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VEAMOS QUE NOS DICE LA SAGRADA BIBLIA RESPECTO A LOS PAPÁS, CATEQUISTAS Y SACERDOTES
Es lamentable que un cristiano no este familiarizado con la sagrada Biblia, que no la conozca ni la entienda...


Por: Francisco Mario Morales | Fuente: Catholic.Net



A los papás:

 

Lo que de niños enseñen a sus hijos eso será para siempre.

 

Lo que se aprende bien, en la niñez y en la adolescencia, jamás se olvidará. Pero, si no se atiende, si no se explica, si no se forma ni se le da oportunidad de conocer y entender. Si no se educa y apoya al niño, al adolescente, al joven y al adulto, si no se convence con la verdad y el ejemplo, jamás amará su religión. Los papás somos los responsables de la iglesia doméstica. Es nuestro deber, primordialmente, la evangelización familiar, y evitar ser lámpara de la calle y oscuridad de la casa.



 

No es posible seguir “formando” más seres incrédulos, descreídos, confundidos y desorientados.

 

“Dale buena formación al niño de hoy, y el viejo de mañana jamás la abandonará”. (Prov.22, 6).

 



¿A cuantos padres de familia lo que menos interesa es la formación moral y religiosa de sus hijos? ¿Cuántos aseguran que eso no sirve para nada, y solo es perder el tiempo? … ¡Pero son católicos!

 

“Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Grábate en la mente todas las cosas que hoy te he dicho, y enséñaselas continuamente a tus hijos; háblales de ellas tanto en tu casa como en el camino”. (Deuter. 6, 5-7)

 

“Piensen bien en todo lo que hoy les he dicho, y ordenen a sus hijos que pongan en práctica todos los términos de esta ley. Porque no es algo que ustedes puedan tomar a la ligera; esta ley es vida para ustedes y por ella vivirán más tiempo” (Deuter.32, 46-47).

 

Los papás descuidan sus deberes ceden un derecho propio a manos de extraños, se rinden ante el desaliento, se sienten imposibilitados e incapaces para hacer frente a las adversidades y dejan a los hijos en total desamparo y abandono.

 

¿Cuántos padres de familia, en una forma egoísta e inconsciente, solo se preocupan de sí mismos sin pensar en los próximos?

 

Otros se desentienden por evitar el esfuerzo, la dedicación, el diálogo, la congruencia y el ejemplo; y para esto fingen no tener capacidad para entender y aceptar sus responsabilidades. Prescinden de un deber tratando de substituirlo con cosas materiales y temporales, y de esta manera se exponen a los hijos a la ruina espiritual y al rompimiento familiar. Prefieren enseñar a sus hijos a odiar que esforzarse para enseñarles lo que es el amor.

 

No olvidemos que los hijos tienen malos oídos para escuchar, pero buenos ojos para observar.

 

De esta manera tan fácil se expone a los jóvenes en charola de plata para las sectas, el ateísmo y la incredulidad, las cuales no pueden encontrar mejor camino fértil para sus influencias nocivas.

 

Es necesario por el bien de toda la familia, de nuestra sagrada religión y del futuro de la Iglesia, tomar acciones preventivas basadas en la conciencia, en la razón, en la verdad y la justicia.

 

La ciencia y la técnica sin bases morales, solo conducen a la soberbia, a la arrogancia, a la presunción, al autoritarismo y ha sentirse “muy poderosos” (prepotencia) sin tomar en cuenta el amor a Dios y la dignidad de todo ser humano. “Todos tenemos conocimientos; pero el conocimiento nos hace creernos importantes, en tanto que el amor nos hace crecer espiritualmente” (1 Cor. 8,1).

 

¿Cuántos por su ciencia y su técnica no aceptan a Dios para no sentirse inferiores?

 

La modernidad, la ciencia y la técnica se les presentan al adolescente y al joven demasiado centradas en el hombre. “Se convence” que el hombre es el dueño de todo; el que inventa, descubre, domina, es un “gran creador”, y así es como se envanece, se llena de soberbia y al sentirse absoluto y autosuficiente rechaza la existencia de su Creador.

 

El ser humano llega a admirar tanto al ser humano, que forma sus propios dioses, se obsesiona por dominar la ciencia y la técnica, le resulta difícil reconocer, por orgullo y soberbia, que la capacidad y todo lo que posee se lo debe a un solo Dios, a su único y verdadero Creador. Y el hombre, el ser humano sin Dios no es nada. No es apasionamiento, sino realidad.

 

Desgraciadamente son más los malos ejemplos que se dan a los hijos, que los buenos ejemplos. No olvidemos que en los hijos se conocen a los padres.

