Catolicismo y guerra
Por: Hernando Leo Valenzuela | Fuente: Catholic.net

Hay días en los que nos levantamos y pensamos, ¿Que pasará hoy?, ¿Qué noticias cambiarán el curso del mundo? Nunca imaginamos que este 2026 lo iniciariamos con una operación especial en Venezuela, luego vendrían ataques criminales en México y ahora se desarrolla una guerra en medio oriente entre EEUU, Israel e Irán. Estamos viviendo en una época de tumulto político, social y religioso, con puntos de vista encontrados y conflictos de todo tipo sin una clara definición de quién está bien y quien está mal.
Debido a la cantidad de información a la que tenemos acceso por medio de redes sociales, nos hemos desensibilizado a las atrocidades que en otro momento habrían generado conmoción en el mundo. Todo esto es producto de un ritmo de vida acelerado y a una saturación de información que nos puede llegar a abrumar y hacer que nos hagamos varias preguntas, ¿Qué puedo hacer yo como Católico en este mundo cambiante y lleno de conflictos?, ¿A quién tengo que apoyar? ¿Algo de lo que haga tendrá algún impacto en todo esto?
Hemos crecido sabiendo que la violencia y la guerra va en contra de las enseñanzas de Dios, son elementos incompatibles en su esencia más pura y esto nos genera un debate moral entre “Poner la otra mejilla” y “Defender al inocente y al que no puede defenderse”.
San Pablo hace referencia a esto en su carta a los Romanos, Rom 12:18 “en lo posible, y en cuanto de vosotros dependa, en paz con todos los hombres;” El quinto mandamiento dice “No matarás”, teniendo que respetar la naturaleza sagrada de la vida humana, de igual manera, Jesus nos enseña en Mt 22:39 “El segundo es semejante a éste:”Amarás a tu prójimo como a ti mismo.””. Teniendo esto en cuenta, ¿qué podemos hacer nosotros, a miles de kilómetros de distancia de los conflictos globales de mayor tamaño?
Una de las formas en las que podemos actuar como catolicos es promover la paz, ser ejemplos de ética en nuestro contexto inmediato y no fomentar la violencia, el odio y la muerte. Todas nuestras acciones tienen que ser regidas por las enseñanzas de Jesús y de la Madre Iglesia, generando acción comunitaria y estableciendo una guía moral, la cual otros pueden seguir. La paz se genera a través del diálogo, alzar la voz contra la maldad y denunciar los actos que van en contra de las enseñanzas de Jesús.
Nuestra mayor arma en contra de la violencia que existe en el mundo es la oración y la Fe. A través de estas herramientas podemos ayudar a todos nuestros hermanos que están sufriendo en los conflictos, pedir por las víctimas y proteger a los civiles, siempre pidiendo por la intercesión de nuestra madre la Santisima Virgen Maria, los Santos y la misericordia de Jesus.
Cómo última herramienta tenemos la enseñanza de la guerra justa, articulada por San Agustin en el siglo V y plasmadas en el Catecismo de la Iglesia Católica (2302-2317). Esta posición de la iglesia ante los conflictos lleva vigente 1,500 años y busca siempre la justicia, la prudencia y el menor impacto a las vidas y a la sociedad, enfocándose en la resolución de conflictos de maneras no violentas y en el apoyo a los no combatientes.
Teniendo estos puntos establecidos, queda en nosotros entregarnos a Dios y entregar al mundo para que el Espíritu Santo llegue al corazón de los líderes mundiales y a través de sus dones, los guíe y convierta, para servir al verdadero rey de este mundo, nuestro señor Jesucristo.

















