Menu


¿Cómo uso mis días?
No quiero sobrevivir a mis días, quiero habitarlos.


Por: Rafael Moya | Fuente: Catholic.Net



La ciudad siempre va de prisa.

A veces siento que mis días se me escurren como si alguien les hubiera abierto una grieta:
se me va la energía, la atención, la paz…
y no siempre sé en qué momento las perdí.

Hoy, en este tiempo de Adviento, decidí detenerme un instante.
Mirar mi agenda como quien mira un mapa y no solo un montón de pendientes.
Y me pregunté, con honestidad:

¿En qué se me están yendo los días
y por qué estoy viviendo así?

No es una pregunta cómoda.
Pero la comodidad nunca fue maestra de nada.



Descubrí que hay cansancios que son necesarios,
cansancios que construyen,
cansancios que hablan de amor y de trabajo bien hecho.
Pero hay otros cansancios que yo mismo fabrico:
por decir “sí” cuando quería decir “no”,
por cargar más de lo que me corresponde,
por correr tras cosas que no necesito,
por no poner límites a tiempo.

Y entonces lo entendí:
no es que tenga poco tiempo,
es que a veces lo uso mal.

El Adviento me pide otra cosa:
me pide espacio,
me pide silencio,
me pide atención.
No a las urgencias de afuera, sino a la voz de dentro.

Cristo no llegó en medio de un calendario saturado.
Llegó en una noche tranquila, sin prisa,
a un pesebre humilde donde había espacio para Él.

Yo también necesito preparar ese espacio.
No afuera: aquí adentro.



Faltan días para la Navidad,
pero hoy ya puedo empezar a ordenar mi interior.

No quiero que mi vida dependa del ruido,
sino del ritmo que Dios susurre en mí.
No quiero sobrevivir a mis días,
quiero habitarlos.

Y quizá ese sea el primer paso de este Adviento urbano:
aprender a usar mis días con verdad,
para que no se me vaya la vida sin vivirla.







Compartir en Google+




Reportar anuncio inapropiado |