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La cajera del supermercado
Jesús nunca trató a las personas como si fueran parte del paisaje.


Por: Rafael Moya | Fuente: Cristo en la Ciudad



La fila avanza lentamente. Mientras colocamos los productos sobre la banda transportadora, casi nunca pensamos en la persona que lleva horas repitiendo los mismos movimientos, respondiendo las mismas preguntas y sonriendo, incluso cuando el cansancio comienza a notarse.

Ella conoce poco de nuestra historia. Nosotros sabemos aún menos de la suya.

Tal vez esa mañana salió preocupada por un hijo enfermo. Quizá espera noticias importantes o simplemente intenta llegar al final del turno con la misma amabilidad con la que comenzó.

Jesús nunca trató a las personas como si fueran parte del paisaje. Siempre veía un rostro antes que una función, una historia antes que una etiqueta.

Una sonrisa, un saludo o un sencillo "gracias" pueden recordarle a alguien que su trabajo también tiene dignidad.



Toda persona merece ser mirada antes que utilizada.

 

Oración a la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo

Señor Jesús, que por amor derramaste tu Preciosísima Sangre para la redención del mundo, te adoramos y te damos gracias por el inmenso don de tu misericordia.

Purifica nuestro corazón, fortalece nuestra fe, renueva nuestra esperanza y haz que vivamos siempre unidos a Ti. Que tu Sangre preciosa nos proteja del mal, nos conceda la gracia de la conversión y nos impulse a ser testigos fieles de tu Evangelio. Te ofrecemos nuestras alegrías, trabajos y sufrimientos, para que, unidos a tu sacrificio, den fruto de santidad y amor.



María, Madre de la Iglesia, acompáñanos en nuestro camino hacia Cristo.

Amén.







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