Managua 4 de junio de 2025
EL ESPÍRITU SANTO ES EL GRAN OLVIDADO
Por: Ing. Marlon José Navarrete Espinoza | Fuente: Ciudad del Vaticano

Lectura de la primera carta del Apóstol San Pablo a los Corintios 12, 4-11
Hermanos: Hay diferentes dones, pero el Espíritu es el mismo. Hay diferentes servicios, pero el Señor es el mismo. Hay diferentes actividades, pero Dios, que hace todo en todos, es el mismo.
En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común. Uno recibe el don de la sabiduría; otro, el don de la ciencia. A uno se le concede el don de la fe; a otro, la gracia de hacer curaciones, y a otro más, poderes milagrosos. Uno recibe el don de profecía, y otro, el de discernir los espíritus. A uno se le concede el don de lenguas, y a otro, el de interpretarlas. Pero es uno solo y el mismo Espíritu el que hace todo eso, distribuyendo a cada uno sus dones, según su voluntad.
Con frecuencia se dice que el Espíritu Santo es “el gran olvidado”.
Con esta segunda lectura del nuevo testamento nos damos cuenta que gracias a la inspiración y presencia del espíritu santo es que la humanidad ha logrado alcanzar gigantescos avances científicos y tecnológicos en los últimos siglos y en especial a partir de la revolución industrial y comienzos del siglo veinte. Campos como la medicina, las comunicaciones, el entretenimiento, el hogar de las familias, el transporte, los alimentos, el trabajo agrícola con mejores cosechas y mucho más, han sido posibles gracias a los dones de la inteligencia y la sabiduría, que en última instancia tienen su origen en Dios, junto con el esfuerzo, estudio y creatividad del ser humano, iluminado por la acción del Espíritu Santo, la tercera persona de La Trinidad del Dios único y verdadero. De manera que, aunque muchos lo ignoren o se jacten de su brillante descubrimiento, en realidad dependió todo del favor que el Espíritu Santo les ha concedido a estos genios de la ciencia y la tecnología.
Lamentablemente por el gran avance del ateísmo y el secularismo se prefiere fácilmente ignorar esta verdad inalterable. El ser humano, con sus propias capacidades, ha logrado desarrollar su mundo con grandes avances; sin embargo, desde la fe reconocemos que todo bien y toda verdad tienen su fuente última en Dios y en la acción del Espíritu Santo.
La ausencia del Espíritu Santo nos lleva a otras realidades que no son las mejores ni las más provechosas para nuestra vida. Él actúa en lo profundo del corazón humano, iluminando la conciencia y moviendo libremente a la persona hacia el bien. De esa forma trata que corrijamos cuando buscamos aplausos, poderes o reconocimiento sin humildad. Lo mismo pasa cuando el tiempo asalta repentinamente nuestra breve vida por ser indiferentes. No nos damos cuenta que puede haber algo mejor más allá de nosotros mismos y nos conformamos con migajas de otros.
Cuando se debilita la apertura al Espíritu Santo, es más fácil que lo sagrado sea relegado por lo superficial, y que se descuide la vida sacramental y el compromiso con la fe. No necesitamos revoluciones ni rupturas de la unidad social, sino reconciliación y renovación, unidad y piedad sin perder de vista la justicia. Comprender sin renunciar a la verdad.
Lo espiritual convive con lo mundano, pero no se somete a este. La bondad y generosidad no se deben confundir con sumisión a los poderes financieros, políticos o las modas pasajeras. Con el Espíritu Santo siempre seremos misioneros del amor de Dios en el hogar, el trabajo, la patria, las amistades, el mundo y últimamente el continente digital. Todos destinatarios de una obra evangelizadora sin final ni caducidad.
Si bien es cierto que no tiene razón dialogar, cuando nadie quiere escuchar o te lanzan palabras hirientes del alma que nunca cierran o la vida te da tantos golpes dolorosos; eso no te impide esforzarte y avanzar por la caridad. Es importante no percibirse como perdedor antes de dar la batalla o renunciar a intentarlo para no estancarte ni abandonar.
El viejo enemigo, el demonio, no le gusta que te superes para que así pierdas la fe en Dios, que pierdas tu autoestima para enfadarte contigo mismo, decepcionarte y deprimirte para que te autodestruyas y no mirar realizar tus anhelados sueños de vida. Quiere que solo hagas hincapié en tus fracasos y los sobredimensiones para verte a ti mismo como mediocre o inútil. Todo esto no te permite valorar tus logros personales a través del tiempo o los percibas como muy insignificantes que no compensan todos tus sacrificios, es decir, creer que has dado mucho por muy poco o nada a cambio. El viejo enemigo quiere que te veas como perdedor y no como un ganador para enojarte con Dios y no darle gracias porque jamás haces nada bien. Lo cierto es que tus logros, sean grandes o muy pequeños, muchos o pocos, son los que te han hecho mejor persona, te han dado felicidad y satisfacción, te han hecho crecer con orgullo y te llenan de valentía.
Recuerda que para Dios es igual que te arrodilles ante Él ya sea en una catedral o basílica, como en una lejana ermita o diminuta capilla.
El Espíritu Santo te enseña que realmente no importa lo que piensen o digan de ti los demás, debes ser fiel a ti mismo sin ser egoísta. Los que no te quieren te verán negativo o para ellos nunca serás bueno, murmurarán a tus espaldas críticas denigrantes, burlas groseras o comentarios injuriosos degradantes, ya sean familia, falsos amigos, vecinos o compañeros de jornada. Tu crecimiento personal no depende de los demás sino de tu propia percepción. Siempre habrá quienes no quieran verte ganador, solamente un perdedor sumergido en la miseria. Con la compañía y la asistencia del Espíritu Santo sentirás que puedes seguir intentándolo sin creer que pierdes el tiempo. Con Él serás el triunfador, el que no se dejó doblegar ni desilusionar porque toda tu confianza está en Él.
La dictadura de la esclavitud se ensaña con sus vicios y corrupción contra quienes quieren ser libres para no someterse a sus caprichos, vejámenes y opresiones. Con el Espíritu Santo en tu vida, no te sentirás sujeto a cadenas de amargura ni encerrado en calabozos de derrota o desilusión. Dios te abrirá puertas, caminarás alegre a su lado sin que nadie te detenga o te aprisione, te sentirás libre y pleno. Caminando con Dios te sentirás sereno y tranquilo, sin renunciar jamás a lo que legítimamente te pertenece. No nos olvidemos del Espíritu Santo como hace el mundo moderno, ya que solo a su lado alcanzaremos nuestros derechos irreemplazables a vivir, ser libres, el pan en la mesa, encontrar el amor y la felicidad. Al final tendremos la gracia antes del último suspiro, ya que en Él encontramos el fundamento pleno de nuestra dignidad y de los bienes más profundos que anhela el corazón humano.


















