Aprender a estar
Quedarse un poco más
Por: Rafael Moya | Fuente: Catholic.Net

Jesús había pasado un día intenso en Cafarnaúm. Había enseñado en la sinagoga y después fue a casa de Simón y Andrés. Cuando llegó la noche y parecía que finalmente podía terminar la jornada, comenzaron a acercarse personas a la puerta.
Jesús se quedó.
Todos conocemos esos momentos en los que sentimos que ya cumplimos. Terminó el trabajo, llegó la hora de regresar a casa, guardamos las cosas y mentalmente comenzamos a cerrar el día.
Y entonces alguien necesita unos minutos más.
Un compañero quiere hablar. Un hijo aparece con una pregunta justo cuando estamos cansados. Un amigo llama. Alguien se queda sentado después de la comida porque quizá todavía tiene algo que decir.
No siempre podemos quedarnos. También necesitamos descansar, poner límites y cuidar nuestro propio tiempo.
Pero hay ocasiones en las que esos minutos adicionales terminan siendo los más importantes del día.
Porque querer a alguien no siempre exige hacer algo extraordinario. A veces consiste simplemente en no mirar inmediatamente el reloj.
Jesús permaneció cuando todavía había personas en la puerta.
Quizá hoy alguien también necesite de nosotros algo muy sencillo:
que nos quedemos un poco más.
Evangelio: Jesús en casa de Simón y Andrés (Marcos 1, 29-34).