Si los papás dan testimonio de amor a Dios, de convicción religiosa, los hijos con mayor razón lo darán. Si los papás son creyentes, pero no practican sus creencias y viven alejados de Dios y de la Iglesia y además viven llenos de resentimientos, críticas envidias e injusticias, los hijos lo harán y darán antitestimonio en mayor escala, y esto simplemente hará que se aparten de la fe.

No podemos negar que hay personas que dan antitestimonio de su fe, pero no por eso nosotros debemos ser sus seguidores y alejarnos de Dios y de su Iglesia. Porque eso sería una prueba de que la religión de esa persona no es verdadera. La prueba de una religión inmadura es no aceptar que debe haber antitestimonios, pero que hay más testimonios, y esto ayudará a no extraviar la fe. Desgraciadamente los antitestimonios destruyen mucho más rápido que lo que se construye, pero solo son pruebas para medir nuestra fe y amor a Dios. Además, si algún hermano cae, no hay que criticarlo, señalarlo y alejarlo, sino orar por él, pedirle al Señor que le ayude y nosotros tenderle la mano para ayudarlo a levantarse y que retome el camino, jamás condenarlo. El católico, el cristiano no es un santo, debería serlo, tampoco es un ejemplo de virtudes, pero es una persona consciente de sus debilidades y que está arrepentido, busca su conversión y esta firme en dar testimonio del amor y del perdón de Dios. “No son los sanos lo que necesitan al médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores” (Mc. 2,17). No por el hecho de ser pecadores vamos a permanecer como tales disfrutando de nuestro pecado.

Todos somos hijos pródigos pecadores

En la primera parte de la parábola del hijo pródigo, describe Jesús la separación de Dios por parte del hombre; en la segunda, la vuelta del pecador a Dios; y en la tercera, el recibimiento del pecador por parte del Padre.

Jesús revela los más íntimos sentimientos de su divino Padre que lejos de rechazarnos y mirarnos con rigor a causa de nuestras miserias y pecados, nos sale a buscar cuando estamos todavía lejos.

Adán se escondió después del pecado, fue porque no creyó que Dios fuese bastante bueno para perdonarlo. Es decir que el disimulo y el miedo vienen de no confiar en Dios como Padre.

El que duda de ser perdonado por sus faltas, ofende a Dios mucho más con esas faltas porque lo está tratando de falso. Comentar. De la parábola “El hijo pródigo” (Lc. 15, 11-31) Por: Mons. Dr. Juan Straubinger

LA OVEJA PERDIDA

 

“Les digo que así también hay alegría entre los ángeles de Dios por un pecador que se convierte” (Lc. 15,10)

 

Jesús no ha venido a dar premios, sino a salvar; el que ama, trata de salvar a su prójimo en vez de condenarlo. ¡Feliz la oveja que Cristo fue a buscar dejando a las noventa y nueve! Y ¡Pobres de los justos que no necesitan el perdón de Dios! Coment. De la Biblia Latinoamericana (Lc. 15, 3-7)

 

“Alégrense conmigo, en vez de criticar al que volvió” (Lc. 15, 7).

 

La parábola de la higuera sin fruto (Lc. 13, 6-9)

En sentido más amplio la higuera estéril es figura de todos los hombres que no dan fruto de fe, como se ve también en la parábola de los talentos. Comentar. De la Biblia comentada Mons. Dr. Juan Straubinger

 

 

Dios multiplica las advertencias para que nos fijemos en nuestra manera de vivir y nos demos cuenta de que, con tanta irresponsabilidad y egoísmo, vamos a la perdición.

En realidad, sólo hay un castigo de Dios, y es perderlo a Él para siempre: Comentar. De la Biblia Latinoamericana

 

 

A LOS CATEQUISTAS

“Envía la sabiduría desde tu Santo Cielo, mándala desde tu Trono Glorioso, para que me acompañe en mi trabajo y me enseñe lo que te agrada”, “gracias a la sabiduría han podido los hombres seguir el buen camino y aprender lo que te agrada” (Sab. 9, 10 -18).

 

“El apostolado de enseñar catecismo es el más grande de los apostolados que existen hoy. Los que enseñen a otros la religión, brillarán como las estrellas por toda la eternidad”. (Dan.12, 3).

 

Hay que estar consciente de la grave responsabilidad de ser catequista. ¿Cómo puede un catequista hacer que sus alumnos amen a Dios si el no lo ama? ¿Cómo puede hablar de fe, si su fe no la traduce en obras? ¿Qué ejemplo dará si dice una cosa y hace otra? ¿Cómo puede hablar del amor de Dios si está lleno de soberbia, envidia, vanidad, egoísmo y odio?

