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La mochila
Señor, que nunca seamos indiferentes al dolor ajeno y que nuestros pequeños actos de amor puedan devolver esperanza a quien más lo necesita.


Por: Rafael Moya | Fuente: Cristo en la Ciudad



El niño llevaba una mochila más grande que él. No iba a la escuela. Iba con su mamá a renovar papeles, “por cualquier cosa”, dijo ella.

En la fila del Metro Hidalgo, todos miraban el celular: guerras, crisis, mercados cayéndose, gente huyendo. El niño no entendía nada. Solo abrazó más fuerte su dinosaurio de peluche. Entonces un señor cansado, de esos que parecen cargar media ciudad en los hombros, le cedió el asiento.

El niño sonrió. Y por unos segundos, el mundo dejó de temblar. 

Eco

Todavía hay personas que detienen el miedo con gestos pequeños.



Sagrado Corazón de Jesús, haz nuestro corazón semejante al tuyo: humilde, dispuesto a amar y atento a la voz de Dios. Que en medio de la rutina de cada día sepamos encontrarte en lo sencillo, permanecer fieles en la oración y vivir con caridad hacia los demás. Guíanos por el camino de tu paz y enséñanos a confiar plenamente en Ti. Amén.







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