceso de estudio y desarrollo del curso.

Funciones del Tutor:

- Los tutores son los responsables de aclarar posibles dudas personales y eventualmente participar en foros de discusión.
- Los tutores realizan el seguimiento y acompañamiento personalizado durante el desarrollo del curso.
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Sobre la relación con el Tutor:

- El tutor es el profesor encargado de acompañar al participante en su proceso de aprendizaje, de orientarlo y aconsejarlo en las actividades del curso.
- Es responsabilidad de los participantes comunicarse permanentemente con el tutor e informarle de los avances logrados, así como de las dificultades e imprevistos que surjan durante el desarrollo de los temas.
- Los participantes deberán comunicarse con el tutor a través de los consultorios y por correo electrónico.

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P. Bernardo Skertchly, L.C.
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