QUE LES DICE DIOS A LOS SACERDOTES

 

A través del apóstol San Pedro: “Apacienten el rebaño que Dios les ha confiado y cuiden del él no como obligación por la fuerza, sino de buena gana, como Dios quiere; no por ambición al dinero, sino con entrega generosa; no como si ustedes fueran los dueños de las comunidades que se les han confiado, sino dando buen ejemplo. Y cuando aparezca el Pastor Supremo, recibirán el premio inmortal de la Gloria” (Pedro 5, 2-4).

 

LA EDAD DEL CUESTIONAMIENTO

Hemos hablado de la niñez, ahora hablemos de la adolescencia, de la edad del ¿por qué? Cuando es necesario satisfacer con la verdad todas las dudas de los hijos, porque no es recomendable esquivar y contestar con preguntas y evasivas, porque de esa manera se orilla a los hijos a perder la confianza en los padres y a “buscar” respuestas con personas incapaces y peligrosas.

 

Pasemos ahora a algo no menos importante, necesario y de lo que no podemos prescindir: A la escuela laica (que no profesan ninguna creencia) y donde en su mayoría no se respetan las creencias de cada alumno, sino por el contrario, se atacan las creencias religiosas. En este momento es donde se origina la confusión en los adolescentes y jóvenes. Por eso es necesario prevenir para no lamentar. Es necesario dialogar con los hijos para despejar sus dudas respecto a la fe. Es necesario evangelizar, dedicar tiempo, esfuerzo, paciencia y perseverancia y no dejar las cosas al garete para después lamentarnos.

 

Él o la adolescente, el joven o la joven tienen demasiado tiempo para la ociosidad y para el libertinaje, y menos tiempo para su preparación moral y religiosa.

 

En la actualidad y en la realidad, muchos ya no creen, a este paso en el futuro caeremos en una terrible mayoría atea e incrédula. Un número importante no conoce su fe y otros la han ido perdiendo.

 

Pero ahora en las escuelas de nivel medio superior, proliferan filósofos y sociólogos ateos que invaden la mente de los alumnos, les absorben admirablemente la capacidad de razonamiento, y aunado a esto los papás no hemos dado una verdadera evangelización familiar preventiva y no los reforzamos continuamente siendo congruentes y dando ejemplo, sino por el contrario somos apáticos e indiferentes, la juventud está imposibilitada, desorientada, confundida y no tiene el convencimiento, el conocimiento y los argumentos para defender sus creencias y terminará por darle la razón a los profesores y caerán inevitablemente en la incredulidad.

OTRO ASPECTO

 

Algo mucho muy importante que debemos considerar con toda la seriedad que amerita, es que nuestra fe se afirma en un segundo trípode donde falta mayor cuidado, apoyo y dedicación.

 

A nuestros hijos los bautizamos a los días, semanas o meses de nacidos (y donde los padres y padrinos van como “expertos” en religión, (se “supone”) y piden y se comprometen por el hijo y el ahijado; y de ahí hay espacio de 6 a 7 años para continuar con los sacramentos de Iniciación Cristiana. A los 6 o 7 años de edad, para que el niño o niña sean conscientes de los sacramentos que van a recibir, se les prepara para la Confirmación, la Reconciliación y la 1ª comunión; Y de ahí habrá un segundo espacio de 10, 15 o hasta 20 años o quizá 25 para volver a recibir una instrucción religiosa vaporable…y hasta ahí llegó nuestra preparación religiosa. Sobre éste débil trípode se sostiene nuestra religión.

 

En esos 2 o 3 espacios de años, que es la mayor parte de la vida, hay demasiado tiempo a la deriva, expuestos además a otras ideologías que a una verdadera formación religiosa. Ante estas realidades la fe heredada y sin posibilidades de reforzarla por convencimiento y motivación personal y sin tener un verdadero encuentro personal con Dios, es una fe tan débil como la de un niño y que cualquier viento o tornado los arrastrará. Ahí tendremos hijos incrédulos, nietos ateos y bisnietos herejes.

 

En los jóvenes todos se dicen cristianos, pero muchos desde su primera comunión contadas veces han vuelvo a la iglesia. Creen en Dios, cómo no, pero su fe no ha crecido, no se ha desarrollado. El crecimiento ha sido físico, ha sido en los aspectos: científico, técnico, comercial y económico, pero su fe se ha quedado pequeña y débil.

 

Los padres, son adultos, pero, en cuanto a su fe, no han madurado.

 

El papá no falta por ningún motivo a misa dominical, pero jamás ha tenido tiempo para leer el evangelio completo. La mamá puede ser una mujer “muy piadosa”, practica todo tipo de devociones, pero hace mucho que no se acerca a los sacramentos y se vuelve el juez de todos. Ambos espiritualmente tienen una fe muy pequeña. Es lamentable que un cristiano no este familiarizado con la sagrada Biblia, que no la conozca ni la entienda.

 

 







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