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El vendedor ambulante
Jesús conoció el esfuerzo cotidiano de quienes vivían del trabajo de sus manos.


Por: Rafael Moya | Fuente: Cristo en la Ciudad



Recorre las calles ofreciendo lo que tiene. Algunos lo miran con indiferencia. Otros apresuran el paso para evitar que les hable.

Pero detrás de cada venta hay una familia que espera en casa, una renta por pagar, unos hijos que alimentar o un sueño que todavía no se ha rendido.

Jesús conoció el esfuerzo cotidiano de quienes vivían del trabajo de sus manos. Nunca despreciaba el esfuerzo honesto, por pequeño que pareciera.

Cada persona que trabaja con dignidad nos recuerda que el pan de cada día también se construye con sacrificio.

Quizá no podamos comprar siempre.



Pero siempre podemos ofrecer respeto.

La dignidad de una persona nunca depende del lugar donde trabaja.

 

Oración a la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo

Señor Jesús, que por amor derramaste tu Preciosísima Sangre para la redención del mundo, te adoramos y te damos gracias por el inmenso don de tu misericordia.



Purifica nuestro corazón, fortalece nuestra fe, renueva nuestra esperanza y haz que vivamos siempre unidos a Ti. Que tu Sangre preciosa nos proteja del mal, nos conceda la gracia de la conversión y nos impulse a ser testigos fieles de tu Evangelio. Te ofrecemos nuestras alegrías, trabajos y sufrimientos, para que, unidos a tu sacrificio, den fruto de santidad y amor.

María, Madre de la Iglesia, acompáñanos en nuestro camino hacia Cristo.

Amén.







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