Combatir el error y defender la verdad
Por: P. Fernando Pascual | Fuente: Catholic.Net

Entre los modos de definir la educación, hay uno que viene del mundo antiguo, y que propone, como meta, combatir el error y defender la verdad. La idea procede del inquieto Sócrates, tal y como lo presentó su discípulo Platón, y sorprende por su perenne actualidad.
Hoy, como en el pasado, nos damos cuenta del enorme daño que producen algunos errores sobre temas importantes. Los errores pequeños no suelen crear serios problemas. Si pienso, erróneamente, que apagué la luz cuando la dejé encendida, al máximo tendré que pagar algunos céntimos de más en la cuenta de la electricidad.
Otros errores, sin embargo, tienen consecuencias graves, en lo personal y en la vida pública. Por ejemplo, si pienso que no tomé la pastilla y repito la dosis, en ocasiones sufriré consecuencias serias para mi salud. En la ciudad, si las autoridades piensan que los canales están limpios cuando en realidad están llenos de maleza y basura, cuando llegue la riada el desastre puede ser muy grave.
Para evitar el daño de los errores, la educación (y cualquier forma de comunicar buenas informaciones) se orienta a defender la verdad, aunque incomode o se oponga a opiniones falsas muy difundidas. Así, si miles de personas creen que una vacuna, elaborada según los criterios de una seria investigación, no sirve para nada, hay que buscar modos para informar y educar a esas personas, con datos científicos, a abrir los ojos a los beneficios que aporta esa vacuna.
Muchos errores afectan a la vida cotidiana, y subsanarlos sirve para atender mejor asuntos prácticos, que van desde el modo correcto de usar un aparato electrónico hasta la tutela de salud. Otros errores van más lejos y provocan daños profundos, pues llevan a algunos a creer que lo injusto sea justo, o que una vida de pecado puede ser provechosa. Subsanar errores que llevan al desorden moral o a la injusticia resulta clave para ayudar a las personas a acoger criterios verdaderos con los que orientar sus vidas hacia la virtud y la justicia.
Siempre hay que combatir el error y defender la verdad. Si nos comprometemos en esa tarea, ayudaremos a muchas personas a superar engaños y mentiras que tanto nos dañan, y a dejarse iluminar por verdades que ayudan en la vida presente y que nos abren a la llegada de la vida eterna.

















