"Amar sin usar" Noviazgo a través de la Teología del cuerpo
Por: Alejandro Patrón | Fuente: Catholic.net

Vivimos en una cultura donde todo se usa: el celular, las redes, las cosas… y tristemente, también a las personas. Por eso no es raro que muchos noviazgos se vivan desde el “¿qué me haces sentir?” en lugar del “¿cómo puedo amarte mejor?”.
Y aquí es donde la Teología del Cuerpo de San Juan Pablo II no llega como una lista de prohibiciones, sino como una gran noticia: Tu cuerpo fue creado para amar… y para amar de verdad.
A veces nos enojamos o frustramos con nuestro cuerpo y lo culpamos por los impulsos y deseos que podemos tener pero, tu cuerpo no es un error, es un regalo.
Dios no se equivocó cuando te creó con cuerpo, emociones, deseos y afectividad. Tampoco se equivocó al crear el cuerpo de la persona que amas.
Y sí, a veces el estar cerca de tu novio o novia es complicado, suceden muchas cosas dentro de nosotros y quieres hacer muchas otras cosas pero yo te invito a que no te preguntes: “¿hasta dónde puedo llegar?”, sino: “¿Mi noviazgo se basa en usarnos o en donarnos?”
La Teología del Cuerpo nos recuerda algo muy sencillo pero poderoso: el cuerpo no es un objeto, es el lenguaje del amor. Y cuando ese lenguaje se usa sin compromiso, sin entrega real, termina diciendo mentiras. Amar con el cuerpo y el alma significa respetar al otro como templo, no como producto de consumo emocional o físico.
La verdad es que muchas veces como joven sentí o creí que la pureza era algo como represión, pero en realidad es libertad. Se nos ha vendido la idea de que la pureza es sinónimo de frustración, represión o “aguántate como puedas”. Pero San Juan Pablo II lo entendía de otra manera: la pureza es la capacidad de amar sin usar.
No se trata de no sentir, sino de NO reducir al otro a lo que me provoca.
Es aprender a mirar a tu novio o novia con la misma mirada de Cristo: una mirada que no posee, no invade, no exige… sino que cuida, respeta y eleva. La pureza no te quita libertad, te la devuelve.
El noviazgo no es el final, es la escuela. El noviazgo no es un matrimonio adelantado, es una preparación para la eternidad.
Es el tiempo para aprender que antes de dar el cuerpo por completo, puedas darte de verdad:
- Dar tu tiempo
- Dar tu escucha
- Dar tus sueños
- Dar tu paciencia
- Dar tu corazón
Si en el noviazgo no aprendemos a amar sin condiciones, difícilmente lo lograremos después. El amor verdadero se entrena.Amar es buscar el bien del otro, aunque me cueste.
Amar no es “me haces sentir bien”, es “quiero que seas santo, pleno, libre, feliz… aunque eso me implique esperar, renunciar o madurar”. El amor auténtico siempre busca el bien del otro, incluso cuando va contra la corriente, contra la prisa y contra lo “normal” del mundo.
La Teología del Cuerpo no te pide menos amor…te pide más amor, pero del bueno.
Un amor que no se conforma con momentos,un amor que prepara para toda la vida, un amor que apunta más alto: al cielo. Porque al final, amar como Cristo no es perderse algo…
es descubrirlo todo.

















