Él sigue siendo agua viva
Por: Rafael Moya | Fuente: Cristo en la Ciudad

Hay momentos en que todo se seca: las palabras, los planes, los sueños.
Y creemos que Dios se ha ido. Pero es justo ahí, en el silencio del desierto,
donde Él habla más claro.
En el desierto aprendes que no necesitas abundancia para sentir plenitud,
que la fe no se alimenta del ruido, sino de la confianza.
Ahí descubres que cuando todo falta, Dios basta.
Y basta de una forma tan completa,
que ya no temes a la soledad ni al hambre del alma.
El desierto no destruye, purifica.
Te enseña que la fe no es una emoción,
sino una decisión de seguir caminando,
aunque no veas el oasis.
Y tal vez —sin darte cuenta—
ese desierto que tanto temes
es el lugar donde Cristo te espera para hablarte al corazón,
para recordarte que incluso en la sequía,
Él sigue siendo agua viva.

















