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Llamado a la vida religiosa
También los religiosos, hombres y mujeres, entregan al Señor su vida entera por medio de los votos


Por: E.V.C. | Fuente: .



No tan solo los sacerdotes consagran su vida a Dios. También los religiosos, hombres y mujeres, entregan al Señor su vida entera por medio de los votos religiosos de castidad, pobreza y obediencia, viviendo en común.

La Vida Religiosa en los hombres, es compatible con el Orden Sacerdotal y existen multitud de órdenes y congregaciones sacerdotales, pero no hace falta el sacerdocio para consagrarse a Dios.
Desde los primeros siglos del cristianismo, surgieron monasterios en donde los cristianos buscaban en comunidad, vivir plenamente los llamados "Consejos Evangélicos", o sea, vivir en pobreza, obediencia y castidad, como el Mismo Jesucristo nos dió ejemplo eximio.

Desde los grandes maestros de espiritualidad de la antigüedad, como San Benito o San Antonio Abad o los Santos de la edad media como San Francisco de Asís o Santo Domingo de Guzmán, hasta los santos Fundadores de los últimos siglos, encontramos en la Iglesia una maravillosa fecundidad carismática que ha dado por resultado una pléyade de santos y santas, ejemplos para toda la Iglesia y el mundo entero.


1. El Voto de Castidad

Distintivo impaciente para el mundo es el voto de castidad. Estando tan condicionados al matrimonio, el que un muchacho o muchacha renuncien voluntariamente a fundar una familia propia, es casi incomprensible. Muchas personas denigran este voto desde su óptica mundana, creyendo que el religioso es un frustrado y acomplejado, que va huyendo de quién sabe qué realidades que no puede manejar. Pero es todo lo contrario. El amor de Dios llega a ser tan fuerte, tan total, que todo lo demás pierde importancia. No es renunciar a algo, es encontrarlo todo.

Nadie piensa que el que se casa está renunciando a todas las mujeres del mundo y hasta a su propia familia, padres y hermanos. Más bien piensan que encontró al amor de su vida y en su esposa encuentra la razón de su existencia. ¡Por eso los matrimonios son una fiesta!

Con mayor razón, el muchacho que es llamado a la unión perfecta con Dios, debe ser felicitado por toda la comunidad cristiana. La castidad, evidentemente, no es fácil. Eso lo saben todos los solteros...y también los casados y los viudos. Cada estado de vida nos exige la castidad de alguna manera. Pero el religioso cuenta con muchos más auxilios espirituales para poder ser fiel a su voto. Toda la Vida Religiosa está organizada y orientada para que los religiosos no tan sólo puedan vivir sus votos sino trabajar ardientemente por la salvación de sus hermanos y del mundo entero.

Del mismo modo como la actividad sexual centra al hombre -a veces hasta la obsesión- en lo carnal y sensible, la castidad le facilita la elevación espiritual y la entrega a altos ideales. Esto no lo descubrió la Iglesia Católica sino que ya desde antes de Cristo se practicaba en Israel, por ejemplo, en la secta de los Esenios. También en los monasterios orientales budistas, la continencia es una regla.

Mahatma Gandhi siendo de religión hindú y casado desde su adolescencia, descubrió el valor de la castidad e hizo el voto para poder ofrecer su vida entera a la noble causa de la independencia de su país por la no-violencia.

El voto de castidad, lejos de limitar al hombre, le da oportunidad de amar sin los límites familiares y sublimando el instinto, emprender grandes empresas.


2. El voto de Pobreza

Es de sobra conocido que las riquezas y posesiones no dan la felicidad al hombre y sin embargo nos afanamos por acumular bienes materiales.

El instinto de posesión es tan natural como el de la reproducción. Tener dinero o cosas, nos da categoría, sentido de seguridad, importancia. ¡Todo mundo quiere ser rico! A ello nos lleva la educación recibida en casa y lo que nos vende la televisión. "Tanto vales, cuanto tienes" dice el dicho tan popular como equivocado. "Ser alguien" quiere decir, ser rico. Si no tienes nada, eres un pobre diablo, bueno para nada. Después de todo, el dinero no compra la felicidad, pero compra todo lo demás. Por ello da la vida el mundo.

Cuando el Señor nos advierte: "No podéis servir a Dios y al dinero", creemos que está exagerando, así como cuando nos dice: "¡Ay de vosotros los ricos!" No queremos entender ni de lejos la bienaventuranza primera: "Bienaventurados los pobres". ¡Ser pobre, jamás!

El religioso, en cambio, cree en Jesús y renuncia a la persecución de las riquezas y posesiones. Por el voto, no posee nada como propio. El religioso no puede decir "esto es mío". Ni la casa que habita , ni el auto que maneja, ni los aparatos que utiliza. Por lógica, lo único que puede considerar de su propiedad, más o menos, es su ropa personal y unos cuantos libros...
Por el voto de pobreza, todo lo que recibe el religioso por su trabajo apostólico, es de su comunidad. El ecónomo de la casa se encarga de administrar todo lo que ingresa en ella, en beneficio de todos.

El religioso, por su desprendimiento, contribuye al bienestar de sus hermanos: alimentos, bienes de consumo, atención a los enfermos y ancianos y la formación de los jóvenes que serán el relevo en las obras de la Congregación. Al mismo tiempo, queda libre de las preocupaciones inherentes a la vida, como el qué comerá o qué vestirá, quién lo cuidará en su enfermedad y quién pagará su entierro. Su entrega solidaria a su congregación lo pone a salvo de lo que tanto preocupa al mundo. En la pobreza encuentra la seguridad que todos anhelamos, porque ha puesto su vida en manos de Dios providente y sabe que los bienes materiales poco importan.

