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Lo que entrego, Él transforma
En la ciudad todos llevamos algo escondido.


Por: Rafael Moya | Fuente: Cristo en la Ciudad



En la ciudad todos llevamos algo escondido.
Un duelo que nunca contamos, una culpa que pesa más que la mochila,
una herida que cubrimos con prisa, ruido y trabajo.

Aquí, entre avenidas saturadas y edificios que parecen invencibles,
uno aprende a guardar silencios como si fueran parte del uniforme diario.
Pero Dios… Dios no trabaja con disfraces.
No cura lo que escondemos detrás de la sonrisa rápida o del “todo bien” automático.

Él sana lo que colocamos, con humildad, en sus manos.
Lo que nos atrevemos a soltar.
Lo que entregamos aunque tiemble la voz.

La sanación no ocurre en la sombra, sino en la luz.
No en el rincón donde escondemos lo roto,
sino en el momento valiente en que dejamos de fingir fortaleza
y aceptamos que también somos vulnerables.

En esta ciudad donde todos parecen correr,
Dios camina lento para alcanzarte.
No exige perfección, solo verdad.
Porque lo oculto se pudre…
pero lo entregado florece.



Así que hoy, en medio de la vida urbana,
entrega lo que duele, lo que pesa, lo que arde.
Dios no te pedirá que lo expliques todo.
Solo que se lo confíes.

Y cuando lo haces, la sanación empieza.







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