La enfermera del turno nocturno
Por: Rafael Moya | Fuente: Cristo en la Ciudad

Mientras la ciudad duerme, muchas luces permanecen encendidas en los hospitales.
Hay manos que siguen trabajando cuando la mayoría descansa. Manos que alivian, acompañan y sostienen a quienes atraviesan una noche difícil.
La vocación del cuidado tiene algo profundamente evangélico. No siempre puede curar una enfermedad, pero casi siempre puede aliviar la soledad.
Jesús dedicó buena parte de su ministerio a acercarse a los enfermos. Más que devolver la salud, devolvía esperanza.
Cada acto de cuidado recuerda que nadie debería enfrentar el dolor completamente solo.
Quien cuida a un hermano también toca el corazón de Dios.
Oración a la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo
Señor Jesús, que por amor derramaste tu Preciosísima Sangre para la redención del mundo, te adoramos y te damos gracias por el inmenso don de tu misericordia.
Purifica nuestro corazón, fortalece nuestra fe, renueva nuestra esperanza y haz que vivamos siempre unidos a Ti. Que tu Sangre preciosa nos proteja del mal, nos conceda la gracia de la conversión y nos impulse a ser testigos fieles de tu Evangelio. Te ofrecemos nuestras alegrías, trabajos y sufrimientos, para que, unidos a tu sacrificio, den fruto de santidad y amor.
María, Madre de la Iglesia, acompáñanos en nuestro camino hacia Cristo.
Amén.

