Decía San Francisco de Sales: "Tengo pocas cosas y las que tengo poco me importan". Una posición tal ante la riqueza, proporciona al religioso una libertad maravillosa, que no tuvo el joven rico del Evangelio que no pudo seguir a Cristo "porque tenía muchos bienes".


3. El Voto de obediencia

Este voto es tal vez el más comprometedor. Consiste básicamente en aceptar por amor a Dios, que otro hombre nos mande. Es renunciar a la propia voluntad, al propio proyecto de vida, a las propias decisiones. Y eso cuesta mucho trabajo, porque normalmente nos encanta mandar, decidir, imponer. De las tres tentaciones clásicas de todo ser humano: placer, tener y poder, ésta última es la más tenaz, la más enraizada, la más enajenaste.

El religioso, libremente, acepta estar a las órdenes de sus superiores. Lo que los hombres en el mundo tienen que soportar por dinero, por necesidad (¿quién no tiene jefes, patrones, parientes a quien obedecer?) el religioso lo convierte en ofrenda y homenaje a Dios.

Por el voto de obediencia, el religioso no hace sino tratar de imitar a Jesucristo "que siendo de condición Divina, no reivindicó, en los hechos, la igualdad con Dios, sino que se despojó, tomando la condición de servidor y se humilló y se hizo obediente hasta la muerte y muerte de cruz" (Flp.2,6-8).

Igualmente imita a la Santísima Virgen María que no tuvo otro lema en su vida sino aquél "Hágase en mí según tu palabra" (Lc. 1,38).

Al ofrecer a Dios la propia voluntad, el religioso se está ofreciendo todo entero. Por esta ofrenda acepta de hecho los otros dos votos y en algunas antiguas Ordenes Religiosas, es el único voto que se pronuncia. Ahí está todo incluido.

Siendo el orgullo (simbolizado en el pecado original del paraíso) la causa de todos los males, podemos decir que la humildad requerida para obedecer por voto, extrae de raíz la causa de todos los demás pecados. Recordemos que una de las definiciones del pecado es precisamente "una desobediencia a la Ley de Dios".

La obediencia religiosa es en primer lugar, un acto de adoración a Dios. Pero también es motivo de santificación personal y por último es principio de orden y eficacia en la comunidad religiosa. Sabemos que la anarquía conduce al caos. Cuando un religioso es elegido o nombrado superior de una comunidad, podemos estar seguros de que es el mejor hombre para ese puesto y la responsabilidad que asume es una carga que solo acepta precisamente por obediencia, porque ya sabe por experiencia que es más fácil obedecer que mandar. El religioso que anhelara un puesto de diligencia, pronto se dará cuenta de la verdad de lo antes dicho.

La sumisión casi servil de un deportista en manos de su entrenador, de un militar a su superior en rango, de un oficinista a su jefe o de un político a su partido, no tiene nada que ver con la obediencia religiosa y podemos decir que en ésta no hay nada de servilismo sino que al contrario, proporciona una libertad desconocida por el mundo.

En una ocasión la Madre Teresa de Calcuta cuidaba a un leproso en la India y un observador dijo en voz alta: "Yo no haría eso ni por un millón de dólares", a lo que ella contestó: "Ni yo tampoco"... Al religioso no lo mueve en su entrega sino la gloria de Dios y el bien de las almas. No obedece bajo amenazas, sino por promesas de vida eterna; no por temor, sino por amor.


¿CUAL ES LA DIFERENCIA ENTRE LAS CONGREGACIONES RELIGIOSAS?

Cuando un joven siente el llamado a la Vida Religiosa, se encuentra ante un dilema: Hay muchas congregaciones tanto femeninas como masculinas. ¿Cómo elegir? ¿En qué se diferencian unas de otras?

Tanto las antiguas Ordenes como las modernas Congregaciones e Institutos, han sido fundados por personajes extraordinarios que han vivido los valores Evangélicos profundamente, enfatizando, según su propia personalidad y las circunstancias de la época o lugar, un cierto aspecto del Evangelio.

San Francisco de Asís, por ejemplo, basa su espiritualidad en la virtud de la pobreza; San Ignacio de Loyola insiste mucho en la férrea disciplina clásica de los padres Jesuitas. Teresa de Calcuta funda las Hermanas de la Caridad para "servir a los más pobres de los pobres". Muchas Congregaciones toman a la Santísima Virgen como modelo y militan bajo su nombre. Hay Congregaciones dedicadas a ministerios muy bien delimitados, como son las misiones, los colegios, los hospitales,etc...

En la práctica, Dios llama por causas segundas, como pueden ser los religiosos con los cuales el joven tiene contacto. Si se ha sentido atraído a la vida religiosa es porque ha encontrado modelos que imitar. Un santo sacerdote, una monja extraordinaria, un religioso entusiasta.

El atractivo por un cierto apostolado puede ser la pista para buscar una congregación que se dedique a ello, como puede ser la enseñanza en los colegios o el cuidado de parroquias rurales. Con paciencia, prudencia y consejo, el muchacho o la muchacha podrán elegir entre la gran variedad de institutos existentes.


UN CONSEJO PERTINENTE

Como sucede en los noviazgos, no siempre el primer novio o novia son los adecuados. Al ingresar a una Congregación como aspirante, pudiera darse el caso de que por algún motivo, no era lo que se esperaba. Pero como en los noviazgos, se puede intentar de nuevo. La primera congregación no es la última. El llamado a la vida religiosa no se agota en una congregación. Hay que insistir en otro lado, hay que tocar otras puertas. ¡La Vida Religiosa vale la pena!






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