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Cuando cae la noche
Dios conoce ese cansancio.


Por: Rafael Moya | Fuente: Cristo en la Ciudad



La ciudad cambia cuando anochece. Las oficinas se vacían, las luces de las ventanas se encienden y el ruido comienza a disminuir. Para muchos termina la jornada; para otros apenas comienza.

También el corazón hace cuentas al final del día. Recordamos lo que salió bien, lo que quedó pendiente y aquello que hubiéramos querido hacer de otra manera.

Dios conoce ese cansancio.

Nunca nos espera para reclamarnos. Siempre nos espera para abrazarnos.

Antes de dormir vale la pena agradecer, pedir perdón y confiarle el día que termina.



Mañana volverá a salir el sol.

Y con él, una nueva oportunidad.

La misericordia de Dios también amanece cada día.

Oración a la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo

Señor Jesús, que por amor derramaste tu Preciosísima Sangre para la redención del mundo, te adoramos y te damos gracias por el inmenso don de tu misericordia.



Purifica nuestro corazón, fortalece nuestra fe, renueva nuestra esperanza y haz que vivamos siempre unidos a Ti. Que tu Sangre preciosa nos proteja del mal, nos conceda la gracia de la conversión y nos impulse a ser testigos fieles de tu Evangelio. Te ofrecemos nuestras alegrías, trabajos y sufrimientos, para que, unidos a tu sacrificio, den fruto de santidad y amor.

María, Madre de la Iglesia, acompáñanos en nuestro camino hacia Cristo.

Amén.







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