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Salmo 79: "Ven, Señor, a salvarnos"

Elías ha venido ya pero no lo reconocieron
Meditación al Evangelio 13 de diciembre de 2025 (video)


Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.Net



Con frecuencia nos preguntamos por qué los contemporáneos de Jesús no lo reconocieron, por qué no aceptaron su mensaje, por qué no recibieron con alegría su palabra y hoy se nos presenta el mismo Jesús dándonos explicaciones y acercándonos a la verdadera razón de estas negativas. Juan el Bautista había asumido el rol del nuevo Elías que venía a cumplir la misión a él encomendada. El Elías que había visto el pueblo de Israel con fuego, el Elías que había sido perseguido, ahora está representado por un hombre íntegro, insobornable, que no es la luz pero que viene a presentar a quien es la luz verdadera… ¡Pero no le creyeron! Tampoco le creen a Jesús y mucho menos cuando anuncia que tendrá que padecer y se atisba en su camino la ignominia de la cruz. Querían un Mesías, pero un mesías a su modo y a su medida. Y entonces la pregunta con que iniciaba sobre la negativa de los contemporáneos de Jesús, se vuelve actual y nos preguntamos por qué no se acepta hoy a Jesús. Ya sé que nos dirán que sí tiene aceptación, que los principales acontecimientos del año tienen su base en la celebración de sus misterios, como la Navidad que ya se avecina o como la Semana Santa que nos ofrece un descanso. Pero precisamente esas son las inquietudes, igual que en los tiempos de Jesús, tampoco nosotros queremos aceptarlo tal como es, lo manipulamos, lo desfiguramos y su fuego resplandeciente y devorador, lo convertimos en luces de conformismo, de indiferencia y de apatía. Al igual que entonces, tomamos la figura, pero la acomodamos a nuestros intereses. Este tiempo de Adviento es un tiempo de confrontación para revisar nuestras estructuras eclesiales, sociales y personales, y afrontar con valentía todo lo que no vaya de acuerdo con el mensaje de Jesús. Es necesario que reconozcamos y aceptemos el fuego que nos trae Jesús, cambiando de actitudes y convirtiéndonos en testigos de la luz y del fuego que Él vino a encender. Basta ya de mediocridades y de acomodos, el fuego de Jesús debe incendiar nuestro corazón y transformarnos en verdaderos testigos suyos.

 







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